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"Los amos de Dogtown" (Catherine Hardwicke, 2005)

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"Los amos de Dogtown" (Catherine Hardwicke, 2005)
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Los amos de Dogtown

Con el espíritu del documental ganador de premios, Dogtown and Z-Boys, Los amos de Dogtown, muestra el estilo de patinaje que hicieron famoso los Z-Boys. La película se rodó en localizaciones de California del Sur.

De las peligrosas olas de un muelle abandonado a la selva de asfalto de un barrio bajo de la ciudad, Los amos de Dogtown lleva al cine los comienzos rebeldes de algunas de las estrellas inolvidables de la cultura deportiva. 

“Cuando piensas en American Graffiti o Aquel Excitante Curso, recuerdas que eran películas seminales sobre la cultura juvenil”, dice la presidenta de Sony Pictures, Amy Pascal. “Los amos de Dogtown es ese tipo de película. Estos chicos popularizaron un movimiento que continúa hoy en día”. 

A principios de los 70 el skateboarding era casi un deporte muerto de aburridos giros de 360º y de verticales, pero sin velocidad ni estilo. Sin embargo un encuentro casual en California del Sur supuso el despegue de los jinetes Dogtown: Ruedas de oretano, una práctica suicida que vació las piscinas de la región y una estética surf que cautivó las mentes de chicos como Tony Alva, Jay Adams y Stacy Peralta.

“Como teníamos estas ruedas de oretano, una sustancia plástica que se agarraba al asfalto, podíamos patinar en vertical”, dice Peralta. “Solíamos patinar sobre paredes como si las estuviéramos surfeando. Así es como se desarrolló todo lo de los Z-Boys. Al principio éramos surferos que pusimos toda nuestra ambición y motivación para llegar a ser surferos profesionales y al final llegamos a ser skaters profesionales”.

Los Z-Boys se hicieron famosos por patinar en las piscinas y por su comportamiento radical. Amantes de cabalgar por el cemento, estos surferos fuera de la ley tomaron las curvas y las paredes de las piscinas del barrio e inventaron un nuevo estilo de patinaje. Con una mano apoyada en el cemento mientras giraban como su ídolo del surf Larry Bertleman, el estilo de patinaje de los Z-Boys no se parecía a ningún otro, inspiraba a los chicos de todo el mundo y transformó el deporte para siempre.

El equipo Zephyr, que formaron más tarde, era agresivo, pasional y poético. Tenían una nueva forma de tomarse cualquier terreno: Destroza el pavimento o destrózate tú mismo.

En 1999 la revista Spin publicó un artículo detallando la historia de los Z-Boys centrándose en la experiencia en Dogtown, y captó la atención de algunos equipos de desarrollo de varios estudios de Hollywood. Uno de aquellos ejecutivos era John Linson, que en ese momento trabajaba en Fox. “Crecí en Santa Monica”, dice Linson, “por lo que era un movimiento con el que siempre estuve familiarizado. Siempre supe que debería convertirse en película”. Linson comenzó inmediatamente las conversaciones con Jay Adams y otros Z-Boys originales para asegurarse de que cooperarían y se involucrarían.

Pero antes, Peralta quería hacer una versión documental de su cuento, y en 2002 Sony Pictures Classics estrenó la película Dogtown and Z-Boys, dirigida por él. La aclamada película obtuvo para el ex campeón de skateboarding y para los Z-Boys el premio de la Audiencia y el premio al Mejor Director en el Festival de Cine Sundance, además del premio a Mejor Documental en el Festival de Cine AFI y un Independent Spirit Award.

Que Hollywood llenara de glamour sus vidas dio mala espina, en un principio, a Peralta y a los miembros originales del equipo Zephyr. Los de Dogtown habían pasado de la pura pobreza a ganar dinero y llevar una vida de estrella del rock, y algunos de ellos casi no sobreviven. La historia debía contarse correctamente. Una vez que Peralta hizo su documental, que mostraba la historia real y dura, ya estaba preparado para escribir la versión de ficción. “Empecé a escribir la película poco después de presentar el documental en el Festival de Cine Sundance en la primavera de 2001”, dice Peralta. “Había escrito cinco guiones antes de Los amos de Dogtown y fue, sin duda, lo más difícil, meditado y ambicioso que he hecho en mi vida. Cuando se hizo realmente duro, me encerré en casa durante dos semanas y no hice nada más que contestar el teléfono hasta que tuve algo”. 

Encontrar el director adecuado era crucial para el proyecto, alguien que no sólo conociese el material que estaba representando, sino que también tuviera una visión en sintonía con una historia que rebosaba rebeldía, actitud y un estilo incondicional. “Conocía a Catherine Hardwicke desde hace años. Vi (su debut como directora) Thirteen y simplemente me dejó perplejo. Llamé a John Linson y dije: ‘Tienes que ver esta película porque Catherine Hardwicke es la directora perfecta para nosotros’. Le echó un vistazo y luego me llamó para contarme que era genial. Dijo que la escena de apertura había sido una de las más devastadoras que había visto en cine. Así que contactamos con Catherine”.

Hardwicke, que también consiguió premios en Sundance, había seguido el proyecto. Se había reunido con Tony Alva y Craig Stecyk (la película Thrashin ayudó a inmortalizarlos para toda la nación con fotografías originales y las historias de los Z-Boys) para la que Hardwicke fue diseñadora de producción. No tenía dudas de que tenía que ser la directora de Los amos de Dogtown. Cuando recibió la llamada de John Linson para que se metiera en el proyecto, saltó de alegría por la oportunidad.

“El proyecto de esta película es un sueño para mí”, dice Hardwicke. “Vivo en Venice, hago surf y conozco a mucha gente que está involucrada en esto, con lo que me alegré mucho al recibir la llamada. Leí el guión que escribió Stacy, fui a ver a Amy Pascal en Sony, y le di mi punto de vista. Después de algunos meses de investigación y preparación dieron luz verde a la película”.

“Creo que nadie hubiera podido dirigir la película aparte de Catherine”, dice Linson. “Tiene afinidad por estos chicos y también por el movimiento. Se preocupa por quién es esta gente”.

Los cineastas estaban de acuerdo en que Stacy y los demás Z-Boys se involucraran en el proyecto. La autenticidad era clave. Y la producción tomó la decisión de emplear todos los miembros originales que pudieron para trabajar patinando o como consultores técnicos para poder mantenerse fieles a la historia y al tono de la época. Tony Alva ha sido skater profesional durante 30 años y se unió al proyecto inmediatamente. Alva, campeón de patinaje de renombre mundial, estaba encargado de coreografiar las acrobacias de los skaters y de enseñar a los actores no sólo a patinar, sino a patinar con el auténtico estilo Z-Boy.

“Tener a Tony desde el principio fue lo mejor, ayudándonos a buscar localizaciones, a encontrar piscinas, a entrenar a los skaters”, dice Hardwicke. “Recordaba todo lo que había hecho aquellos días. Puedes preguntar, ‘¿Cómo patinarías para una chica si quieres impresionarla?’ Y Tony hacía este pequeño movimiento, fluido y genial. Él, Stacy y Jay lo llevan en la sangre”.

Era el momento de encontrar a los actores que dieran vida a la historia.

Sinópsis

Las duras y polvorientas calles de Dogtown en Venice, California, no significarían mucho para un forastero, pero para un puñado de surferos adolescentes (Stacy Peralta, Tony Alva y Jay Adams) en los años 70 fueron una inspiración dura, curva e inclinada para crear un revolucionario estilo de patinaje. Utilizando sobre el cemento los agresivos movimientos del surf suicida que practicaban en el muelle de Pacific Ocean Park, los Z-Boys (la mayor parte de ellos con una convivencia doméstica difícil y con una actitud dura) se convirtieron en sensaciones, en leyendas locales. Eran magos sobre ruedas con un estilo libre y convirtieron las piscinas vacías en pistas de un tipo de atletismo bello y salvaje, la génesis de los “deportes extremos” de hoy en día. Las competiciones de patinaje no sabían que hacer con ellos, las chicas se les tiraban encima, y, de repente, todos los vendedores y promotores querían tener una parte de ellos y se convirtieron en un fenómeno internacional multicultural. ¿Aguantará la amistad de este grupo tan unido mientras el pasatiempo adolescente se convierte en un gran negocio, y sus enérgicas personalidades se transforman en celebridades fuera de control?

 



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