
Cuando Emilio Aragón ha elegido una historia que llevar al cine, no ha tenido que buscar muy lejos. Pájaros de papel es un homenaje a los artistas de variedades –cómicos itinerantes, al igual que la familia Aragón–, sumidos en los pequeños y grandes dramas que afloraron tras la Guerra Civil.
Si algo ha demostrado Emilio Aragón a lo largo de los años es su capacidad para escoger colaboradores. Como productor, sabe exactamente lo que quiere. La única duda es saber en qué medida le acompañará el éxito.
El equipo de Pájaros de papel constituye una prometedora combinación de talentos. No en vano, el realizador ha persuadido a intérpretes tan eficientes como Imanol Arias, Lluís Homar y Carmen Machi para que encabecen un reparto concurridísimo, en el que sobresalen, entre otros muchos, Luis Varela, Asunción Balaguer, Pedro Civera, Fernando Cayo, Diego Martín y el padre del realizador, Emilio Aragón "Miliki".
El equipo técnico va un paso más allá en la misma dirección, e incluye a profesionales muy respetados en el gremio, como el montador José Salcedo y el director artístico Fernando González.
La dificultad técnica que plantea el género al que pertenece Pájaros de papel –un melodrama siempre conlleva riesgos– fue lo que convirtió en indispensable a Fernando Castets como coescritor del guión. Casi no hace falta añadir que Castets, autor de libretos inolvidables como los de El mismo amor, la misma lluvia, El hijo de la novia y Luna de Avellaneda, es otro de los puntos fuertes de Pájaros de papel.
Teniendo en cuenta todo esto, cuesta admitir que los problemas del guión signifiquen algo grave para esta opera prima. Sin embargo, ningún realizador es infalible, y aunque Emilio Aragón demuestra estar muy cualificado para ponerse tras la cámara –su estilo es clásico y preciso–, los vaivenes y desequilibrios del relato deslucen el resultado final.
Un contenido emocional tan rebosante, a menudo rayano en la tragedia, lleno de vicisitudes y atroces cambios del destino, implica desafíos de primer nivel, que en Pájaros de papel no llegan a superarse de forma satisfactoria. Acaso porque su acumulación es tal, que sólo un formato de largo aliento, como el de las miniseries, hubiera permitido atar los cabos sueltos y pulir las aristas de mejor manera.
Así, por ejemplo, esa deriva en forma de thriller que impulsa el tercer acto hubiera resultado más coherente y también más creíble con una tensión construida nítidamente, no como una subtrama un tanto descoyuntada del resto de la historia. De igual modo, la relación entre los personajes de Imanol Arias y el niño Roger Príncep hubiese requerido un poco más de enjundia en sus motivos, desarrollo y desenlace.
En todo caso, que Pájaros de papel pierda garra por debilidades en su andamiaje narrativo, no impedirá que una parte del público simpatice con la apasionada oferta de Emilio Aragón: una cinta sentimental y costumbrista, donde la posguerra no es vista con prejuicios ideológicos, sino como un periodo en el que, a pesar del signo de los tiempos, había que reinventar la esperanza.
(Copyright © Guzmán Urrero)
Sinopsis
Pájaros de papel es la historia de un grupo de artistas de vodevil después de que la guerra les haya quitado todo menos el hambre. El músico Jorge del Pino (Imanol Arias), el ventrílocuo Enrique Corgo (LLuís Homar), la cupletista Rocío Moliner (Carmen Machi) y el huérfano Miguel (Roger Princep) forman, junto a otras almas perdidas, una curiosa familia que intenta vivir y pelear cada día como cualquier otra, con sus miserias y sus alegrías, con el aliciente de su música y sus canciones. Y a falta de pan, buenos les resultan los aplausos.
Entre vencedores y vencidos buscan, más que una oportunidad en la vida, algo que comer o un lugar donde dormir. Pero antes de lo que se imaginan, son puestos a prueba y tienen que tomar decisiones que se convierten en una cuestión de supervivencia.
En una época llena de intrigas y peligros que le reclaman pruebas de adhesión a sangre y fuego, tratarán de continuar adelante hasta llegar a alguna parte donde puedan dormir sin temor. Donde quiera que quede ese sitio.
Nota de Emilio Aragón
No sé exactamente cuándo nació la idea de Pájaros de papel como película. Sin embargo, sí que puedo encontrar momentos de la historia que en ella se cuenta, en muchas de las anécdotas y aventuras que a lo largo de mi vida he escuchado en casa, en las sobremesas, en las celebraciones, y también en lo cotidiano.
Una vez más, siento que el proyecto me elige a mí y no al revés. El ambiente, el aroma, las aventuras de las bambalinas de una compañía de varieté forman parte de mi imaginario personal, y quizás “sacarlas” y compartirlas responda a una necesidad vital. Contar esta historia me ha permitido transitar por lugares y emociones donde creí haber estado antes. Esta vez con la imaginación de un niño, y el corazón de un hombre.
Pájaros de papel pretende ser un viaje a lo mejor de nosotros mismos, una apuesta valiente por lo amoroso de la vida mirando de frente a nuestro propio dolor.
Esta película no habría podido “ser” sin el talento y el amor que cada persona del equipo artístico y técnico ha puesto en el trabajo. Fernando Castets me ha ayudado a contar la historia. Imanol, LLuís, Carmen, Roger y todo el elenco de actores, con su interpretación, me han despertado, una vez más, a la vida…
Nota del guionista Fernando Castets
Dos personas se encuentran por primera vez en sus vidas en una de la situaciones más incómodas que podamos imaginar. A partir de ahí hay dos caminos posibles: Que dicha primera vez se convierta también en la última, es decir debut y despedida; o que de ahí en más solo quede salir del fondo de semejante pozo para avanzar.
Conocí a Emilio en noviembre de 2006 en una cena donde me sirvió el peor de los platos que he comido en mi vida. Y eso que he comido en mi vida… Me pidió elegantemente si era capaz de leer unas pocas páginas sobre una historia que había soñado. Y como ya estábamos a los postres y habíamos comido fantásticamente no tuve otra alternativa.
Me puso a leer delante de él, su esposa y su amiga Itziar la media docena de folios que fue el origen de Pájaros de papel. Lo pidió como él pide las cosas, ni un favor me pareció. Sentí que debía hacerlo pero lo odié, aunque era lo menos que podía hacer luego de aquel steak tartare.
Y entonces viví su historia como si fuese mía. Risas, emociones, artistas, canciones, una épica conmovedora en una época estremecedora y un comienzo y un final que le pedí que me prometiera que lo mantendríamos a toda costa, sucediese lo que sucediese y vayan por donde vayan las historias de nuestros protagonistas.
Dos años y medio más tarde desde aquella cena, con el primer día de rodaje se empezó a consumar el sueño. Mientras tanto, nos hemos emocionado, reído, asustado, atosigado o delirado.
Hemos escrito sabiendo que era lo mejor que jamás se nos había ocurrido y se nos volvería a ocurrir, pero al día siguiente hemos cambiado casi todo para tramar algo nuevo. Hemos escrito y reescrito. Nos hemos hecho amigos para toda la vida mientras confirmábamos que ya éramos amigos de toda la vida. Y finalmente hemos cumplido un sueño.
Emilio cree que es su sueño el que hemos cumplido y me alegra haberle engañado tan bien. En realidad no sabe que al cumplir el suyo lo que ha hecho es cumplir el sueño de cada uno de nosotros.
Eso sí, nunca más le permitiré que me vuelva a leer algo al cabo de una comida.
Nota del director de casting Luis San Narciso
Cuando leí el guión de Pájaros de papel tuve la certeza de que necesita un grupo de actores que pudieran funcionar como una familia, un grupo unido por un sueño común y por una necesidad de salir adelante en un momento de crisis.
Desde el primer momento, supe que el líder de este grupo, el actor que iba a encarnar al protagonista (Jorge del Pino) tenía que ser alguien que fuera capaz de aglutinar inteligencia, carisma, misterio y, cómo no, sentido del humor. Es por todo esto que pensé en Imanol Arias, un actor con el que no había tenido la oportunidad de trabajar y para el que, sin duda alguna, este personaje se ajustaba a la perfección.
Después de estar tanto tiempo “persiguiendo” a Imanol para trabajar juntos, pensar que su vuelta a la gran pantalla haya sido con este proyecto es un orgullo para mí.
Con respecto al mejor amigo de Jorge, Enrique, un personaje de tintes ambiguos, pero con mucha luz, pensé en Lluís Homar. Ya he trabajado con Lluís en otras ocasiones y me fascina su gran talento. Para este proyecto en concreto pensé que su increíble versatilidad y su generosidad a la hora de trabajar era imprescindible para conseguir ese espíritu de “familia” que refleja la película.
Para el personaje del niño, un papel muy complicado, tenía claro que sería Roger Princep, un jovencísimo actor con el que ya he tenido la oportunidad de trabajar en “El Orfanato” o en “Los girasoles ciegos” y que, a pesar de su corta edad, tiene una formación muy completa y técnica.
Y por último, está Carmen Machi, para mí un icono de la interpretación, a la que admiro desde el primer día que la vi en el teatro La Abadía. Carmen es capaz de aportar una verdad y un sentido del humor sin igual a todos los personajes que interpreta; y, en concreto, al que afronta en esta película, se unía el aliciente de tener que cantar, algo que además hace a la perfección.
No puedo estar más satisfecho del resultado que se ha obtenido con este elenco de actores y le agradezco a Emilio la confianza que ha depositado en mí para este proyecto.
Nota del productor ejecutivo Santiago de la Rica
Un niño, unos actores, números musicales, un carromato. Un ventrílocuo. Una guerra.
Una época.
¿Cómo se atrezza el hambre?
La puesta en marcha de un proyecto siempre lleva a hacerse preguntas. ¿Quién es capaz de cantar, bailar, hacer trucos de magia, contar chistes y al mismo tiempo ofrecer una mirada marcada por las huellas de un pasado terrible? ¿Y qué niño conseguiría algo parecido? ¿Quién puede hacer de cupletista vencida por el tiempo y provocarnos una sonrisa cada vez que aparece en pantalla? La experiencia y el oficio empieza por ofrecer respuestas. Pero no todas. Algunas sólo las da el talento.
Además de buscar el mejor reparto posible, el reto ante Pájaros de papel era recrear un tiempo de escasez, dolor y miseria en el que el arte, con mayúsculas y minúsculas, era la calefacción capaz de encender los corazones más desolados. Así que la ambientación tenía que ser muy cuidada: lo viejo tenía que ser viejo, el polvo ser polvo y los músicos, músicos. Y el espectáculo tenía que ser total. Los números musicales tenían que engrasar a la (im) perfección, el atrezzo parecerlo y todo lo contrario, y las bombas y las escenas de acción tenían que ser explosivas, dolorosas, crear ondas expansivas que fuesen más allá de los cascotes. El reto no era pequeño.
Todos los que nos embarcamos en el proyecto éramos conscientes de que estábamos ante una historia intergeneracional, el público de distintas edades iba a reconocer e identificarse con muchos de los elementos. De alguna manera la historia de la película relata dónde empezó una forma de hacer entretenimiento que ha pasado de generación en generación, y de la que nosotros también formamos parte. Eso implica toneladas de responsabilidad.
¿Qué hicimos? El proyecto necesitaba –no podíamos hacerlo de otra forma- a los mejores.
La ternura irónica del guionista Fernando Castets, la intuición del director de casting Luis San Narciso y un equipo de producción encabezado por los profesionales más reconocidos del cine español fueron los mimbres con los que había que construir una canasta firme, compacta, sin fisuras. De esas “de cuando todo se hacía mejor”, de cuando todo era más “auténtico”. De “las de antes”. Y que durase para siempre.
No respondíamos sino a un impulso que ha bañado este proyecto desde la raíz. A una ilusión contagiosa de saber que estábamos preparando una de esas películas “más grandes que la vida”. La vida de quienes de alguna forma han hecho de nosotros lo que somos y que estemos aquí. Pocos regalos mejores que poder participar en algo así... Y ha sido posible gracias a Emilio Aragón. Y también a alguien que en un día afortunado le aconsejó: “Sólo tú puedes hacer esta película. Es tu historia. Hazla”.
Ese día nació... un director de cine.
Emilio Aragón es –como se suele decir- un mago del entretenimiento. Así que todos confiamos en que íbamos a pisar sobre seguro. Responsable del guión, de la música y la dirección, sólo quien sabe cómo mover las teclas adecuadas del “proceso de entretener” desde dentro es capaz de ser generoso, dejarse aconsejar y crear en definitiva un clima de rodaje que, quienes hemos tenido la suerte de vivirlo, sabemos que ocurre muy pocas veces. Éramos, sí, una compañía.
Y fuimos, también desde el principio, ambiciosos. Sabemos que Pájaros de papel reúne todos los elementos que llevan a un producto a ser universal desde lo particular. Queríamos seguir el camino de ese cine europeo de gran factura que acaba por ser reconocido más allá de cualquier frontera. El proyecto nació desde el primer momento con vocación internacional. Desde Buenos Aires a Berlín, sabíamos que los paisajes de la emoción que iba a presentar la película podrían acabar llegando a todo el mundo.
Porque queríamos enternecer, emocionar, hacer reír. Esperamos haberlo logrado. Nosotros hemos puesto todo lo que estaba en nuestra mano para conseguirlo.
Fotografías, sinopsis y nota de prensa publicadas por cortesía del Departamento de Prensa de Hipano Foxfilm.
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