
La serie cinematográfica Resident Evil llega a su cuarta entrega con el regreso de Paul W.S. Anderson a la butaca de director, un marcado estilo Matrix, tres dimensiones y, sobre todo, delirio absoluto tanto en el guión como en las imágenes. Una locura para tomársela con sentido del humor.
Resident Evil: Ultratumba es una de las películas más estúpidas realizadas en los últimos años, y eso es decir mucho. A lo que más se parece es a otro film también protagonizado por una aguerrida y saltimbanqui Milla Jovovich, aquel Ultravioleta de Kurt Wimmer, aunque un poquito menos extravagante y con efectos especiales mucho mejores.
Pese a la demencia de esta entrega, hay que reconocer que es un film muy vistoso, que entra bien por los ojos y cuyo guión –un cúmulo de frases lapidarias recicladas y clichés– es un detalle meramente anecdótico.
Paul W.S. Anderson vuelve a utilizar el estilo que popularizaron los hermanos Wachowski hace ya una década –bullet time, recursos visuales del manga y los videojuegos, tiroteos a lo John Woo...– , y que supone una de las dos ramas principales del cine actual contemporáneo, siendo el estilo YouTube –planos movidos, montaje ininteligible– la otra moda dominante, mucho más habitual y dañina.
Si bien los Wachowski ya perdieron el favor del público, el estilo que instauraron ha encontrado su heredero –en popularidad– en el cine de Zach Snyder, con sus exitosas adaptaciones de cómic/retablos vivientes.
También goza de cierto culto el director japonés Ryûhei Kitamura (Versus, Godzilla Final Wars, El Vagón de la Muerte), influenciado por Matrix, pero más por el Anime que alimentó la película de los Wachowski.
Uwe Boll o Paul W.S. Anderson, también practicantes ocasionales de esa variedad de acción, no gozan tanto del favor del público, ya que sus películas suelen ser especialmente necias, con excepciones aisladas como Rampage (2009) u Horizonte Final (1997).
Esta nueva entrega de las aventuras de Alice se aleja todavía más de la saga de videojuegos, aunque utiliza los personajes de las consolas –en esta ocasión interviene el esperado Chris Redfield– y recicla algunos detalles de como esas nuevas mutaciones que recuerdan a las Plagas de los últimos juegos.
Pese a ser la cuarta entrega de la serie, no transcurre en España ni tenemos que disparar a gallegos posesos, como sucedía en el juego Resident Evil 4, sino que lo que se nos cuenta una clásica historia de personajes encerrados en un bastión, una especie de rascacielos-prisión-castillo, rodeado de zombies, todo en un entorno post-apocalíptico.
El comienzo del film, tan surrealista como cualquier episodio de la serie animada Aeon Fluxx, sirve a Paul W.S. Anderson para desembarazarse, de la manera más tosca, de todas las novedades que había ido acumulando el personaje de Alice, como los poderes telequinésicos o el ejército de clones.
Se trata de una escena tan estrambótica que da la clave al espectador acerca de seguir viendo el film con el cerebro aparte y la risa preparada o huir ante tanto insulto intelectual. Lo bueno es que ambas opciones son respetables, y prácticamente dependen del tipo de día que uno tenga: o un día tonto o un día en el que no se está para tonterías, respectivamente.
Resident Evil: Ultratumba es una película de acción en la que las hazañas de los personajes siempre son compresibles visualmente, si bien sus motivaciones sólo responden a la lógica de hacer algo vistoso.
Se trata de divertimento recomendable para ver con los amigos y echarse unas risas a costa de la desvergüenza del director. Totalmente desaconsejada para el espectador serio o adulto.
Copyright del texto © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © 2010 Davis Films/Impact Pictures Inc. / Constantin Film International GmbH. Cortesía de Sony Pictures Releasing de España. Reservados todos los derechos.
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