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| "La isla" (Michael Bay, 2005) |
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Cuando los realizadores se embarcaron en el proyecto de “La isla” puede que hubieran pensado que estaban creando una película de ciencia ficción futurista sobre la clonación humana que rayaba en lo imposible.
Sin embargo, tras recientes revelaciones en las noticias, el productor Walter F. Parkes reconoce, sólo medio en broma: “resulta que estábamos haciendo un thriller contemporáneo”.
De hecho, la realidad se está acercando tan rápidamente a lo que en otro tiempo era inimaginable que el marco temporal tuvo que adelantarse con relación a la época en la que iba a desarrollarse en un principio: finales del siglo XXI, época en la que el guionista Caspian Tredwell-Owen había situado inicialmente su historia. El director y productor Michael Bay afirma, “Tuvimos que adelantarla a dentro de unos 20 años. Es una premisa mucho más aterradora si está a la vuelta de la esquina, y la hace mucho más accesible”.
Parkes añade, “Vivimos en una época en la que los avances científicos se están produciendo a una velocidad tremenda; es una progresión geométrica, así que la historia se volvía menos increíble cuanto más la alejábamos en el futuro. Teniendo en cuenta los avances que estamos oyendo en las noticias y leyendo en la prensa, es totalmente concebible que esto pudiera suceder dentro de 15 o 20 años más o menos. No estamos diciendo que vaya a suceder hasta este punto… pero es técnicamente posible”.
Caspian Tredwell-Owen afirma, “La clonación humana va a tener lugar, es inevitable. Alguien va a hacerlo—de manera legal o ilegal—es simplemente una cuestión de quién lo haga primero. La ciencia está estimulada por la curiosidad, pero, hasta cierto punto, también por la demanda, y la demanda está ahí. Ya podemos ‘cultivar’ órganos humanos por separado fuera del cuerpo, pero ¿y si pudieras tener un duplicado, un equivalente exacto, que pudiera darte cualquier órgano o parte de su cuerpo sin ninguna repercusión aparente?”
Cuando al productor Walter F. Parkes y a la productora ejecutiva Laurie MacDonald les hablaron del guión de “La isla”, ellos ya habían estado intentando desarrollar una historia muy diferente sobre la clonación humana. Parkes comenta, “Lo que nos intrigó inmediatamente del guión fue que, en lugar de asumir la perspectiva de un investigador o de un observador externo, ‘La isla’ asumía el punto de vista de los propios clones. Eso nos pareció una excelente manera de contar la historia de un modo más emocional y personal, porque a cierto nivel la película trata sobre el fracaso de la ciencia, pero también sobre ver el mundo a través de los ojos de estos inocentes”.
“Creíamos sin ninguna duda que la revelación tenía que producirse a través de los ojos de nuestro personaje principal, Lincoln, porque los espectadores estarían muy estrechamente conectados con él”, dice el guionista Alex Kurtzman. “A través de Lincoln, sabrán al principio de la primera parte que algo no funciona, y los espectadores actuales son muy listos, por lo que probablemente sacarán la peor conclusión posible, pero, dicho eso, la revelación que se produce desde el punto de vista de Lincoln es sorprendente”.
Su socio, el guionista Roberto Orci, está de acuerdo. “Verlo a través de sus ojos es la razón de que resulte sorprendente, incluso si crees que lo sabes. La primera hora de la película, más o menos, se centra en esa otra realidad, y se podría esperar que continuase de manera lineal y asumir que sabes la dirección que va a seguir, pero no es así. Eso fue todo idea de Caspian, y resulta brillante porque todos los espectadores participan en el descubrimiento”.
El guión original le llegó al director Michael Bay por una ruta muy directa, a través del director de DreamWorks Steven Spielberg. Bay recuerda, “Steven me llamó una noche y me dijo, ‘Te voy a enviar un guión, tienes que leerlo esta noche’. No lo recibí hasta aproximadamente las 11:00, y tenía 140 páginas, pero lo leí de un tirón y lo terminé hacia las 3 de la mañana. Me gustó mucho, y le llamé más tarde esa mañana y le dije: ‘La haré’”.
Parkes dice que había varias razones por las que Michael Bay fue el único director que se tuvo en cuenta para dirigir “La isla”. “Tiene la concentración, el impulso, la creatividad, la confianza y el dominio técnico para manejar una producción de esta envergadura, por lo que era una combinación perfecta. Esta película planteaba enormes retos de producción—muchos exteriores, cientos de extras, enormes decorados, efectos digitales, efectos físicos… prácticamente de todo. Hay muy pocos directores que sean capaces de hacer frente a todo esto sin ser superados por ello. Quiero decir que hay mucha gente que comprende los efectos digitales o sabe cómo hacer una escena de una persecución, pero los retos pueden ser tan grandes que interfieran en la complejidad de la propia secuencia. Michael puede hacerlo todo—conoce literalmente el trabajo de todo el mundo en el rodaje—e irradia un cierto tipo de energía desde la silla de director… y no es que se siente”, dice Parkes riendo. “En muchos sentidos es como un niño grande con un gran sentido del juego. Marcó una pauta y aportó una gran cantidad de energía y entusiasmo al rodaje, que creo que se traslada a la película. Es algo muy contagioso”.
“Creo que Michael es un gran director”, afirma el productor Ian Bryce. “Es un artista de talento y con muy buen ojo; sabe cómo rodar, y lo hace deprisa. En muchos sentidos, es el sueño de un productor, porque llega preparado y listo para empezar, y puede hacer frente a una enorme cantidad de trabajo en un día. Para mí, fue una gran experiencia trabajar con él”.
Desde el momento en que accedió a dirigir “La isla”, Bay sabía que tenía que equilibrar dos planteamientos diferentes de la película. “Quería hacer una película para el verano, divertida y agradable, pero en la historia también hay un núcleo muy humano que trata la cuestión de ‘si pudiésemos tener un clon, ¿lo tendríamos?’ Indudablemente, no tenemos intención de abrumar a la gente con eso, pero quería que los espectadores se hicieran una idea de la cuestión moral… y luego hacerles disfrutar”.
Sinopsis
Lincoln Eco-Seis (Ewan McGregor) y Jordan Delta-Dos (Scarlett Johansson) se encuentran entre los cientos de residentes de un complejo cerrado a mediados del siglo XXI. Al igual que todos los habitantes de este entorno cuidadosamente controlado, todo en sus vidas cotidianas está controlado, aparentemente por su propio bien.
La única salida –y la esperanza que todos comparten– es ser elegido para ir a "La isla", el último rincón sin contaminar del mundo tras un desastre ecológico que, según se dice, se cobró las vidas de todos los habitantes del planeta… excepto las de ellos.
Lincoln, que últimamente se ve acosado por pesadillas inexplicables, está inquieto y se cuestiona cada vez más las restricciones que le han impuesto a su vida. Pero la verdad le coge desprevenido cuando su creciente curiosidad le lleva al terrible descubrimiento de que todo sobre su existencia es mentira, que la isla es un cruel engaño… y que él, Jordan, y todos a los que conocen son más valiosos muertos que vivos.
Sin tiempo que perder, Lincoln y Jordan emprenden una arriesgada huida a un mundo exterior que nunca han conocido. Una vez que están en el exterior y lejos de la indiscreta mirada del instituto, la inocente amistad que compartieron comienza a convertirse en algo más profundo. Pero con las fuerzas del complejo persiguiéndoles de forma implacable, Lincoln y Jordan tienen una misión primordial: vivir.













































































