
Desbordante de entusiasmo y dotada de cierta finura, Morning Glory es una de esas infrecuentes comedias que, aun estando dirigidas a un público masivo, respetan la inteligencia del espectador. La película de Roger Michell entretiene sin altibajos y atesora unas interpretaciones espléndidas. No hay duda de que el productor J.J.Abrams puede sentirse satisfecho.
Hubo un tiempo en que las comedias luminosas –en todas sus variantes, desde la screwball comedy hasta la comedia sentimental, o "de teléfono blanco"– estuvieron tan mal vistas como ahora. Para que los críticos se tomen en serio el género hace falta que los guiones tengan doble o triple sentido, añadan importantes dosis de crítica social, liberen un torrente de humor negro o escatológico, retraten a personajes desarraigados, o simplemente, prescindan del happy end.
Roger Michell, a quien recordarán por Notting Hill, no hace caso a los críticos sino a un público estadísticamente más amplio, y a su modo, se propone caminar junto a todos aquellos comediógrafos que, en otra época, hicieron que los espectadores mayores de quince años acudieran en masa a los cines.
Escrita por la autora de El diablo viste de Prada, Aline Brosh McKenna, Morning Glory refleja –e idealiza, ¿por qué no?– el mundo de la televisión, reflexionando sin demasiada hondura en ese debate que, impulsado por la medición de audiencias, ha ido arrinconando el periodismo serio en beneficio del espectáculo más pueril, grosero y olvidable.

Aunque su referente más obvio y profundo sea Al filo de la noticia (Broadcast News, 1987), el guión de Morning Glory no pretende ser el gran estudio sobre los medios de comunicación modernos. En realidad, su aspiración, mucho más modesta, es la de convertirse en un entretenimiento con clase, al estilo de aquella otra estupenda creación de James L. Brooks que fue La chica de la tele (The Mary Tyler Moore Show, 1970–1977).
Rachel McAdams interpreta a la productora Becky Fuller con optimismo, encanto y ritmo excepcional, cuidando los matices del personaje en cada fotograma. La arropan un impecable elenco de secundarios y dos glorias del cine con ganas de demostrar un par de cosas: Harrison Ford, en el papel de un desilusionado e irritable periodista de la vieja escuela, y Diane Keaton, como la presentadora arquetípica de magazine matinal.
Juntos construyen una sitcom inteligente, con personajes tan bien perfilados como el jefe Jerry Barnes (Jeff Goldblum), el enloquecido hombre del tiempo Ernie Appleby (Matt Malloy) o el galán de la función, Adam Bennett (Patrick Wilson).
Frente a la energía juvenil de McAdams, Ford demuestra que la experiencia es un grado. Su timing para la comedia acaso no le proporcione premios, pero sin duda divertirá a una audiencia mayoritaria. Por cierto, no pierdan ojo de esa escena en la que comparte mesa con tres vacas sagradas del periodismo americano, Morley Safer, Chris Matthews y Bob Schieffer.
Sinopsis
La productora de noticias locales Becky Fuller (Rachel McAdams) por fin ha conseguido el trabajo de sus sueños en la gran ciudad: encargarse del programa matinal de noticias Daybreak en Nueva York.
Sin embargo, ya desde el primer día, el sueño amenaza con convertirse en una pesadilla. Tiene todo el coraje, las agallas y la destreza que pueda necesitar una mujer para triunfar, pero un gran obstáculo se interpone entre Becky y su ascensión a la cumbre: el legendario Mike Pomeroy (Harrison Ford), un estrafalario, chulo y nada cooperativo presentador que está a punto de convertirse en la peor lacra para ella... y en su única esperanza para poder cambiar el destino del programa matinal de noticias con menos audiencia de Norteamérica.
Cuando Becky llega a Daybreak, hasta la emisora ha tirado la toalla por ese programa y su desesperante tendencia a la baja, que además tiene la reputación de devorar y eliminar a los productores más curtidos antes incluso de que el sol se levante del todo.
Aunque no tiene ninguna experiencia en noticias nacionales, Becky está decidida a ser diferente.
Desencadenando una hilarante batalla de cerebros, decide intentar algo nuevo: mezclar el estilo brusco y autocomplaciente de Pomeroy, el antiguo presentador de la tarde, con la verborrea desenfadada, la seguridad y los aires de diva de quien lleva mucho tiempo como presentadora de la mañana, Colleen Peck (Diane Keaton)
Tiene todos los ingredientes para un desastre de los gordos (a medida que los egos empiezan a chocar y Pomeroy pretende ser el primero en cubrir cualquier noticia, ya sea el tiempo, los cotilleos o, Dios nos asista, la cocina), y pronto Becky estará luchando por salvar su reputación, su trabajo y un incipiente romance con otro productor (Patrick Wilson) que pensó que nunca encontraría.
Sin embargo, cuanto más se enfrenta Becky a los cínicos y hastiados, más comienza a creer en sí misma y en el potencial de Daybreak. El resultado es una comedia sexy e inteligente acerca del primer triunfo de una mujer trabajadora que va descubriendo que, independientemente de lo imposible que sea la gente que hay a tu alrededor, todo es posible si pones el corazón en el empeño.













































































