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Nine, la película de Rob Marshall

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Nine, la película de Rob Marshall
Cómo se hizo
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NineCon Nine, vuelve a las pantallas el musical rodado al estilo luminoso y efectista de nuestra época. Bajo las órdenes de Rob Marshall, esta pieza que triunfó en Broadway en 1982 se convierte en una sofisticada película, interpretada por Daniel Day-Lewis, Judi Dench, Nicole Kidman, Marion Cotillard, Penélope Cruz, Sofía Loren y Kate Hudson.

Fue el 12 de abril de 2007 cuando la revista Variety dio a conocer que Rob Marshall rodaría una versión de Nine para The Weinstein Company. Entre las credenciales de Marshall figura otro musical de éxito producido por dicha compañía: Chicago.

A través de la misma publicación, supimos en mayo de 2008 que el papel protagonista sería interpretado por Daniel Day-Lewis. Previamente, lo había rechazado un exhausto Javier Bardem, y no es casual que otro actor español, Antonio Banderas, hubiese encarnado al mismo personaje en los escenarios. Decepción es la palabra que mejor define el sentimiento de este último cuando supo que no encabezaría el elenco de esta superproducción.

De acuerdo con su costumbre, Daniel Day-Lewis se acercó a su personaje a través de un método radical: la inmersión absoluta.

Para dar vida a Guido Contini –el director de cine alter ego de Federico Fellini– Day-Lewis aprendió italiano y ordenó que su sala de vestuario estuviera decorada como una típica oficina de los años sesenta, repleta de recuerdos cinematográficos de la época.

Su compromiso se advierte en una película que te asoma a un universo de imágenes sensuales, a una mitología estilizada y cool que prospera en la rutilante Italia de los sesenta, con las ventanas abiertas a los Estudios Cinecittà, a la Piazza del Popolo, a la Via Veneto...

Disfrutar de Nine no es difícil. Gracias a una fabulosa puesta en escena, Cinecittà se convierte en la capital del entusiasmo, y esas fantasías femeninas que rodean a Guido interpretan números memorables a fuerza de puro talento.

Es casi impagable ver a Marion Cotillard apropiándose de cada estrofa de "My Husband Makes Movies" o a Nicole Kidman cantando "Unusual Way". Penélope Cruz inyecta picardía al tema "A Call from the Vatican" y Judi Dench despliega autoridad en "Folies Bergères". Y cómo no sonreír ante ese ciclón kitsch en que se convierte Kate Hudson cuando canta "Cinema italiano".

Resulta paradójico que algunas vacas sagradas de la crítica norteamericana se hayan empeñado en restar importancia a Nine. Carece de estilo, dicen unos. Su exuberancia está hueca, dicen otros. Y los más atrevidos insisten en comporarla con la cinta que dio origen al musical: Fellini ocho y medio. ¿Pero es que acaso debemos comparar El Hombre de La Mancha con el Quijote o Sunset Boulevard con El crepúsculo de los dioses?

No hagan caso de tales prejuicios. Nine funciona como un entretenimiento de primera clase, tan distinguido, cálido, nostálgico y vibrante como un buen Dry Martini.

(Copyright © Guzmán Urrero)

Sinopsis

La galardonada e innovadora sensación de Broadway que fue el musical Nine, inspirado en la película 8 1/2, de Federico Fellini, es reinventada en este film que dirige Rob Marshall, realizador nominado al Oscar, responsable de dar deslumbrante vida en la pantalla grande al musical Chicago (Chicago, 2002).

Basada en el musical de Broadway merecedor del Tony, Nine, con libreto de Arthur L. Kopit, y música y letra de Maury Yeston, es una adaptación del guión de Mario Fratti. La película cuenta con el guión de Michael Tolkin y Anthony Minghella.

Pasión, fantasía, lujuria, amor, arte, estilo, engaños, sueños —la vida ha sido siempre un circo para el mundialmente famoso director cinematográfico de los años 60, Guido Contini (Daniel Day-Lewis)... sólo que no le es posible escapar.
Con gran renombre por su brillante realización cinematográfica, y deseado por muchos, Guido está a punto de darle una patada a la producción de su altamente esperada novena película, Italia, cuando repentinamente el mundo se le viene encima tanto por lo que se refiere a sus amplios poderes creativos como a su ferviente vida amorosa, pues ambos extremos se evidencian incontrolables a la vez.

Rodeado por todo un panorama de mujeres sorprendentes, su tentadora amante Carla (Penélope Cruz), su devota esposa Luisa (Marion Cotillard), su musa Claudia (Nicole Kidman), su diseñadora de vestuario y confidente Lilli (Judi Dench), una periodista de flirteos de Vogue (Kate Hudson), una aleccionadora prostituta de su infancia (Stacy Ferguson), y su amada mamma (Sofía Loren), Guido busca la inspiración y su posible salvación pues se halla en una situación de caída libre.

El histórico plató 5 de los Estudios de Cinecittà, en Roma, se ve iluminado por los más evocativos deseos, memorias y sueños de Guido, que se transforman en fantasías musicales espectaculares y dinámicas, en tanto Nine se acerca decisivamente al momento en el que Guido debe enfrentarse a sus demonios y gritar: «¡Acción!».



Cómo se hizo

Hay pocos éxitos sensacionales en Broadway que tengan unas raíces tan profundamente cinematográficas o tan sexys como Nine, una historia que habla de arte, sueños, amor, y del regocijo emocional e inspiración que tan sólo pueden hallarse en el cine, y ahora se cierra el círculo con el retorno a la gran pantalla en lo que es una adaptación absolutamente reimaginada bajo la dirección de Rob Marshall, célebre por ser el responsable de Chicago.

Marshall despliega el drama de un artista de mediana edad que ha entrado en crisis y lo hace aplicando su original lenguaje cinematográfico hecho de emoción, música, imaginación y cinematografía cinética, que convierte las vidas interiores del director Guido Contini y de las mujeres que le inspiran en unas conmovedoras fantasías visuales.

Todo tuvo su comienzo en Federico Fellini. Su largometraje de 1963, 8½, una obra maestra que ganó el Oscar, un cuento surrealista y mágico de atrevimiento sin parangones acerca de la crisis creativa de un director cinematográfico, se convirtió en uno de los filmes más comentados, analizados e influyentes de todos los tiempos. Un carnaval rebosante de imágenes que se fusionan en el recuerdo seductor, los sueños, los vuelos de la fantasía, la nostalgia, el humor y los demonios de un hombre, devino para muchos uno de los primeros filmes que expusieron plenamente lo que realmente se siente viviendo en la locura interior y la maravilla de la condición humana moderna. En primera posición, aunque junto a otras cintas de Fellini, inspiró a gente de todo el mundo que anhelaba al sueño de vivir dentro del sensual mundo de una película italiana.

Desde entonces, muchos directores cinematográficos contemporáneos de primera fila han rendido homenaje a 8½ en sus trayectorias claramente personales. Bob Fosse trenzó con su propia vida el tejido surrealista de que está forjado Empieza el espectáculo (All That Jazz, 1979), una historia dominada por la danza de un coreógrafo tan brillante como autodestructivo que trata de hacer las paces con su pasado, sus mujeres y su mortalidad. Woody Allen abordó la cuestión desde una perspectiva absolutamente distinta con su cómica Recuerdos (Stardust Memories, 1980), en que él mismo es el protagonista como realizador desilusionado, dominado por alucinaciones y visitas de extraños, en tanto se enfrenta con el significado de su trabajo y el recuerdo de sus más grandes amores.

Ahora, Rob Marshall aporta su propio entourage creativo, su inteligencia para integrar drama, cine, y música configurando un tejido sin fisuras para 8½, a través del musical Nine.

La versión de Broadway de Nine, con libreto de Arthur L. Kopit y música y letra de Maury Yeston, tiene su origen en otro joven artista obsesionado con Fellini. Yeston llevaba perdidamente obsesionado con 8½ desde que vio la cinta cuando adolescente. Años más tarde, mientras enseñaba música en la Universidad de Yale, en la década de los 70, convirtió la historia de aquella película visionaria de poderosas imágenes en un musical teatral transgenérico, para finalmente emprender viaje a Roma con el objetivo de encontrarse con el maestro y recibir de él sus bendiciones creativas.

A Yeston le pareció que si añadía el factor extra de la música y la danza a la inolvidable capacidad visionaria del director italiano, en torno a la lucha que sostiene un hombre de mediada edad con las mujeres, la lujuria, los anhelos espirituales y la realización creativa... todo aquello se integraría en Nine.
Cuando la producción tuvo la première, el 2 de mayo de 1982 en el 46th Street Theatre, fue un éxito atronador.

Dirigida por Tommy Tune, Nine ofrecía la inusual combinación de un único protagonista masculino rodeado de 24 actrices representando cada una de las facetas del poder, la fuerza y la belleza femeninos. El espectáculo tuvo 729 representaciones y se convirtió en la obra que se hacía obligatorio ir a ver, deslumbrando al público con un diseño de estilo exquisito, visualmente sorprendente e inventivo, y por unos números musicales muy llamativos; la producción logró cinco de los Tonys de aquel año.

El encanto de aquel show continuó con el reestreno en Broadway, que le signifcó otro Tony en 1982, además de incontables giras y producciones regionales.

Pero Nine estaba destinada a sobrellevar otra transformación artística de regreso al medio original que la inspiró: el cine. La idea surgió cuando Rob Marshall y Harvey Weinstein comenzaron a buscar un nuevo proyecto que siguiera al de Chicago, la espectacular historia de un crimen en época de la Ley Seca que revolucionó todo el concepto de la mezcla de drama con música y danza, y que significaron seis premios de la Academia, entre ellos, el de mejor película.

Entre tanto, Marshall efectuó su galardonada adaptación de Memorias de una geisha (Memoirs of a Geisha, 2005), merecedora de seis estatuillas del Tío Oscar. A finales de 2006, él y Weinstein anunciaron que su próximo proyecto juntos iba a ser Nine.

Del mismo modo que Fellini le había concedido personalmente a Maury Yeston absoluta libertad creativa para que éste usase los elementos de 8½ como arcilla en manos del escultor con el fin de crear su trabajo teatral, así ahora era Yeston quien permitía lo mismo a Rob Marshall para lograr una nueva vida de la pieza para la pantalla.

«Me encantó saber que Harvey Weinstein quería hacer un film de Nine, y todavía me emocionó más que fuera Rob Marshall quien dirigiera el mismo» —comenta Yeston—. «Estoy profundamente convencido de que el cine es un arte del director, y quería que Rob se sintiera absolutamente libre a la hora de adaptar y transformar mi obra para el escenario, y así sacar el máximo provecho de un medio y unas posibilidades tan distintos como los del cine. Literalmente, le dije a Rob: ‘imagínate que me he muerto, porque has de enfocar esto con la máxima libertad y entregarte todo tu a la empresa.’ Todo el mundo sabe que uno no puede limitarse a situar la cámara en el escenario y ponerse a rodar. Era del todo inevitable para el director redefinir Nine en todos sus elementos, y eso es precisamente lo que ha hecho Rob.»

Y continúa: «Siempre me he sentido obligado personalmente para con Fellini, quien de modo tan generoso me permitió adaptar su obra maestra, quien confió en que respetaría y honraría su obra. Y ahora, Rob me ha correspondido con este regalo, y también a Fellini, logrando honorar la película.»

Marshall y Weinstein contrataron a dos guionistas con el único objetivo de que aportaran sus respectivas visiones para hacer de Nine un drama musical: Michael Tolkin, guionista y director nominado al Oscar; y el finado Anthony Minghella, guionista y director ganador del Oscar, él mismo de ascendencia italiana y sumido en un profundo amor por las películas italianas. Lo que escribieron no sólo se vio inspirado por Fellini, Kopit y Yeston, sino también por sus propias experiencias personales en el terreno de la realización cinematográfica, la imaginación y la vida, en su calidad de laureados cineastas sometidos a mucha presión. (Minghella fallecería antes de que la producción de la película estuviera terminada, lo que convierte a Nine en su último trabajo.)

Simultáneamente, Marshall comenzó a organizar audiciones con una lista integrada prácticamente por todas y cada una de las actrices principales de Hollywood y de más allá, porque siempre creyó que el guión debía escribirse teniendo bien claro el reparto en lugar de hacerlo del modo inverso. Marshall, junto a su socio creativo John DeLuca, tuvieron sesiones de trabajo de canto y danza con prácticamente cada estrella femenina de renombre en tanto el guión todavía se estaba forjando.

Mientras tanto, Yeston le dijo a Marshall «llámame cuando me necesites», y tres semanas después del primer encuentro, estaba en la encrucijada. Muy poco después, Yeston se encontró con Marshall y John DeLuca alrededor de un piano para empezar el proceso de añadir tres canciones plenamente nuevas para una banda sonora de expresividad única.

La idea llenó de júbilo a Yeston. «Hablamos respecto al hecho de que el espectáculo teatral presentaba varias canciones inspiradas en la realidad que aquí tenían que reinventarse con miras a que encajaran en el concepto de la película: las canciones existen como una fantasía en la cabeza de Guido, de tal modo que la cinta necesitaba esas nuevas canciones. Para mí, era la oportunidad de reimaginar mi propio trabajo precedente para la película» —comenta—, «y no hubiera podido estar más motivado o satisfecho por escribir nuevas canciones en un registro artístico distinto y para estrellas tan brillantes.»

Pese a la larga distancia de décadas, a Yeston le pareció que los personajes parecían tan vivos como siempre, particularmente con el dinámico reparto del film. Escribió la canción de cuna “Guarde La Luna” pensando en Sofía Loren como la adorada madre de Guido. «La canción original para la madre de Guido en la versión teatral es una canción quintaesencial para soprano, y Sofía Loren no es una soprano, de tal modo que la canción no tendría el mismo efecto» —sigue explicándonos—. «Mi propósito estaba en escribir una canción para Sofía que conservara el mismo efecto lírico y musical pero que se ajustara a su rango vocal, e incluso más, a la mismísima esencia de esta mujer extraordinaria cuyo ADN es parte integral del tejido con que está confeccionado el cine italiano. Tomé algunos pasajes muy evocativos de la canción “Waltz” del Nine teatral y lo transformé en esta otra.»

Yeston también escribió una nueva canción para Marion Cotillard, dando vida a Luisa, la esposa que está harta de Guido: el poderoso tema “Take It All.”

Originariamente, tenía que ser un trío para Cotillard, Nicole Kidman y Penélope Cruz, pero cuando la idea resultó no congeniar con la narrativa, surgió una nueva idea. «Rob y John propusieron una premisa para la canción que abría completamente todo un nuevo mundo para mí» —precisa Yeston—. «Fue la oportunidad de brindar a la maravillosa Marion Cotillard, cuyo talento es manifiesto, un número asombroso y conmovedor, y eso es lo que nos da en pantalla.»

Por último, Yeston escribió “Cinema Italiano,” una festiva oda a la perdurable influencia de la cultura pop de las películas italianas, que interpreta Kate Hudson dando vida a la periodista de la revista Vogue, ducha en estilo. «Kate posee una voz espectacular y es una gran bailarina, de tal modo que queríamos para ella un número vigoroso, pródigo en danza y canto» —comenta—. La canción resultó ser una gran idea por unos motivos que so se hicieron inmediatamente evidentes. Devino un modo divertido e ingenioso de mostrar al público de hoy en día cómo en 1965 las películas italianas eran la nueva ola generadora de entusiasmo y la absoluta cumbre del logro cinematográfico del momento. También era el modo de evidenciar cómo las películas italianas no sólo ofrecían al mundo un nuevo estilo cinematográfico, sino también un nuevo estilo de moda, pues ese reino de corbatas estrechas y coches deportivos y veloces se convirtió en un estilo de vida al que la gente de todas partes aspiraba. Kate asumió todo eso y lo llevó hasta un nivel impensable.»

Tras el rodaje en los platós de Londres, el reparto y el equipo técnico se volvieron a encontrar para rodar en el mismo lugar en que nacieron las películas de Fellini: los Estudios Cinecittà de Roma, así como en localizaciones italianas con valor de icono cinematográfico tan conocidas como la Piazza del Popolo, en la Via Veneto y, costa abajo, la ciudad de Anzio.

El ambiente de Cinecittà inspiró a todos, uno de los estudios cinematográficos con mayor solera histórica del mundo. Inicialmente fundado en 1936 bajo el mandato del dictador Benito Mussolini para cumplir con los objetivos propagandísticos (bajo el lema “el cine es la arma más poderosa del mundo”), el estudio florecería tras la contienda bélica, convirtiéndose en la factoría de muchas películas ahora clásicas, entre ellas Quo Vadis (Quo Vadis, 1951); Ben Hur (Ben Hur, 1959); Cleopatra (Cleopatra, 1963); El padrino. Parte III (The Godfather: Part III, 1990); El paciente inglés (The English Patient, 1996); y Gangs of New York (Gangs of New York, 2002).

Todos los grandes nombres del cine italiano se hicieron estrechamente familiares para los edificios de terracota a lo largo de las avenidas arboladas que rodean los enormes platós del estudio. En la década de los 50 y los 60, Roma se había convertido en el «Hollywood del Tíber» y atraía hacia la Vía Tuscolana a los realizadores cinematográficos más prestigiosos del mundo.

Copyright de imágenes, notas de prensa y sinopsis de Nine © 2009 The Weinstein Company, Relativity Media, Weinstein Brothers, Marc Platt y Lucamar. Cortesía de Wide Pictures. Reservados todos los derechos.


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