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La carretera (The Road), la película

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La carretera (The Road), la película
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La carreteraDe Cormac McCarthy, autor de No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007), nos llega ahora la muy esperada adaptación para la pantalla grande de The Road, la novela de con la que el escritor ganó el Pulitzer, y que se ha convertido en un best seller de culto.

The Road es una historia de aventuras, de terror, una road movie y también una historia de amor entre un padre y su hijo, entre un hombre y su esposa, así como también es la celebración de la inextinguible voluntad de vivir. La cinta resulta una evocación emocionante de la entereza humana, y un examen decidido de las personas en todo lo que tienen de bueno y en todo lo que también tienen de malo.

Para cada mujer y hombre que hayan tenido alguna vez un hijo, para cada hijo, The Road será un viaje dentro del espíritu humano. Se trata de una historia de supervivientes en la que los héroes llevan el fuego de la fuerza vital que mantiene la esperanza viva, a pesar de todo.

El actor Viggo Mortensen, nominado al Oscar, encabeza un reparto de lujo que también integra a Charlize Theron, Robert Duvall, Guy Pearce y la joven promesa Kodi Smit-McPhee, en este cuento épico postapocalíptico acerca de la supervivencia de un padre (Mortsensen) y su hijo (Smit-McPhee) mientras viajan a lo largo de una Norteamérica yerma que se ha visto destruida por un cataclismo misterioso.

The Road es una obra maestra, una aventura que imagina con valentía un futuro en el que los hombres se ven empujados a lo peor y lo mejor de que son capaces, un futuro en el que un padre y su hijo se sostienen gracias al amor que se profesan.

Al adaptar el libro, los realizadores se esforzaron al máximo en conservar la sencilla y angustiante franqueza del mismo, al tiempo que añadían algunas verdades universales en torno a esa psique colectiva, con el objetivo puesto en que una historia de ciencia-ficción que habla del fin de la Tierra pudiera hacer burla de algunos de los miedos más comunes de nuestro tiempo post 11 de septiembre cargado de calentamiento global, altísimos precios del combustible, incertidumbre económica, y la posibilidad real de una monumental catástrofe natural debida a la sobreexplotación del globo por parte de la humanidad. De tal modo que mientras McCarthy, en su historia, resulta ambiguo acerca de lo que realmente ha causado la gran conflagración, cuando todas las luces se han apagado, los realizadores se vieron libres para concretar sus causas en el marco de un desastre ecológico.

El productor Nick Wechsler, admirador incondicional de Cormac McCarthy, no logró comprar los derechos de No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007), pues se le adelantaron. La versión cinematográfica, realizada por los hermanos Coen, acabó por lograr el Oscar.

Así las cosas, dio aviso a los agentes literarios para que le hicieran saber de la existencia de la próxima novela de Cormac McCarthy, tan pronto como ésta estuviera disponible. Wechsler y sus socios, Paula Mae y Steve Schwartz, se aprovecharon de la indecisión y recelo de los competidores y lograron optar a la propiedad cuando todavía era un manuscrito.

«Lo importante en este libro en concreto, es que resulta tan oscuro y crudo que todos los estudios y los otros productores que estuvieron acercándose al mismo muy cautelosamente no se mostraban nada seguros de si podía trasladarse a la pantalla» —comenta—. «Ello me dio la oportunidad de agarrar la ocasión, pujar más que nadie con la ayuda de mis socios, los Schwartz, y comprar finalmente el material.»

Como todos los otros cineastas implicados en la realización de esta película, Wechsler se sentía profundamente conmovido tras la experiencia de haber leído la tremendamente absorbente novela de McCarthy. Comenta que vio inmediatamente que sería un gran material para un film: «Leí la novela la misma tarde en que me la pasaron, y me dio la impresión de que se trataba de una experiencia tremendamente emocional y poderosa, la historia del padre y su hijo que emprenden un viaje, en el que hay el relevo de la antorcha, la transmisión de la idea de humanidad de uno al otro y viceversa.»

«También creí ver que habían algunos buenos elementos de género: el suspense y la tensión que se derivan de la necesidad de sobrevivir en un mundo extremadamente hostil, elementos verdaderamente evidentes en una película. No me preocupaba en absoluto el aspecto referido a la crueldad. Creía que un mundo apocalíptico es inclemente y que el canibalismo en un mundo apocalíptico es atroz, sin embargo, el alma emocional de la obra resultaba vigorizante y poderosa hasta tal punto que es eso lo que brillaría de principio a fin en la realización de la película.»

Sinopsis

Hace más de diez años que el mundo fue destruido por algo que todos ignoran. Podría haber sido un suceso nuclear, o el choque de la Tierra con otra entidad cósmica. O puede que el sol haya implosionado y afectado el planeta como daño colateral de su propia extinción.

Cierto día hubo una gran llamarada luminosa, y luego, la nada. La consecuencia de ese cataclismo, fuera lo que fuera, ha significado la desaparición de la energía, de la autoridad y el orden, de la vegetación, de los alimentos. Millones de personas han fenecido, destruidas por el fuego y las inundaciones, o abrasadas en sus propios vehículos, donde se hallaban sentadas cuando aconteció el desastre, o extinguidas por inanición y desespero en una lenta muerte de la civilización tras el colapso de todo orden concebido.

El Hombre (Viggo Mortensen) y el Chico (Kodi Smit-McPhee), «el uno para el otro, todo cuanto tienen en el mundo,» como el propio McCarthy les describe en su novela, se desplazan con todas sus preciadas pertenencias: todo alimento y ropa que puedan garrapiñar, utensilios y herramientas, bolsas de plástico, lonas, mantas y cualquier otra cosa que les mantenga calientes en un exterior gélido, carente de sol y lleno de cenizas por todas partes.

Llevan todo eso a sus espaldas y en un carro de la compra equipado con un espejo de bicicleta para poder ver quién se acerca por detrás. Su desesperado e improvisado equipo de viaje y sus cuerpos sucios y desaliñados les dan todo el aspecto de vagabundos. Y eso es lo que son. Eso es lo que son todos cuantos se hallan en esta frontera inerte.

Mientras avanzan penosamente a pie en dirección al oeste, hacia el océano, recorriendo lo que una vez fue el magnífico sistema de autopistas norteamericano, se ocultan en bosques y en viejas estructuras abandonadas, en cualquier cobijo que puedan improvisar que les mantenga a salvo de los elementos y de las bandas errantes que no pensarían en otra cosa que en despojarles de todo.

Se cruzan con toda suerte de gentes desesperadas. Hay una pandilla de carretera: un grupo de hombres duros que de algún modo han logrado hacer funcionar su gran camión articulado. Hay carroñeros y cazadores de todo cuanto se mueve, algunos caníbales bien alimentados que mantienen, en una gran casa encima de una colina, una bodega llena de carne que apenas se identificaría como humana. Y también hay todo tipo de ladrones.

Por otro lado, está el Anciano (Robert Duvall), a quien se encuentran frente a ellos, curvado y arrastrando los pies carretera abajo; camina con la ayuda de un bastón improvisado y calzado con zapatos hechos de trapos y cartones. Aquel hombre le cae bien al chico, que persuade a su padre para que compartan con él algo de la comida y el campamento.

El anciano, quien informa llamarse Ely, se muestra igualmente sorprendido con el chico, asombrado de su existencia como padre e hijo lo están de la de él. Les dice que está en la carretera para siempre, y que cuando vio al chico, pensó que había muerto y ascendido al cielo, pues le parecía estar viendo a un ángel.

Incluso en este mundo sombrío, existen momentos de felicidad. En ocasiones, padre e hijo se encuentran con algo de comida largo tiempo olvidada en un armario, o atesorada en un refugio antinuclear. Mientras el padre hurga en un centro comercial abandonado, se topa con una lata de Coca Cola abandonada que ha quedado adherida en las entrañas de una maquina expendedora puesta patas arriba.

Cuando el padre le pasa esa delicia al hijo, quien jamás ha podido permitirse algo así, siente alegría ante el asombro del mismo por el sabor dulce y picante de la bebida. Y cuando se encuentran un salto de agua relativamente limpia, ambos se zambullen desnudos sin titubear.

Por otro lado, están los abundantes flashbacks acerca de la vida del padre con su esposa (Charlize Theron) antes del gran desastre, antes de que ella se quitara la vida para no presenciar cómo se la quitaba aquello o aquél que ella sabía estaba a punto de llegar.

El hombre se aferra a esos recuerdos, los cuales le alimentan espiritualmente y le ayudan a forzar, más si cabe, su crecientemente frágil cuerpo en su lucha por lograr algo de seguridad para su hijo. El dulce recuerdo de su vida antes del desastre, y de sus días felices en la infancia son algunos de los puntos luminosos que avivan el terreno para él y para el chico.

La bondad innata del muchacho, su compasión, curiosidad y sentido de lo maravilloso, son también focos de luz en esta historia que le recuerdan al hombre por qué debe seguir adelante a pesar de todo, incluso habiendo olvidado el motivo por el que debe hacerlo.



Cómo se hizo

Cuando Nick Wechsler invitó a Rudd Simmons a que se incorporara al proyecto en calidad de productor ejecutivo, ya había decidido que John Hillcoat dirigiera la cinta. Simmons no había visto el film de Hillcoat, The Proposition (2005), pero cuando lo hizo, también se sintió prendado del director: «El film de John es absorbente» —comenta—. «Lo que hizo con el paisaje y lo mucho que parecía que los personajes brotaban directamente del mismo era para mí lo más interesante. En cierto sentido, The Road resulta una historia bastante simple, sin embargo, se remite al mito, y los personajes parecen surgir de la misma tierra. Así que hablé con John y ambos nos avenimos de maravilla.»

Otra cosa que impresionó a Simmons por cuanto toca a los procedimientos del director remitía a lo preparado y centrado que Hillcoat estaba acerca de cómo iba a transformar esta gran novela en una gran película. «Justo al mismísimo principio, John escribió un manifiesto; nunca tuve nada parecido en cualquiera de las películas en que he participado» —comenta—. «Se trataba de tres o cuatro páginas acerca de lo que estaba buscando, los temas en los que estaba interesado: tenía que ver con el género y la mirada de conjunto que quería para la película, y junto a aquellas páginas había un montón de fotografías.
«Aquello fue de la máxima ayuda porque se lo pasamos a todos cuantos estaban en el proyecto y al instante nos sincronizamos y trabajamos al unísono. Supimos exactamente lo que quería, lo que vio en la historia» —prosigue.

«Aquello que hace que una adaptación sea realmente buena reside en que el realizador da con algo del libro que le apasiona y entonces narra la historia desde aquel punto de vista» —añade Simmons—. «Y sabíamos lo que era aquello para John.»

Algunas de las declaraciones de Hillcoat devienen como un manifiesto, pero un análisis atento nos hará ver que el director ha estado analizando el aspecto temático de la película, incluso filosóficamente, con una actitud más próxima al profesor de estudios cinematográficos. Y aquí aportamos dos parágrafos pertenecientes al manifiesto de Hillcoat que ilustran lo dicho:

«La película funcionará a varios niveles distintos, en los que puede percibirse más bien cierta dimensión a manera de viaje metafórico y mítico del alma, una fábula, un cuento de hadas para adultos acerca del paso de una generación a la siguiente, de esa inevitable realidad que es la condición mortal y del mayor de los arquetípicos miedos de todos los padres, el sentimiento de culpa y la congoja ante la posibilidad de dejar los hijos atrás (y por extensión, el miedo de todos a quedar abandonados en absoluta soledad). A otro nivel está el cuento moral, una urgente llamada a todos nosotros para que cobremos conciencia de que debe prevalecer la amabilidad, la honestidad, la esperanza y la fe por encima de la inminente destrucción y el horror. Y aún en otro, está la inmediata y visceral realidad de una aventura épica y oscura llena de terror y ternura.»

«Mientras todos nosotros somos testigos de una nueva era de violento conflicto global junto al espectro de una apocalíptica catástrofe medioambiental, The Road alcanza a tirar de las fibras de nuestra psique colectiva con la fuerza de una pesadilla universal. Evoca nuestros más profundos y oscuros miedos, y con capacidad precognitiva y lucidez apunta a lo que más importa.»

«De hecho, partimos del libro» —comenta Hillcoat—. «En éste, todo apunta a una especie de invierno nuclear, todo está completamente cubierto de cenizas y presenta un tono monocromático, acompañado de una fina capa de negro hollín y cenizas en el aire.»

Cuando The Road se publicó por primera vez, la novela fue elegida por Oprah Winfrey para que constara en su lista de libros influyentes, y ello contribuyó a que cobrara fama internacional, a que el público la aceptara, además de la crítica, que siempre ha contribuido con entusiasmo a la obra de McCarthy.

«La razón por la que tanta gente ha leído este libro» —añade Viggo Mortensen—, «estriba en que realmente llega a lo más hondo de Norteamérica. La historia es universal. Cualquier progenitor que se preocupe por sus hijos tiene los mismos sentimientos, esas dudas, esos miedos, esas preocupaciones. ¿Qué va a pasar cuando haya desaparecido? ¿Estará bien mi hijo? ¿Si enferma, qué le ocurrirá? Pero la principal cuestión es la referida a qué ocurrirá cuando los padres ya no estén al lado de su progenie.

En esta historia, resalta Mortensen, esa preocupación humana tan esencial se ve particularmente incrementada porque tiene lugar en un universo inhóspito donde cada una de las certezas humanas se ha evaporado. «Se ha llegado a tal extremo» —comenta el actor—, «que no cabe el consuelo de pensar ‘si yo no estoy, su madre se hará cargo de él, o su tía, o alguien más de la familia, o de algún modo incluso el sistema social.’ No, la cuestión es que no hay nadie. Cero. Si yo muero, va a quedarse solo en el mundo. Por extrema que sea esta situación, penetra en la gente con familia propia. Toda madre, todo padre, sus sentimientos para con los hijos, para con todo aquello que les preocupa en torno a ellos.»

Pese a que este papel del padre era codiciado por muchos actores de primera fila en Hollywood, jamás hubo la menor duda en la mente de los realizadores que si les era posible lograr a Viggo, sería éste quien definiría el personaje.

«Viggo ha nacido para dar vida a este personaje, resulta absolutamente fascinante» —comenta el productor Steve Schwartz—. «Parte del desafío que ha de afrontar un actor en una película como ésta, donde el material se hace tan oscuro y donde se instala tanta tristeza y crueldad, es permanecer en la encarnación del personaje en medio del tumulto del plató. En este plató hay muchas cosas aconteciendo: materiales que se trasladan, ruidos, lluvia, y un tiempo atmosférico horrible; una gran cantidad de coses que dispersan. Me abrumaba la capacidad de Viggo para concentrarse y no salirse del papel para nada. Y espero no defraudar a nadie si digo (ignoro qué opinará Viggo de esto) que durante los primeros días de rodaje el actor llegó a dormir con las ropas de su personaje puestas para estar en el papel. Prestaba atención a todo detalle. Si sus zapatos no estaban lo suficientemente húmedos, se los mojaba él mismo. Estaba totalmente absorto y obsesionado con su papel. Se convirtió en el Hombre.»

El cometido de comunicar ese mundo absolutamente desprovisto de luz solar por medio de pinceladas de tonos grises, pese a que se rodó en color, ese mundo desolado y sin embargo emocionante que se refleja ahí, en la pantalla grande, recayó en el director de fotografía Javier Aguirresarobe, todo un veterano con 35 producciones a sus espaldas, entre ellas Los otros (The Others, 2001) y Vicky Cristina Barcelona (Vicky Cristina Barcelona, 2008).

«Una tierra carente de vida, apagada, se hace muy difícil de llevar a película visualmente. Mi vida profesional se ha visto enriquecida con este film, aunque también es cierto que se ha complicado» —comenta Javier. Pero a decir de él, no lo hubiera aceptado de otro modo.

«Creo que lo más importante para mí como director de fotografía es vislumbrar nuevas aspiraciones, nuevos lugares, nuevos espacios que resulten absolutamente distintos para mí. Con The Road he encontrado todo eso. En verdad que se trata de la película de mis sueños porque parte del libro de Cormac McCarthy dibuja un terreno apocalíptico, una tierra desprovista de luz solar.»

Copyright de imágenes, notas de prensa y sinopsis © 2009 Dimension Films, 2929 Productions, Nick Wechsler Productions y Chockstone Pictures. Cortesía de Wide Pictures y Universal Pictures International Spain. Reservados todos los derechos.


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