
“El tamaño de las torres, su magnitud, me gritan una palabra, se mete bajo mi piel mientras hago una pausa en lo alto de las escaleras, agarrándome a la barandilla: ¡Imposible!" (Alcanzar las nubes, Philippe Petit).
7 de agosto de 1974: un francés de 23 años camina sobre un delgado cable suspendido a más de 400 metros de altura, entre las torres gemelas de los edificios más altos del mundo, el World Trade Center de Nueva York. En estado de éxtasis, danza en el cable durante tres cuartos de hora, cruzándolo ocho veces antes de ser arrestado. Nixon está apunto de anunciar su renuncia como presidente. Pero es el paseo ilegal y clandestino de Petit el que le roba los titulares del día siguiente.
Seis años antes, un dolor de muelas le lleva a la sala de espera de un ocupado dentista en París. Encontrándose por casualidad con un artículo en una revista, contempla una ilustración de las aún sin construir Torres Gemelas. Con un lápiz dibuja una línea entre los dos tejados: "Un cable, pero sin nadie cruzando por él".
"Todo el mundo está mirando. Necesito esa página, así que hago esto: estornudo, rompo la página, la guardo en mi chaqueta y me voy. Por supuesto eso me dejó con mi dolor de muelas, ¿pero que era el dolor ahora que tenía mi sueño?"
Fue su primera acción ilegal en lo que se llamaría el "crimen artístico del siglo". Todo en su vida hasta ese momento parecía llevarle a eso: desdeñaba la autoridad y había sido expulsado de todas las escuelas a las que había sido enviado, había sido arrestado más de quinientas veces por carterista. Era un maestro del ajedrez, la magia, la escultura, trepando vallas y finalmente como funanbulista, y a la tierna edad de 17 años, ya se sentía preparado para el desafío definitivo.
Un desafío que comienza en junio de 1971 con el primer paseo ilegal de Petit entre dos torres de la catedral de Notre Dame de París. Con un año de preparación, es ayudado por dos conspiradores más: Jean–Louis Blondeau y Jean–Francois Heckel. "Jean Louis me dijo desde el primer momento que era ilegal, contra la ley", dice Jean–Francois “pero no malvado ni malicioso...era maravilloso".
Sin embargo, el espectáculo no consigue inspirar mucha excitación en sus compatriotas:
"La romántica aventura acaba en portadas de todas partes, el mundo saluda al joven poeta. Excepto los franceses, que no se sienten muy entusiasmados ni emocionados. No necesitan un bis."
Imperturbable, Petit pone rumbo a Sydney, Australia, para su segundo golpe. Con la ayuda de un amigo australiano, Mark Lewis, cuelga un cable entre los pilares norte del puente de la Bahía de Sydney, el arco de puente más grande del mundo. Paralizando el tráfico en hora punta, los asombrados peatones se reunieron para maravillarse con el espectáculo de este joven poeta del cielo.
Llegando a Nueva York en 1974, Petit pronto consigue la ayuda de un hombre que conoce en las calles de Manhattan, Jim Moore, que acompañó a Petit en alguna de las visitas de reconocimiento a las Torres Gemelas. Haciéndose pasar por periodista, turista, despistado y operario, Petit se abrió paso hasta el tejado, escapando por poco en varias ocasiones. La información que recopiló fue vital para la siguiente fase del plan, los preparativos.
A lo largo de los siguientes ocho meses, Petit se mueve entre Nueva York y su campamento de entrenamiento secreto, su "World Trade Center Association", con base en su hogar en el campo, en Francia. Su equipo de cómplices ahora incluye a su amigo de la adolescencia Jean–Louis, su colega australiano, Mark, y su novia Annie. Philippe tiene un objetivo, pensar una manera factible de llevar a cabo su plan.
Philippe y sus cómplices tendrán que:
Introducirse sin ser vistos en la estrechamente vigilada torre sur del World Trade Center llevando 60 metros de cable de acero y el material para el tendido entre las dos torres.
Transportar este cable que pesa 200 kilos, y otros equipos hasta el tejado, en el piso 110.
Encontrar una manera de tender el cable hasta la otra torre, salvando una distancia de 42 metros entre ambas.
Pensar como anclar y tensionar el cable para compensar los vientos y el vaivén de los propios edificios.
Y en todo momento, sin ser vistos.
Después, a 411 metros de altura sobre las calles de Manhattan, sin red ni arnés de seguridad, sobre un cable del ancho de un pulgar, caminar sobre el vacío.
Los riesgos son enormes, y todo debe ser planeado hasta el más pequeño detalle, el más mínimo error le puede costar la vida a Philippe. Haciéndose experto en física, arquitectura e ingeniería, dominando el disfraz, el sigilo y el subterfugio, Philippe confiará en sus asociados y en su determinación para mantener su sueño casi imposible vivo. Exigiendo total dedicación y esfuerzo sobrehumano a todos los implicados, la tensión crece y Philippe, y sobre todo Jean–Louis, discuten todo el tiempo. Muchos miembros del equipo dejan el proyecto y son sustituidos por otros cuya lealtad y compromiso con el proyecto y con Philippe son cuestionables. Confianza y traición se convierten en asuntos clave. Un desliz, y el plan fracasará.
El día del golpe llega finalmente. Aprovechándose de los trabajos de construcción que se estaban llevando a cabo en los tejados de las torres, dos equipos, Philippe y Jean–Francois en la torre sur, y Jean–Louis y Albert (conocido como Alan) en la torre norte, se introducirán en los edificios, vestidos como operarios y hombres de negocios.
Un hombre "de dentro", Barry Greenhouse, que trabaja para una aseguradora en el piso 82 de la torre sur, accede a guardar el equipo y esconderlo hasta que el terreno esté despejado. Desde el piso 82 hay otros 28 pisos más hasta el tejado. Pero la suerte está de su parte y cuando el operador del ascensor desoye las órdenes de su supervisor, Philippe le da instrucciones para que les lleve al piso 104, a sólo 6 pisos del tejado, donde consiguen esconderse ellos y el equipo que llevan hasta que no queda nadie.
Una vez en el tejado, Jean–Louis espera la señal de Philippe para lanzar una flecha a la torre sur. La flecha está unida a un fino hilo de pescar, que está unido a un cordel de nylon, después a una cuerda y finalmente al cable mismo. Pero incapaz de localizar la flecha en la oscuridad, Philippe se quita la ropa, pensando que conseguirá sentir la flecha contra su piel en la oscuridad:
"Con el corazón derrotado, me acerco al borde y noto un hilo de pescar rozando mi pierna. La flecha estaba de hecho balanceándose precariamente en el borde mismo, en una esquina de la azotea...un pequeño soplo de viento la hubiera hecho caer".
Ocultos en la oscuridad, los dos equipos comienzan a trabajar. Todo parece ir de acuerdo al plan cuando el cable se suelta. Metros de pesado cable de acero, caen de repente y se balancean en el vacío. Con un esfuerzo sobrehumano, Jean–Louis y Alan comienzan a subir el cable con sus manos desnudas. Una tarea casi imposible, y eventualmente, Alan se rinde, dejando a Jean–Louis a su suerte para rescatar el cable.
Al amanecer, el tiempo se está agotando. El equipo finalmente consigue anclar el cable mientras que el ascensor comienza a funcionar, lo que señala la llegada inminente de los trabajadores a la azotea. Sin tiempo que perder, la preocupación de Jean–Louis crece. Philippe está agotado, el cable no está bien tendido y las condiciones están lejos de ser ideales. Este podría ser el fin para su amigo y cómplice.
Para Philippe, sin embargo, la decisión ya estaba tomada:
"Este es probablemente el final de mi vida, caminar sobre ese cable. Y, por otra parte, algo a lo que no me podría resistir, ni haría ningún esfuerzo por resistirme, ese cable me llama. Y la muerte está muy cercana".
Una fotografía tomada por Jean–Louis, muestra a Philippe después de dar los primeros pasos. Está sonriendo traviesamente, mientras da otro paso, mientras su confianza va creciendo. No es nada menos que un milagro.
Abajo, en la calle, mirando hacia arriba, al espectáculo sobrecogedor, una multitud de gente observa con una mezcla de asombro, admiración y sorpresa.
"Paseo de un lado al otro del cable, hacia delante y hacia atrás. Miro orgulloso al vacío, mi imperio. Mi destino ya no me hace conquistar las más altas torres del mundo, sino más bien el abismo que protegen. Esto no se puede medir..."
Un grupo de policías de uniforme entran en el edificio y se apresuran hacia la azotea del WTC. Ignorándolos, Philippe continúa su paseo entre las torres.
Después de 45 minutos y ocho paseos de lado a lado, Philippe decide bajar del cable y es arrestado por allanamiento y desorden público. En el informe del arresto, en la sección "detalles de la denuncia", el policía apunta simplemente “MAN ON WIRE” (“un hombre sobre un cable”).
Mientras sale del juzgado, donde todos los cargos son sobreseídos a condición de que haga un número de malabarismos para los niños en Central Park, Philippe se percata de que una joven agita sus brazos, saludándole con admiración. Él la sonríe...
Imágenes del audaz paseo de Philippe ocupan las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo. Su extraordinaria acción entra en la leyenda neoyorquina. Philippe se convierte en una celebridad al instante. La autoridad portuaria le da un pase VIP para el Observatorio del World Trade Center. "Válido de por vida”.
Notas del director James Marsh
Eso fue lo primero que Philippe Petit me dijo cuando le conocí. Después me enseñó como matar a una persona con una copia de la revista People y, antes de irse, me robó la cartera. Tenía ante mí a un individuo extraordinario, con una visión del mundo única. Nada menos que una visión desde las alturas que ningún otro hombre había tenido.
Es adecuado, por tanto, que su historia sea la más antigua que existe. Es el héroe de un viaje, o una búsqueda, para ponerse a sí mismo a prueba y conseguir un objetivo aparentemente imposible. Como funambulista adolescente en Francia, antes de que el World Trade Center se hubiera construido, Philippe ya soñaba con un plan para introducirse en esas torres aún sin construir, lanzar un cable de una a la otra, y bailar en ese cable a 411 metros de altura, para delicia de los transeúntes. Cada una de estas tareas parecía imposible y la última, un deseo de suicidarse. Y sin embargo, era más bien lo contrario como Annie, su novia, señala:
"No podía seguir viviendo si no intentaba conquistar esas torres, era como si las hubieran construido para él".
Me dispuse a hacer una película que fuera el relato definitivo de esa búsqueda legendaria, no me había planteado que se convertiría fundamentalmente en un drama humano que, entre otras cosas, acabaría también en una comedia de los errores, una historia de amor, una historia sobre la amistad y sus límites, y una sátira sobre la autoridad y las reglas arbitrarias.
La riqueza de la narrativa proviene del mismo Philippe, y de su incapacidad para sentarse a contar su propia historia, pues su necesidad por relatarla en pie mientras la recrea hace que fluya con más naturalidad. Los recuerdos de su más viejo amigo y su antigua novia son dramáticos y sorprendentemente cándidos sobre el conflicto y los antagonismos que su aventura generaron. Otros colaboradores tienen también en su haber una considerable cantidad de actos ilegales y cuentan más dolorosamente su temor por la vida de Philippe y su pérdida de fe en la empresa. Pero para aquellos que llegaron hasta el final, en palabras de Jean–François:
"Todos sabíamos que podía caer, podíamos haberlo pensado, pero simplemente no lo creíamos".
Inevitablemente, la película retrata también el Nueva York y la América de una era ya pasada. La crisis del Watergate alcanzó su clímax esa misma semana, y Nixon dimitió al día siguiente de la hazaña de Philippe. En 1974, Nueva York era claramente más sucia, sin tanta ley, y más peligrosa de lo que es ahora. Era un tiempo de prostitución callejera, de cines porno, robos, corrupción. En la actual era de tolerancia cero, es difícil imaginar a la policía, jueces y políticos de la manera en que actuaron entonces. Entonces aplaudieron a Philippe.
Más difícil aún de imaginar ahora es a un joven francés paseándose por el aeropuerto JFK con maletas llenas de cables, cuerdas, cuchillos, un arco y una flecha, paseándose por uno de los mayores monumentos de Nueva York con un grupo de bohemios franceses con carnés de identidad falsos esperando su oportunidad para colarse dentro, y saliéndose con la suya. Pero en palabras de Jean–François:
"Era ilegal, pero no era malvado"
Es una distinción que merece la pena recordar.
Cómo se hizo
De la Desert Island a la gran pantalla
El productor Simon Chinn conoció a Philippe Petit en la Desert Island Discs, venerable institución de la BBC. Era abril de 2005, justo 30 años después del audaz paseo de Petit entre las torres. "Escuchar Radio 4 de la BBC puede ser una experiencia reconfortante, pero la apasionada voz de Petit y su visión independiente y única del mundo, más feliz en un cable a 400 metros de altura que en tierra firme, provocó una intranquilidad que se quedó ardiendo en mi cabeza". Chinn estaba convencido de que la extraordinaria historia de Petit estaba madura para realizar un documental sobre ella.
Como sospechaba, Petit y su directora de producción, Kathy O'Donell, ya estaban unos pasos por delante. Desde la publicación en 2002 de Alcanzar las Nubes, el aclamado relato de Petit de su aventura en el World Trade Center, hubo varios acercamientos por parte de distintos documentalistas. Petit se encontraba de camino de su casa en Nueva York a Nottingham, en Inglaterra, para unas reuniones sobre una adaptación teatral de su libro y O'Donnell pensó que Petit y Chinn debían comer juntos. Fue un primer encuentro en Londres. El intenso tráfico en la autopista desde Londres hizo que Chinn llegara una hora tarde y Petit (como corresponde a un hombre para quien la exactitud puede significar la diferencia entre la vida y la muerte), no quedó muy impresionado.
Sin embargo, Chinn no se desanimó, y tras numerosos intercambios, incluyendo una reunión en París, para la que fue escrupulosamente puntual, Petit y O'Donnell decidieron tener fe y aceptar la propuesta.
Chinn se alió con el veterano productor Jonathan Hewes de Wall toWall Media, una de las más reputadas productoras independientes británicas. Fue Hewes quien sugirió a James Marsh para dirigir el documental.
Hewes había conocido a Marsh unos años antes y ya era fan de su trabajo desde Troubleman, sobre el asesinato de Marvin Gaye, a su bella y evocativa Wisconsin Death Trip, pasando por su más reciente The King.
"James es un caso extraño, un director que tiene la habilidad de facturar bellas escenas pero siempre al servicio de la historia. Sabíamos que esta historia necesitaba a alguien especial para llevar esta historia rica y con tantas capas. En esto James excedió nuestras expectativas”.
Marsh necesitó poca persuasión cuando Chinn le llamó la primera vez a su casa de Nueva York: "James acababa de terminar The King, una oscura e inflexible historia sobre el incesto y la violencia familiar", comenta Chinn, "y creo que la propuesta de hacer algo más esperanzador para la vida era atractivo para él. Se la envié y me respondió casi inmediatamente. Él sería el director”.
"La mayoría de la gente que vive en Nueva York conoce la historia de Philippe Petit", dice Marsh. "Es en verdad parte del folklore de la ciudad, y algo más conmovedor ahora que las torres han desaparecido. Pero inmediatamente supe que el destino del World Trade Center no tenía nada que ver con nuestra película. La aventura de Philippe debía ser única como un cuento de hadas real, situado en una era normalmente recordada como pobre y corrupta".
Así comenzó una larga colaboración entre Marsh y Philippe Petit, incluyendo muchos viajes de Marsh a casa de Petit en Catskill Mountains. Petit había estado pensando en ideas para libros, películas, obras, además de colaborar en un vasto archivo de documentos y grabaciones personales durante tres décadas. Sacando inspiración de ese tesoro oculto, además del irrefrenable caudal de ideas de Petit, Marsh empezó a trabajar un libreto de 50 páginas que evolucionó hacia una clara visión personal para llevar a la pantalla la historia.
A diferencia del libro de Petit, contado en gran medida desde su propia perspectiva, aquí había una oportunidad para contarla por primera vez desde el punto de vista de los colaboradores y conspiradores.
“El testimonio de los cómplices de Philippe nos permitió crear múltiples perspectivas sobre la ejecución de esta empresa criminal con sus muchos escenarios y conflictos. Todos habían esperado 30 años para contar su parte de la historia y sus recuerdos prometían ser vívidos y emotivos".
Marsh y Chinn se dedicaron a formar un equipo de gente en Nueva York, Londres y París que pudiera ejecutar sus planes. En Londres, la coproductora Victoria Gregory empezó a trabajar en las complejidades de rodar y montar en el transcurso de un año y en dos continentes. Mientras, en Nueva York, el coproductor Maureen Ryan organizó la parte de documental rodado en Estados Unidos y la reconstrucción de la historia. El director de fotografía, Igor Martinovic, recién terminado el rodaje de la ganadora del Gran Premio del Jurado en Sundance, Padre Nuestro, se unió al proyecto. Y la montadora de Marsh, Jinx Godfrey, aportó su considerable experiencia en la edición de películas y spots publicitarios a la tarea de recrear esa historia "multicapa" en la que habría constantes idas y venidas cronológicas en el relato, tanto en tiempo como en espacio.
Copyright de texto e imágenes © Vertigo Films. Reservados todos los derechos.
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