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Cómo se hizo
Cuando Nick Wechsler invitó a Rudd Simmons a que se incorporara al proyecto en calidad de productor ejecutivo, ya había decidido que John Hillcoat dirigiera la cinta. Simmons no había visto el film de Hillcoat, The Proposition (2005), pero cuando lo hizo, también se sintió prendado del director: «El film de John es absorbente» —comenta—. «Lo que hizo con el paisaje y lo mucho que parecía que los personajes brotaban directamente del mismo era para mí lo más interesante. En cierto sentido, The Road resulta una historia bastante simple, sin embargo, se remite al mito, y los personajes parecen surgir de la misma tierra. Así que hablé con John y ambos nos avenimos de maravilla.»
Otra cosa que impresionó a Simmons por cuanto toca a los procedimientos del director remitía a lo preparado y centrado que Hillcoat estaba acerca de cómo iba a transformar esta gran novela en una gran película. «Justo al mismísimo principio, John escribió un manifiesto; nunca tuve nada parecido en cualquiera de las películas en que he participado» —comenta—. «Se trataba de tres o cuatro páginas acerca de lo que estaba buscando, los temas en los que estaba interesado: tenía que ver con el género y la mirada de conjunto que quería para la película, y junto a aquellas páginas había un montón de fotografías.
«Aquello fue de la máxima ayuda porque se lo pasamos a todos cuantos estaban en el proyecto y al instante nos sincronizamos y trabajamos al unísono. Supimos exactamente lo que quería, lo que vio en la historia» —prosigue.
«Aquello que hace que una adaptación sea realmente buena reside en que el realizador da con algo del libro que le apasiona y entonces narra la historia desde aquel punto de vista» —añade Simmons—. «Y sabíamos lo que era aquello para John.»
Algunas de las declaraciones de Hillcoat devienen como un manifiesto, pero un análisis atento nos hará ver que el director ha estado analizando el aspecto temático de la película, incluso filosóficamente, con una actitud más próxima al profesor de estudios cinematográficos. Y aquí aportamos dos parágrafos pertenecientes al manifiesto de Hillcoat que ilustran lo dicho:
«La película funcionará a varios niveles distintos, en los que puede percibirse más bien cierta dimensión a manera de viaje metafórico y mítico del alma, una fábula, un cuento de hadas para adultos acerca del paso de una generación a la siguiente, de esa inevitable realidad que es la condición mortal y del mayor de los arquetípicos miedos de todos los padres, el sentimiento de culpa y la congoja ante la posibilidad de dejar los hijos atrás (y por extensión, el miedo de todos a quedar abandonados en absoluta soledad). A otro nivel está el cuento moral, una urgente llamada a todos nosotros para que cobremos conciencia de que debe prevalecer la amabilidad, la honestidad, la esperanza y la fe por encima de la inminente destrucción y el horror. Y aún en otro, está la inmediata y visceral realidad de una aventura épica y oscura llena de terror y ternura.»
«Mientras todos nosotros somos testigos de una nueva era de violento conflicto global junto al espectro de una apocalíptica catástrofe medioambiental, The Road alcanza a tirar de las fibras de nuestra psique colectiva con la fuerza de una pesadilla universal. Evoca nuestros más profundos y oscuros miedos, y con capacidad precognitiva y lucidez apunta a lo que más importa.»
«De hecho, partimos del libro» —comenta Hillcoat—. «En éste, todo apunta a una especie de invierno nuclear, todo está completamente cubierto de cenizas y presenta un tono monocromático, acompañado de una fina capa de negro hollín y cenizas en el aire.»
Cuando The Road se publicó por primera vez, la novela fue elegida por Oprah Winfrey para que constara en su lista de libros influyentes, y ello contribuyó a que cobrara fama internacional, a que el público la aceptara, además de la crítica, que siempre ha contribuido con entusiasmo a la obra de McCarthy.
«La razón por la que tanta gente ha leído este libro» —añade Viggo Mortensen—, «estriba en que realmente llega a lo más hondo de Norteamérica. La historia es universal. Cualquier progenitor que se preocupe por sus hijos tiene los mismos sentimientos, esas dudas, esos miedos, esas preocupaciones. ¿Qué va a pasar cuando haya desaparecido? ¿Estará bien mi hijo? ¿Si enferma, qué le ocurrirá? Pero la principal cuestión es la referida a qué ocurrirá cuando los padres ya no estén al lado de su progenie.
En esta historia, resalta Mortensen, esa preocupación humana tan esencial se ve particularmente incrementada porque tiene lugar en un universo inhóspito donde cada una de las certezas humanas se ha evaporado. «Se ha llegado a tal extremo» —comenta el actor—, «que no cabe el consuelo de pensar ‘si yo no estoy, su madre se hará cargo de él, o su tía, o alguien más de la familia, o de algún modo incluso el sistema social.’ No, la cuestión es que no hay nadie. Cero. Si yo muero, va a quedarse solo en el mundo. Por extrema que sea esta situación, penetra en la gente con familia propia. Toda madre, todo padre, sus sentimientos para con los hijos, para con todo aquello que les preocupa en torno a ellos.»
Pese a que este papel del padre era codiciado por muchos actores de primera fila en Hollywood, jamás hubo la menor duda en la mente de los realizadores que si les era posible lograr a Viggo, sería éste quien definiría el personaje.
«Viggo ha nacido para dar vida a este personaje, resulta absolutamente fascinante» —comenta el productor Steve Schwartz—. «Parte del desafío que ha de afrontar un actor en una película como ésta, donde el material se hace tan oscuro y donde se instala tanta tristeza y crueldad, es permanecer en la encarnación del personaje en medio del tumulto del plató. En este plató hay muchas cosas aconteciendo: materiales que se trasladan, ruidos, lluvia, y un tiempo atmosférico horrible; una gran cantidad de coses que dispersan. Me abrumaba la capacidad de Viggo para concentrarse y no salirse del papel para nada. Y espero no defraudar a nadie si digo (ignoro qué opinará Viggo de esto) que durante los primeros días de rodaje el actor llegó a dormir con las ropas de su personaje puestas para estar en el papel. Prestaba atención a todo detalle. Si sus zapatos no estaban lo suficientemente húmedos, se los mojaba él mismo. Estaba totalmente absorto y obsesionado con su papel. Se convirtió en el Hombre.»
El cometido de comunicar ese mundo absolutamente desprovisto de luz solar por medio de pinceladas de tonos grises, pese a que se rodó en color, ese mundo desolado y sin embargo emocionante que se refleja ahí, en la pantalla grande, recayó en el director de fotografía Javier Aguirresarobe, todo un veterano con 35 producciones a sus espaldas, entre ellas Los otros (The Others, 2001) y Vicky Cristina Barcelona (Vicky Cristina Barcelona, 2008).
«Una tierra carente de vida, apagada, se hace muy difícil de llevar a película visualmente. Mi vida profesional se ha visto enriquecida con este film, aunque también es cierto que se ha complicado» —comenta Javier. Pero a decir de él, no lo hubiera aceptado de otro modo.
«Creo que lo más importante para mí como director de fotografía es vislumbrar nuevas aspiraciones, nuevos lugares, nuevos espacios que resulten absolutamente distintos para mí. Con The Road he encontrado todo eso. En verdad que se trata de la película de mis sueños porque parte del libro de Cormac McCarthy dibuja un terreno apocalíptico, una tierra desprovista de luz solar.»
Copyright de imágenes, notas de prensa y sinopsis © 2009 Dimension Films, 2929 Productions, Nick Wechsler Productions y Chockstone Pictures. Cortesía de Wide Pictures y Universal Pictures International Spain. Reservados todos los derechos.
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