
En uno de esos melodramáticos giros con que Almodóvar obsequia al espectador, Tarántula cambia de título a la hora de ser traducida al cine, y pasa a titularse La piel que habito.
En buena medida, pese a que nos hallemos ante un material narrativo específicamente almodovariano, lo cierto es que la obra en que se inspira supone todo un reto para el director español.
Tarántula quizá sea un libro fácil de resumir, pero en absoluto fácil de asimilar. Su protagonista es Richard Lafargue, cirujano plástico, cuya vida se debate entre dos obsesiones.
Por un lado, su hija, Viviane, lucha por reunir los pocos jirones de razón que le quedan en su habitación del psiquiátrico.
La otra mujer que abruma a Lafargue es Ève, una vampiresa de la que el doctor pretende vengarse con un sofisticado plan. ¿El motivo? Viejas y misteriosas afrentas.
Todo cambia cuando esa jaula de alacranes recibe un visitante inesperado: un maleante que, en su huida, pide ayuda a Lafargue.
En la personal versión de Almodóvar, Banderas da vida al cirujano, que aquí se llama Robert Ledgar. El actor encuentra en ese torturado espíritu del personaje una excelente oportunidad para cambiar de registro. No cabe duda de que su reencuentro con su realizador fetiche propicia esta interpretación de alto voltaje, nada vulgar, dentro de ese estilo noir que posee la novela original.
El hecho de que una cinta de Almodóvar se coloree con elementos del survival horror y la ciencia-ficción al estilo de Cronenberg sorprenderá a más de un espectador, y eso sirve para comprender en qué medida el cineasta intenta escapar de los caminos trillados para sorprendernos. Y vaya si lo consigue.
La obsesión del cirujano con su proyecto de obtener una piel sintética, más resistente que la biológica, tiene un punto de partida personal, pero poco a poco se convierte en el eje emocional de una aventura perversa, desmedida y enfermiza, en la que rebosan el humor negro, la intriga y la sensualidad.
No es nada casual que el argumento guarde ciertos paralelismos con Ojos sin rostro (1960), la obra maestra de Georges Franju, protagonizada por Pierre Brasseur, Alida Valli, Juliette Maynel y Edith Scob.
Hace ya diez años que Pedro Almodóvar empezó a preparar el que se ha convertido en su decimoctavo proyecto cinematográfico. De hecho, ha rescrito nueve veces esta adaptación, y es una lástima que Thierry Jonquet (1954-2009) falleciera antes de verla realizada.
Jonquet, autor de títulos como Le bal des débris y Moloch, y fiel alumno de su admirado Dashiell Hammett, definió su estilo en un párrafo del libro autobiográfico Rouge c'est la vie: "Escribo novelas negras. Intrigas donde el odio y la desesperación se llevan la mejor parte, y no paran de machacar a pobres personajes a los que no concedo ninguna oportunidad saludable".
Licenciado en Filosofía, Jonquet trabajó en centros geriátricos y hospitales psiquiátricos, y esa actividad le hizo obsesionarse con las facetas más oscuras y frágiles del ser humano.
La película introduce importantes cambios en el argumento original. Como ya indiqué, en La piel que habito, Lafargue cambia su nombre por el de Ledgard. Su esposa falleció a causa de las quemaduras que sufrió en un accidente de tráfico, y él se obsesiona con el proyecto de sintetizar piel artificial: un avance que hubiera salvado a su mujer.
Por medio de la terapia celular, lleva a cabo esa proeza científica, pero a cambio de vender su alma. Como los mad doctors del cine clásico, Ledgard recurre a la transgénesis con seres humanos y a otros medios que van de lo cuestionable a lo simplemente atroz. Téngase en cuenta que el material literario de Jonquet ya era extremo: la principal motivación de su cirujano consiste en vengar la violación de su hija.
Con once semanas previstas de rodaje en escenarios gallegos, madrileños y toledanos, y un presupuesto de diez millones de euros, La piel que habito recibió el apoyo de la Conselleria de Cultura y Turismo de la Xunta de Galicia.
Además de Antonio Banderas y de Elena Anaya, intervienen en la cinta Marisa Paredes, Jan Cornet, Roberto Álamo, Blanca Suárez, Eduard Fernández, José Luis Gómez, Bárbara Lennie, Susi Sánchez, Fernando Cayo y Teresa Manresa.
Varios colaboradores habituales de Almodóvar –entre ellos, ese admirable operador que es José Luis Alcaine, el montador José Salcedo y el compositor Alberto Iglesias– vuelven a reunirse con el director en este sólido retorno al cine de género.
Copyright del texto © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de la fotografía (Antonio Banderas y Elena Anaya. Foto de José Haro) © El Deseo. Cortesía de Warner Bros. Pictures International España. Reservados todos los derechos.
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