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"Guardianes del día" (Timur Bekmambetov, 2006)

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"Guardianes del día" (Timur Bekmambetov, 2006)
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Guardianes del día

Tanto la novela de Sergei Lukyanenko y Vladimir Vasiliev Los guardianes del día, como su precuela Los guardianes de la noche y su secuela Los guardianes del crepúsculo, han marcado todo un hito en la literatura rusa.

La trilogía narra la irrupción de batallas sobrenaturales en las frenéticas calles del Moscú contemporáneo, conectando directamente con grandes masas de un nuevo público (jóvenes lectores rusos, seguidores de historias de fantasía y usuarios de Internet) que la ha convertido en todo un fenómeno, un clásico de culto que ha vendido ya 500.000 copias.

Además, desde que se estrenaran respectivamente las entregas cinematográficas de Los guardianes del día y Los guardianes de la noche, esta trilogía ha vendido otros 2,5 millones de copias. Sergei Lukyanenko es un autor prolífico licenciado en psiquiatría que siempre deseó escribir una historia épica de magia ancestral que se desarrollara en nuestro tiempo. «Durante un tiempo estuve detrás de escribir algo de fantasía, pero mi interés no apuntaba tanto a gnomos o elfos -explica Lukyanenko entre cuyas obras se encuentran la trilogía Línea de sueños y Caballero de las cuarenta islas- entonces se me ocurrió una idea enigmática: la Noche como un campo de batalla de magos que viven ocultos entre la gente corriente y que sólo pueden luchar cuando no interfieran con la humanidad.

De ahí surgió la siguiente idea de los Guardianes de la Noche, una unidad especial creada para controlar a esos magos. Y ésta a su vez condujo al desarrollo de la unidad antagonista de estos guardianes, los Guardianes del Día, en su eterna batalla de los unos contra los otros». En seguida, las criaturas sobrenaturales que componían los Guardianes de la Noche y los Guardianes del Día (criaturas con sobrecogedores poderes mágicos que actúan apenas a un paso de la realidad urbana de apartamentos reducidos y estaciones abarrotadas del metro), fueron cautivando a lectores a lo largo y ancho de Rusia, entre los cuales se hallaba el gran productor ruso Konstantin Ernst, también Director General de Channel One Russia, la mayor red de televisión rusa y de mayor éxito.

Ernst no suele sentirse atraído hacia las historias de fantasía, pero cuando Los Guardianes de la Noche cayó en sus manos, no pudo dejar de leerla. Entonces, impulsado por un apasionado entusiasmo por explorar las posibilidades cinematográficas de esta historia, se sumergió de inmediato en el desarrollo de la misma junto al productor Anatoly Maximov. Nueve meses más tarde comenzó el rodaje de esta película con un guión adaptado por el propio Lukyanenko en colaboración con Timur Bekmambetov.

Para dirigir esta historia de brujas, hechiceros y vampiros que tiene lugar en las calles urbanas de hoy en día, los productores sabían que precisaban un director que fuera verdaderamente innovador en el campo visual. Así, comenzaron a buscar a alguien que lograra imprimir a la historia un marcado sentido y estilo originales, y que pudiera combinar la fuente inagotable de emociones que suponen los efectos especiales actuales con una comprensión del alma rusa. Descubrieron que buscaban a alguien como Timur Bekmambetov. Nacido en Kazajstán, es un aclamado puntal creativo en los campos de anuncios y videoclips, que ha dirigido más de 600 anuncios para compañías de la talla de Coca-Cola, Pepsi, Apple, Microsoft, Ford y Procter & Gamble. «Timur tiene un gran sentido visual -comenta el productor Anatoly Maximov- pero además ahonda mucho en los personajes, al mejor estilo Stanislavsky. Y de la mezcla resultante surgió el estilo de esta película».

Konstantin Ernst conoció por primera vez a Bekmambetov mientras éste presentaba, producía y dirigía un programa mensual de televisión sobre arte y cultura llamada «Matador». A menudo ambos compartían una sala de edición y comentaban acerca de hacer alguna película juntos. «Uno de mis objetivos principales siempre fue reinventar la industria del cine ruso, y hablábamos sobre ello -explica Ernst- así que le expliqué que quería forjar una nueva imagen y llevar el cine ruso a un nuevo nivel para que realmente entrara a formar parte del circuito cinematográfico internacional, concibiéndolo no sólo para los círculos de cine de autor o festivales, sino para lograr historias emocionantes dirigidas al público en masa».

Bekmambetov imprimió al proyecto la gran pasión que siente por los maestros de acción modernos de Hollywood, bebiendo de la influencia de realizadores como James Cameron, Ridley Scott, Roger Corman, los hermanos Wachowski y Quentin Tarantino. Y con todo, al principio se mostraba escéptico ante la idea de que una historia de terror y fantasía gustara al público ruso.

«A diferencia de Estados Unidos, en Rusia no se había filmado jamás una película como ésta -señala el director- pero al leer la novela, en seguida me di cuenta de que Sergei había conseguido extrapolar la magia, los milagros, lo trascendental y lo sobrenatural a nuestro estilo de vida. Descubrí que la historia era realmente especial porque en ella, no sólo la fantasía se mezcla con la realidad, si no con la realidad rusa, y además es la primera película rusa que ofrece este singular enfoque. La historia tiene lugar en el mundo real, en la vida rusa cotidiana, pero también pertenece al género fantástico. De modo que mi idea consistía en que pareciera lo más real posible en la pantalla, reservando al mismo tiempo un contexto para lo místico y lo fantástico en la vida moscovita contemporánea. Fue un reto maravilloso».

Cuanto más leía, más se entusiasmaba con la visión de vampiros deambulando por las calles a menudo caóticas y atribuladas del Moscú actual. «Los libros eran pura poesía, eran una pasada, eran divertidos -comenta Bekmambetov- la historia me provocaba porque empecé a pensar cómo se podían conectar todas estas cosas: la Plaza Roja y vampiros, vampiros y el Ballet Ruso, etcétera. Era una mezcla tan interesante que descubrí que me producía un sentimiento muy personal, porque una parte de mí es ese realizador que adora los vampiros, a Roger Corman y Matrix. Al mismo tiempo, otra parte de mí posee la mentalidad de la realidad rusa, en donde hay muchos problemas: hay muchos coches de mala calidad, casas muy sucias, barones del petróleo muy ricos y gente muy pobre. Pero esta historia hacía que se juntaran esos dos extremos en mí: la realidad rusa y las películas estadounidenses».

Bekmambetov comenzó a ver esta película como una forma de combinar todas sus influencias en una sola historia original de entretenimiento, salpimentándola con persecuciones salvajes, espeluznantes proezas, potentes explosiones y efectos especiales de las criaturas sobrenaturales combinadas con una particular mezcla de humor taimado, abundante filosofía y esa perspectiva interior de la humanidad que siempre ha marcado la literatura rusa.

También le atrajo especialmente la exploración alegórica sobre el frágil equilibrio entre el bien y el mal en el mundo de hoy en día. Para Bekmambetov, los miembros de los Guardianes de la Noche y sus contrarios en los Guardianes del Día representan dos filosofías sociales diferentes que compiten entre sí. «Representan dos formas distintas de vida: la libertad total frente a la responsabilidad -comenta- los Guardianes del Día pertenecen a la Oscuridad y representan una especie de independencia total y libre, pero los Guardianes de la Noche son todo responsabilidad y conciencia. Este dualismo ha existido durante miles de años. La idea de que debemos ponderar las consecuencias de nuestras acciones es muy antigua».

Sinopsis

La historia gira en torno al conflicto y al equilibrio que vienen manteniendo las fuerzas de la Luz y de la Oscuridad como consecuencia de una tregua establecida desde la Edad Media entre ambos bandos contrapuestos.

Pero esta antigua guerra entre las fuerzas de la Luz y de la Oscuridad está a punto de alcanzar un trágico resultado. Cada bando ha ganado para sí a un potente Gran Otro, de modo que el choque entre ambos se adivina inevitable y Anton Gorodetsky (Konstantin Khabensky) se ve envuelto una vez más en medio de todo este conflicto.

Por un lado está el hijo de Anton, Egor (Dima Martynov), que se ha sumado a las filas de la Oscuridad, mientras que Svetlana (Maria Poroshina), de la que Anton está enamorado, representa la esperanza de la Luz. Pero esto no es más que el comienzo de sus problemas: Anton tiene que emprender la huida cuando le acusan de un asesinato. Las cosas van empeorando y sólo la ancestral Tiza del Destino puede sacarle del atolladero. Sólo hay un pequeño inconveniente: esa tiza mágica se perdió hace cientos de años...

 



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