
Los primeros minutos de La trampa del mal (Devil), la película con la que M. Night Shyamalan emprende su serie The Night Chronicles, sintetizan lo que viene a ser esta producción: el equivalente de aquellas TV movies que en otro tiempo formaron parte de clásicos de la pequeña pantalla como Twilight Zone, The Outer Limits o Alfred Hitchcok presenta.
La trampa del mal nos propone un viaje por un argumento que nos resulta familiar. Un grupo de personas queda atrapado en un ascensor. Para escapar del ente maligno que los mantiene aislados, tienen dos opciones: superar juntos las dificultades y tentaciones, o enfrentarse entre ellos, con la impresión amenazadora de que su encierro es una trampa maléfica, acaso diseñada por Lucifer
Antes dije que esta película tiene un obvio linaje televisivo, tanto en su planteamiento como en su puesta en escena. Sin embargo, el guión de Brian Nelson alude con estimulante insistencia a referentes muy sólidos –tan sugestivos como Rod Serling y Robert Bloch, por no hablar de Agatha Christie–, y eso da cierta consistencia a un producto de consumo rápido, pero correcto en su ejecución y superior a las innumerables entregas de horror teen que invaden periódicamente la cartelera con resultados más bien mediocres.
En otras palabras, nos hallamos ante una cinta tan entretenida como fácil de olvidar. Previsible y de escaso vuelo, sí, pero dignamente realizada, lo cual, en estos tiempos que corren, es algo que conviene agradecer.
Lo cierto es que la película de John Erick Dowdle se conforma con asemejarse en bastantes aspectos a productos televisivos como los ya mencionados, y quizá ello decepcione a quienes esperen un artefacto más efectista, animado por constantes trucajes CGI.
En este sentido, los golpes de efecto de La trampa del mal no tienen que ver con el gore sino con ese tipo de giros y coincidencias que tanto agradan a Shyamalan.
Pocos personajes logran ser tan obsesivos como el Diablo. Esta peripecia le concierne bastante, sin renunciar por ello al cálculo propio de las narraciones policiacas. La deriva detectivesca de este thriller sobrenatural viene representada por el mejor personaje de la cinta: Bowden, un detective de Homicidios al que encarna Chris Messina.
En definitiva, nos hallamos ante una típica historia de fuego de campamento, razonablemente contada, muy moderada en sus emociones, y agradable pese a su general falta de brillo.
Copyright del texto © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes (Foto por Kerry Hayes) © 2010 Universal Studios. Cortesía de Universal Pictures International Spain. Reservados todos los derechos.
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