
La atractiva Demi Moore, en el mejor papel de su carrera, interpreta a una mujer fuera de serie, dirigida por el conocido director Ridley Scott (Alien, Blade Runner).
En una controvertida decisión del Gobierno, la Teniente Jordan O´Neil es elegida para ser la primera mujer en una unidad de élite del Ejército: los SEAL/CRT (Combined Reconnaissance Team).
Primero ella debe demostrar que es capaz de soportar el entrenamiento, tanto físico como mental.
En el momento que una unidad ha quedado atrapada tras las líneas enemigas. O´Neil tiene la oportunidad de demostrar lo que lleva dentro y de salvar la vida del hombre que le ha hecho pasar sus peores momentos: su comandante en jefe.
Acción y suspense se mezclan en esta fantástica historia sobre el poder de los seres humanos.
Una mujer inusual
Con el apoyo de la senadora Lillian DeHaven (Anne Bancroft), la teniente Jordan O'Neil (Demi Moore) debe superar el feroz entrenamiento supervisado por el comandante John James Urgayle (Viggo Mortensen). Paso a paso, O'Neil demuestra ser una heroína que se enfrenta a todo tipo de retos.
En cierto modo, su actitud la sitúa en la tradición de otras mujeres del cine de Ridley Scott, como Ripley en Alien.
"En su triunfo sobre el monstruo –escribe Santiago Sánchez González– hay una resonancia de las antiguas esculturas góticas que ilustran frontones o portadas de catedrales. Es como esas mujeres que pisan la cabeza se la serpiente o de un monstruo. Una especie de divinidad. A mayor abundamiento, en ningún momento se plantea en el relato fílmico de Scott tipo alguno de relación erótica o sentimental por parte de Ripley, ni se menciona si está casada, tiene pareja o qué tipo de sentimientos atesora; es un técnico actuando de una forma entrenada, militar, útil y beneficiosa. Puede rastrearse algo de mariano en ella, pero seguramente es más correcto pensar en otras mujeres bíblicas, como Deborah por ejemplo. En realidad, es un acierto el tipo de mujer que a través de ella nos da Scott: las mujeres del futuro serán independientes, científicas y valerosas, fuertes como lo es Sigourney Weaver –más joven que en 1492: La conquista del Paraíso– y capaces de manejar un arma al mismo tiempo que un ordenador. Todo desde la sencillez, porque ya no tendrán que aspirar a nada, simplemente serán y estarán con los hombres. Pero no por ello habrán perdido la feminidad ni la capacidad de atracción, como sutilmente nos deja entrever el director en el necesario, sugerente, pero no excitante strip–tease que realiza en el tramo final de la película, ya en la cápsula de salvamento. La extraña belleza de la Weaver tiene ocasión de manifestarse a través de un guión que, en este caso, sí lo justifica" (Ridley Scott, Royal Books, Barcelona, 1996).
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