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Hacía bastante que una película de terror independiente no lograba un éxito así. Paranormal Activity, rodada hace un par de años, lo ha conseguido. Y no es para menos, porque su mejor publicidad es su eficacia. De hecho, la película consigue producir miedo a costa de una antigua sospecha: lo que se esconde tras los fenómenos paranormales.
Si me preguntaran por qué creo que toda ópera prima es un billete de lotería y lleva la marca de la fortuna, podría dar muchas respuestas, pero una servirá por el momento: imaginen a un aficionado que rueda una película en su dormitorio, consigue encandilar a Spielberg y logra en taquilla unos beneficios descomunales.
En cuanto al mérito de Paranormal Activity, que así se llama esta producción, cabe decir otra cosa en su favor, y es que despierta ese tipo de simpatía ligera y multitudinaria que ha puesto de moda la web 2.0.
El agraciado por la suerte se llama Oren Peli. A este amateur, predestinado por su apellido, se le ocurrió filmar hace un par de años una historia de terror. Inspirado por éxitos como El proyecto de la Bruja de Blair, Peli decidió emplear los recursos del falso documental sin apenas invertir un dólar.
A partir de un mínimo argumento –una entidad sobrenatural hace la vida imposible a un joven matrimonio–, el bueno de Oren puso en práctica todas las reglas que, según el manual, deben cumplir los principiantes para llevar ventaja. De entrada, no parece que necesite ayuda para promocionarse. Él solo se las apañó para sacar partido de internet y de las redes sociales con el fin de airear los avances de su plan.
Segundo paso: convirtió sus carencias en rasgos de estilo. De hecho, a veces el márketing funciona al revés; a veces un director como Peli, que ha tenido que rodar en su propia casa, repintando las paredes con un par de amigos, consigue transmitir a sus potenciales patrocinadores la idea de que lo suyo es el no va más del cinéma verité y de la improvisación creativa. Al fin y al cabo, si uno filma con videocámara y no posee formación cinematográfica, no hay otro modo posible de hablar de tú a tú con los profesionales.
Ingenioso y oportuno, ¿verdad? Esa es la idea. Además, para despertar cierta credibilidad, Peli entabló un acuerdo con una agencia, la Creative Artists Agency, gracias al cual pudo exhibir su trabajo en el Screamfest Horror Film Festival de 2007.
De ahí en adelante, nuestro cineasta empezó a identificarse con Cenicienta, sobre todo cuando el DVD con el primer montaje de Paranormal Activity llegó a manos de dos ejecutivos de Miramax, Jason Blum y Steven Schneider.
Ejerciendo de hada madrina, Blum contribuyó a que la película adquiriese un tono más presentable. Fue entonces cuando Ashley Brooks, una productora de DreamWorks, se enamoró del proyecto –o eso dice el mito– y empezó a hablar de ello a todas horas con su jefe, Adam Goodman.
El entusiasmo de Brooks era de tal calibre que sus elogios llegaron hasta el ala noble de su empresa. En concreto, hasta el despacho de Steven Spielberg.
Si parece un poco milagroso, lo es. De hecho, milagro es la mejor palabra para describir lo que sucedió con aquella cinta casera de Oren Peli. Después de verla en su mansión de East Hampton, Spielberg seguramente pensó que Paranormal ActivitySospechosos habituales había supuesto para Bryan Singer, Memento para Christopher Nolan o Cabeza Borradora para David Lynch: peliculas independientes pero muy atractivas para el gran público, cuya fama había sido decisiva a la hora de promover las carreras de sus respectivos autores. jamás podría significar para aquel joven lo mismo que
El propio Spielberg se había beneficiado –¡y de qué manera!– de las estupendas críticas recibidas por su ópera prima, El diablo sobre ruedas. Claro que, a diferencia de todas las producciones citadas, Paranormal Activity se parecía más a la grabación de una psicofonía o a una historia de campamento que a una obra narrativa de buena ley.
Con todo, se trataba de un producto audaz y rentable. Así pues, Spielberg decidió financiar el siguiente proyecto de Peli: un remake de Paranormal Activity en el que se corrigieran los muchos defectos del original.
Esta historia hubiera terminado aquí si Jason Blum no hubiera tenido la siguiente ocurrencia: ¿por qué no proyectar la película de su protegido ante un auditorio selecto? Mejor aún, ¿por qué no invitar a dicho pase a los potenciales guionistas del futuro remake?
Aquella sesión sorprendió a casi todos. Parte de la audiencia comenzó a abandonar la sala al cabo de media hora. "Tenemos que enfrentarnos a las cosas como son –pensó Blum–. Todavía queda mucho por mejorar". Asombrosamente, pese a las deserciones, la encuesta realizada entre los asistentes brindó un resultado casi unánime. Al parecer, la película era tan escalofriante que algunos espectadores habían optado por dejar vacía su butaca.
Aquello supuso un nuevo giro en los acontecimientos. En pleno vendaval de ofertas, Paramount Pictures pujó por distribuir la película original. Casi sobra añadir que la opción de un remake quedó descartada.
El resto es historia conocida. Gracias a sus abrumadores resultados económicos, Paranormal Activity lleva camino de convertirse –dicen los analistas– en la película independiente más rentable de toda la historia.
Esto en cuanto a la contabilidad de los beneficios. Quedan las interpretaciones. Porque Paranormal Activity, antes que cualquier otra cosa, es una pepita de oro descubierta en el filón de FaceBook y YouTube.
¿Existe alguna relación entre este salvoconducto a la fama de Oren Peli y otros debuts privilegiados, como Pi, de Darren Aronofsky, o El sexto sentido, de M. Night Shyamalan? A mi modo de ver, casi ninguna. Antes o después habrá que elegir entre el oportunista moderno, al estilo Peli, y ese cineasta joven que antaño se convertía en el primero de la clase, y que era muy capaz de deslumbrarnos desde el primer golpe de claqueta (Pienso en Soderbergh con Sexo, mentiras y cintas de vídeo, o en Tarantino con Reservoir Dogs).
Si de verdad son los mercaderes –y no los artistas o los veteranos de la industria– quienes a mayor altura ponen este tipo de artefactos, ¿tendremos que considerar Paranormal Activity como el triunfo del amateurismo? Lo importante, en tal caso, ya no será competir o ganar por medio del talento, sino acogerse a la publicidad viral, y por derecho, obtener un mayor número de fans en las redes sociales. La taquilla, que nunca se equivoca, así lo ordena.













































































