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| "Los viajes de Gulliver" (Rob Letterman, 2010) |
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Como en el caso de Viaje al centro de la tierra (2008), un clásico literario sirve de excusa para una cinta familiar en 3D ambientada en la época actual y con poco que ver con el referente original. El actor y rockero Jack Black protagoniza esta versión moderna de la visita de Gulliver a Lilliput.
Una prueba de que la fantasía está vinculada erróneamente con lo infantil se advierte en la idea de que Los viajes de Gulliver es un libro para niños. La novela que escribió el irlandés Jonathan Swift en 1726 contenía gigantes, personas microscópicas, caballos parlantes y ciudades que flotaban en el cielo, entre otros prodigios, pero no eran simples ocurrencias para entretener a los pequeños, sino filosóficas y ácidas sátiras acerca de la condición humana y la actualidad sociopolítica del momento.
De niño, el primer contacto que uno suele tener con Gulliver son esas versiones recortadas y edulcoradas con el pobre marinero inglés amarrado al suelo por un ejército en miniatura, o convertido en el juguete de una niña gigante.
Luego viene la sorpresa de ver a ese personaje infantil cabalgando sobre un monstruoso pezón o a unos patéticos humanos convertidos en bestias y esclavizados por unos equinos inteligentes.
Material de mil adaptaciones, quizá la versión de mayor calidad es la miniserie protagonizada por Ted Danson en 1996, un excelente trabajo en el que un desquiciado Gulliver intenta convencer a las autoridades y a su esposa de que no está loco, y donde se muestran todos los viajes, no exclusivamente los de Lilliput y Brobdingnag.
En esta ocasión, y en lo que parece ser el intento de comienzo de una saga, este Gulliver del siglo XXI corre sus aventuras íntegramente en Lilliput, con una breve visita a Brobdingnag.
La película recrea más o menos íntegramente el texto de Swift, aunque con multitud de referencias a la cultura popular actual y haciendo hincapié en el humor, incluyendo para ello escenas como aquel momento escatológico en el que Gulliver apaga un incendio de una manera poco elegante.
La película es un vehículo para Jack Black, y como suele pasar en estas ocasiones, todo depende de la gracia que le haga o antipatía que uno le tenga al caricato, quien repite sus habituales carantoñas y sus potentes gorgoritos, entonando una versión del War de Edwin Starr.
Con un par de cómicos televisivos de moda como son Chris O´Dowd (Los informáticos) y Jason Segel (Cómo conocí a vuestra madre) y un par de bellezas de ojos azules –Amanda Peet y Emily Blunt–, el film se centra en los gags 3D y en el recuerdo de grandes éxitos de la productora Fox como Star Wars, Titanic o Avatar.
Es poco más que un film palomitero no especialmente caro, de esos diseñados para sacar tajada de las interminables colas de los multicines durante las fiestas navideñas.
Demasiado inofensivo como para inducir a la depresión del cinéfilo, pero carente de ningún elemento que lo haga memorable, este entretenimiento quizá tenga el valor de despertar el interés en alguno de los espectadores respecto a la novela original. Hay que pensar de forma positiva.
Sinopsis
En una versión de comedia familiar, moderna y en 3D, del clásico cuento, Jack Black (la estrella de Kung Fu Panda y Escuela de Rock) se pone en el papel de Lemuel Gulliver, un humilde encargado del correo de un periódico de Nueva York.
Después de hacerse, mediante engaños, con la misión de escribir acerca del Triángulo de las Bermudas, Lemuel realiza el viaje y allí se ve transportado a una tierra no explorada, Lilliput.
En este fantástico nuevo mundo, Gulliver, por fin, se convierte en una persona realmente importante, tanto en tamaño como en su ego, especialmente después de que comience a contar grandes historias, adjudicarse los mayores inventos de su mundo y colocarse en el centro de los sucesos más históricos.
La posición de Gulliver se ve acrecentada aún más cuando dirige a sus nuevos amigos en una osada batalla contra sus enemigos de siempre. Pero cuando Gulliver lo pierde todo y pone en peligro a los liliputienses, debe encontrar el modo de deshacer el daño causado.
Al final, Gulliver se convierte en un verdadero gigante entre los hombres, y lo hace cuando se da cuenta de que lo que realmente importa es lo grande que eres por dentro.













































































