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"Memorias de una geisha" (Rob Marshall, 2005)

Índice de Artículos
"Memorias de una geisha" (Rob Marshall, 2005)
Cómo se hizo
La elección del reparto
El rodaje
Las artes de una geisha
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Memorias de una geisha

Desde antaño, las geishas han sido objeto de fascinación en Japón y en todo el mundo. Durante siglos, salían de sus casas al anochecer, como mariposas de sus capullos, para atender los compromisos que les aguardaban en las casas de té.

En Japón, las veladas dedicadas a fomentar las relaciones sociales siempre han desempeñado un papel importante en los negocios y la presencia de una geisha favorece la imagen del anfitrión que puede permitirse una compañía tan exclusiva.

La geisha no es ni una esposa ni una prostituta sino una artista que se gana la vida entreteniendo a hombres poderosos.

La palabra gei (que se pronuncia “gay”) en japonés significa “arte”. Una geisha recibe una completa formación en baile, canto y música y es, a su vez, una brillante conversadora. Ríe las bromas de su cliente y nunca revela los secretos de este. Las geishas despiertan sensaciones con un simple movimiento de abanico.

Largos años de esfuerzo y disciplina la han transformado en una criatura refinada, pero bajo las envolventes capas del kimono y una máscara inexpresiva de maquillaje se encuentra una mujer de carne y hueso, con sus propias vivencias, desengaños e ilusiones.

Aquellos secretos que guarda con mayor celo son los de su propio corazón.

Los barrios de geishas, que Arthur Golden describe con tanta fidelidad en su novela, siguen existiendo hoy en día y las auténticas geishas siguen entreteniendo a sus clientes en vetustas y elegantes casas de té. Se visten, se acicalan y actúan como llevan haciendo desde hace siglos.

Las mujeres que en la actualidad deciden convertirse en geishas lo hacen movidas por un interés por este arte tradicional y es probable que sólo ejerzan esta profesión durante unos años. Antaño consideradas las mujeres más sofisticadas de Japón, las mejores geishas eran supermodelos de su tiempo hasta que el término “moderno” comenzó a identificarse con lo occidental.

Memorias de una Geisha comienza en 1929, casi al final de la edad dorada de las geishas. Narrada como una fábula sobre un mundo avocado a su desaparición, la película se desarrolla en un hanamachi -o barrio de geishas- ficticio.

Conforme Sayuri (Zhang Ziyi) se adentra en este mundo oculto, va aprendiendo que a una geisha no le está permitido amar o elegir libremente su propio destino. Su mentora, la legendaria geisha Mameha (Michelle Yeoh), conoce a la perfección los límites de una relación íntima con un danna, o cliente especial, y enseña a Sayuri a controlar sus sentimientos. A diferencia de Hatsumono (Gong Li), la desafiante rival de Sayuri, Mameha sabe que una verdadera geisha no puede permitirse regalar su pasión a ningún hombre.

Pero Sayuri no puede olvidar un gesto de amabilidad que la sorprendió siendo una niña, y el recuerdo de ese momento, que resplandece como un espejismo, la acompaña a lo largo de años de sufrimiento.

Volviendo la vista atrás, Sayuri recuerda a “una niña con más valor de lo que imaginaba” y afirma que “No se trata de las memorias de una emperatriz o de una reina. Son unas memorias muy diferentes”.

Es fácil de entender lo que Zhang Ziyi sintió al leer Memorias de una Geisha, de Arthur Golden. “No podía creer que un hombre hubiera escrito esta novela sobre la vida de una mujer”, afirmó la actriz. “Y mucho menos que un norteamericano diera todos esos detalles sobre una subcultura japonesa tan poco conocida”.

El director Rob Marshall, que se recreó en el exotismo en el que se desenvuelve la historia, afirmó estar conmovido por la universalidad de la difícil situación de Chiyo, que quedó huérfana siendo una niña, y por su triunfo final, después de que un encuentro accidental cambiara el curso de su vida.

“La historia refleja un mundo muy específico, pero el tema subyacente del triunfo del ser humano por encima de todo obstáculo llega a cualquier cultura”, afirmó Marshall. “El hecho de que esta niña sobreviviera tras haber sido apartada de su hogar y vendida como esclava y, finalmente, encontrara el amor es algo que me conmueve muchísimo, sobre todo al tratarse de un amor prohibido”.

Estos conceptos de esperanza y supervivencia animaron a los productores Douglas Wick y Lucy Fisher, socios en Red Wagon Entertainment, a embarcarse en la adaptación cinematográfica de la novela. “Teníamos una protagonista triunfadora en un mundo extraño y suntuoso y la historia pedía a gritos que la llevaran a la gran pantalla”, comentó Wick.

Wick, el productor ganador de un Oscar por Gladiator, adquirió los derechos de la película poco después de la publicación de la novela e hizo llegar una copia a Amy Pascal, presidenta de Columbia Pictures (por entonces al frente de la producción del estudio). Fisher, entonces vicepresidenta de Columbia Tristar Motion Picture Group, afirmó: “Era tan apasionante que no podía dejar de leer el libro. Todos pensamos que era una historia perfecta para llevar a la gran pantalla, por los personajes y la grandeza visual”.

Sinopsis

Ambientada en un mundo lleno de misterio y exotismo que aún hoy sigue hechizándonos a todos, la historia tiene lugar en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, cuando una niña japonesa es separada de su humilde familia para trabajar como sirvienta en una casa de geishas.

A pesar de que se cruza en su camino una rival traicionera, que casi consigue quebrar su entereza, la niña se convierte en la legendaria geisha Sayuri (Zhang Ziyi).

Hermosa y dotada de un gran talento, Sayuri cautiva a los hombres más poderosos, pero sobre ella se cierne la sombra de un amor secreto, un hombre al que ella no puede aspirar.

 



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