
Rodada de manera exquisita por la directora de fotografía Agnés Godard, esta obra maestra del drama de André Téchiné es una historia, visualmente encantadora y emocionalmente convincente, de pérdida, pasión y descubrimiento, un luminoso retrato de un amor imposible, con interpretaciones de una gran intensidad por parte de Emmanuelle Béart y Gaspard Ulliel.
París, junio de 1940. Las tropas alemanas avanzan por la ciudad. Odile, una profesora viuda, sucumbe al extendido pánico y junto a sus dos hijos, se une al éxodo de la ciudad.
Philippe está en plena adolescencia, y la pequeña Cathy lo único que sabe es que se dirigen al sur. Tras cincuenta kilómetros, un avión alemán ataca a los indefensos refugiados. Odile y sus hijos lo pierden todo.
Un joven con la cabeza rapada aparece de ninguna parte y les ayuda a escapar. Se llama Yvan y tiene diecisiete años. ¿Deberían seguirle y adentrarse en el bosque o arriesgarse y volver a la maldita carretera?
Yvan encuentra una casa abandonada y entra. Odile le sigue. Aquí, sin radios ni relojes, alejados del mundo exterior, luchando por sobrevivir, los cuatro personajes irán conociéndose poco a poco y llegarán mucho más allá de sus límites.
Odile no confía en este joven salvaje y analfabeto, que miente continuamente pero que por otro lado cuida de ellos. Yvan es un “ángel malo”, una presencia salvaje que se revela ante todo el caos que amenaza con devorarles, asustarles, provocarles nostalgia, deseo, terror...
Rodeados por una naturaleza salvaje, en pleno verano, Odile siente que el control se le va de las manos.
Arrestan a Yvan. Odile no le verá nunca más.
Entrevista a André Téchiné
A diferencia de tus anteriores películas, hiciste Abandonados siguiendo la idea del productor Jean–Pierre Ramsay Levy. ¿Cómo te apropiaste de un tema que originalmente no era tuyo?
Adapté muy libremente el libro `Le Garçon aux Yeux Gris´. Lo que más me atrajo de la novela de Gilles Perrault fue la situación, el núcleo de la historia, que se puede resumir en la intrusión de un adolescente en una unidad familiar extraña en tiempos de guerra, y en concreto a los efectos que esto tiene en una madre y en su hijo de trece años. Había que encontrar vínculos que unieran a estos tres personajes. A Gilles Taurand y a mi se nos ocurrieron escenas que partían de esta sencilla pregunta: ¿Qué pueden estos tres personajes intercambiar entre sí? El nexo principal fue claramente el adolescente, el salvador que aparece de imprevisto. El misterio de su identidad tiene que ser el correcto hasta el final. Hay claves o pistas que nos permiten dibujar o definir este enigma pero sin resolverlo. El adolescente que se llama a sí mismo Yvan aparece y desaparece como una criatura llegada de cualquier parte, como un extraterrestre que quiere perderse en el campo. Miente, roba, es capaz incluso de matar. Es una especie de `monstruo´ , en el sentido moral y fantástico de la palabra. Durante la adaptación tratamos el tema del encuentro entre el `monstruo´ y el niño, y especialmente el encuentro entre el `monstruo´ y la madre, con todos los sentimientos que giran a su alrededor: fascinación, rechazo, curiosidad, problema e incluso nos cuestionamos el precio que hay que pagar por establecer una cierta confianza.
La película comienza con imágenes del éxodo, aunque la guerra tan sólo es como un prólogo...
La guerra está presente desde el principio de la película. Es la base de la historia. Aparece continuamente en la película. Las imágenes de archivo están presentes. Los personajes huyen de esta guerra y es justo en el momento en que se desorientan por completo cuando me siento preparado para seguirles, con esta película, en su aventura. El lugar en el que se adentran se convierte en una especie de isla desierta y ellos son como las primeras o las últimas o las únicas personas en la faz de la tierra. ¿Cómo podrán convivir?
¿Cómo definirías tu forma de dirigir?
Encuentro mis pautas en el rodaje en sí. Mi método es mantenerme tan abierto como sea posible a lo que la vida ofrece, abierto a cualquier nueva idea que pueda surgir en cualquier momento. De esta manera considero la dirección como algo totalmente contrario a la simple ilustración de un guión preestablecido. En Abandonados quise que las escenas multitudinarias que abren y cierran la película fueran reales e históricas de una manera muy específica, pero que la acción que hay en medio de ellas no se mostrara en tiempo real para así poder capturar todas las precariedades de los personajes. En realidad esto no era incompatible con el realismo porque entre 1914 y 1945 en el campo no había ningún tipo de progreso, no había ni industrialización, ni construcciones nuevas, ni edificios. La productividad se quedó estancada durante al menos 25 años. Ha habido pocos periodos en la historia de Francia en los que las cosas se hayan quedado tan paradas. La isla desierta de hecho es un reflejo de la geografía de un país rural basado en la agricultura.
Como la mayor parte de sus películas, Abandonados es una historia de aprendizaje y de iniciación. Cada personaje inicia un viaje que le cambia radicalmente.
Odile es profesora. Tiene un concepto de las relaciones personales que se ve obligada a reconsiderar. Su hijo descubre un mundo, totalmente desconocido para él, y para el que aún es demasiado joven. Tiene que tener un comportamiento más adulto de lo que realmente es. Como adolescente, su locura llega a la cumbre en el momento en que sujeta el hacha para matar a los soldados. ¿Y que hace? Empieza a rezar. En este momento su educación se pone de manifiesto, la disciplina y la religión que aprendió en Mettray. Para llegar a ser humanos necesitamos una gran dosis de cultura. Para llegar a ser animales necesitamos una dosis aún mayor. Esta paradoja, ¿aparece solo en tiempos de guerra o por el contrario podemos verla en la mayor parte de nuestras acciones, o en todas ellas? Esto provoca en nosotros una ambigua batalla, en la que está en juego nuestra identidad. Y en esto es en lo que consiste la educación.
La película es un poco terrorífica. ¿Tu objetivo fue hacer una película de suspense?
Creo que el suspense surge siguiendo una única línea que nunca se debería perder de vista, y aquí esa línea es la guerra, siempre presente, incluso aunque no aparezca explicita se respira en el ambiente. No es fácil introducir suspense cuando cuentas varias historias a la vez y éstas se entrecruzan, como en mis anteriores películas Lejos y Los Ladrones. En Abandonados me interesé mucho por la pureza de esa línea. Su desnudez se pronunciaba mucho más cuanto más avanzaba, de la misma manera que una línea se convierte en un surco. Toda mi obsesión era que fuera lo más sencillo posible.
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