
Ghost Dog vive parece que para tí significa eso. Por encima del mundo, en medio de una nube de palomas, en una cabaña situada en el ático de un edificio abandonado.
Guiado por las sabias palabras de un antiguo texto samurai, Ghost Dog (Forest Whitaker) es un asesino profesional que se funde con las sombras, se pierde en la noche y se desliza por la ciudad sin que nadie lo perciba.
Cuando su código personal es traicionado por el comportamiento indigno de una familia mafiosa que le contrata de vez en cuando, reacciona estrictamente según el Código del Samurai...
"Ghost Dog: The Way of the Samurai –leemos en El País– es un film formidable, irónico y tierno, transcendental y ligero; una mezcla casi milagrosa de puro etérea. Es un ejemplo del nivel de maestría al que ha llegado un cineasta sencillamente irrepetible.”
“Con los puntos de referencia, argumentales y conceptuales –escribe Carlos Aguilar–, en tres extraños y fascinantes films que significativamente datan de idéntico año, 1967, pero proceden de distinta nación: el americano A quemarropa, de John Boorman, el francés El silencio de un hombre, de Jean-Pierre Melville, y el japonés Marcado para matar, de Seijun Suzuki. El resultado es una obra maestra, a la par hiperrealista y abstracta, desolada e irónica, del todo hipnótica, que propone uno de los más penetrantes y particulares reflejos de la soledad viril y constituye una de las películas más cool de la historia. Una de las cimas cinematográficas de los años 90”.
"Forest Whitaker no toma ni como excusa al Alain Delon de «El silencio de un hombre», de Jean-Pierre Melville, para dar vida a un hombre encargado de dar muerte a sus semejantes, un samurái moderno que asesina por encargo y hace gala de una profesionalidad casi admirable. Desde luego, la actuación de Whitaker es tan portentosa, sin ni siquiera llegar a abrir los ojos del todo, que empieza a costar encontrarle compañeros de reparto. Le va muy bien, además, el tono tan oscuro de la cinta, una muestra de cine negro cuya espiritualidad, aún más negra, le permite a Jim Jarmusch refundar un género en el que parecía que no cabían innovaciones. El director -si queda un reducto de independencia en el cine americano él tiene las escrituras- incumple tantas leyes que tiene personajes enteros instalados en otro género, como si sólo estuvieran de visita, aunque sin su presencia este filme surrealista y sombrío andaría otros caminos" (ABC, 04/10/2006).
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