
Basada en la emblemática novela de Chiaki Konata, esta película está dirigida por un especialista en el género de horror, Takashi Shimizhu.
Masuoka, cámara de televisión de profesión, ha grabado el suicidio particularmente violento de un hombre, cuya mirada llena de espanto le tiene subyugado. No parará hasta comprender el porqué de este terror.
Cree encontrar algunas pistas en los subterráeos de Tokio. Siguiendo las huellas de los "Deros" – un pueblo de leyenda que habría invadido el centro de la tierra para atormentar a los hombres – descubre a una joven, encadenada, en estado salvaje. La lleva a su casa y la observa: aún encerrada en su mutismo y postrada, muestra un comportamiento extrañamente animal.
Su exmujer, a la que no reconoce, está preocupada por el juego ambiguo que le une a la chica y apela por última vez a la razón. Peroo Masuoka está en lo cierto: ha visto a Deros en la ciudad, ha comprendido que la joven se alimenta de sangre humana y decide satisfacer las necesidades de su invitada...
Entrevista con Takashi Shimizu
¿Cuál es la primera imagen que le dio miedo en su vida?
De pequeño era muy miedoso. Me gustaba leer historias de miedo, pero era incapaz de verlo en imágenes, porque me resultaba demasiado realista y yo era muy sensible. No empecé a ver películas de terror hasta que no llegué al colegio. Las veía en las casas de mis amigos. Me fui acostumbrando poco a poco. Y entonces, descubrí que se podían hacer películas interesantes, que no había que limitarse sólo a ser cruel y a asustar al espectador. Las películas que más me han impactado en mi vida son "Evil Dead" de Sam Raimi, "La Masacre de Toolbox" de Tobe Hooper, "Zombie: Dawn of the Dead" de Georges Romero y "Suspiria" de Dario Argento.
Recientemente, ¿hay alguna película o alguna imagen que le haya aterrorizado en particular?
Me dedico a hacer películas de terror. Ya no soy un mero espectador. Me he pasado a la producción. Sin querer, me he acostumbrado a todo esto. Últimamente... no hay nada que me dé realmente miedo.
Identificar cosas susceptibles de asustar, en eso se ha convertido mi trabajo.
Cuando era niño, era muy miedoso y ahora se ha convertido en un director de películas que asustan a los demás. Háblenos de esta evolución.
En el cine, me gustan todos los géneros: el terror, pero también las comedias dramáticas y las historias de amor. Quería hacer películas que se desarrollaran en un universo fantástico, cercano al cuento.
Personalmente, no me gusta hacer distinciones entre los géneros. Cuando ruedo una película, lo que me gusta es sorprender al espectador, que pase miedo. Soy como un niño un poco gamberro. Creo que es una característica que se encuentra en todas las películas que hago, incluso en las que no son de terror.
Además, no quiero limitarme a este género.
Me encantaría hacer comedias.
Personalmente, no me gusta ver representaciones de la violencia. Por eso, a veces me da miedo que la gente se haga una idea equivocada de mí y de mi cine.
¿Cómo supera este miedo cuando está dirigiendo una película?
Dirijo mis películas sobre guiones que se basan en mis propias ideas. Por tanto, tengo una visión bastante precisa de lo que voy a hacer, en particular, en lo relativo a las escenas de terror. Cuando tengo frente a mí a unos actores dando vida concreta a mis ideas, soy feliz como un niño. Tengo la impresión de estar gastando una broma pesada a alguien y me río pensando en el miedo que van a pasar los espectadores.
Marebito evoca un gran número de universos fantásticos de todo tipo – el Infierno de Dante, la Teoría de las Tierras Huecas, HP Lovecraft, etc… ¿Cómo ha conseguido mezclar todas estas fuentes de inspiración?
Yo tenía mi propia idea de guión, bastante anclada en la tradición de las películas de fantasmas. Cuando conocí a Chiaki Konaka, estuvimos hablando de nuestros guiones y decidimos tratar un tema que nunca se había tratado; habida cuenta del escaso presupuesto que teníamos para el rodaje, la productora nos dejaba una libertad inusitada que ambos queríamos aprovechar.
Fue Chiaki el que me sugirió que situáramos la película en un mundo subterráneo, luego intentamos construir juntos un nuevo universo a partir de elementos existentes. En particular, me encanta el mundo de Lovecraft y, después de haberme documentado bien, literariamente hablando, me lancé a la aventura de pergeñar un relato propio sobre estos temas.
Sin embargo, ¿situaría usted esta cinta en la tradición de las películas de fantasmas?
No sé a qué género pertenece la película. No es una película de fantasmas, pero me identifiqué con ella como director de películas de terror. Para mí, es sencillamente una película de Shimizu. Más bien había pensado en E.T., en Alien, en un ser de otro planeta. Tenía en mente imágenes, pero no una influencia precisa.
En esta y en sus otras películas, las escenas de asesinatos son realistas y funcionan muy bien. ¿Cuáles son sus fuentes de inspiración?
No me gusta ver escenas violentas, no soy de esos que se divierten navegando por la red para ver imágenes de este tipo. Siempre me planteo la cuestión de cómo rodar estas escenas de la manera más realista posible para sorprender al espectador. En general, me alimento de mi propia imaginación y me inspiro en imágenes o películas que me hayan marcado especialmente. Pero no quiero que el espectador sólo se quede con la parte violenta de mis películas.
La elección de la actriz tuvo que ser complicada. ¿Cómo lo hizo?
En el guión, era una niña. Pero había escenas en las que el personaje tenía que aparecer desnudo. En Japón, como en otras partes del mundo, imagino, está prohibido rodar imágenes de niños desnudos. Habría habido que recurrir a la infografía, y yo no quería. Para mantenernos dentro de la legalidad, buscamos una joven con un aire deliberadamente infantil. Seleccionamos a dos candidatas a las que hice yo mismo las pruebas.
La actriz elegida, Tomomi Miyashita, estaba muy motivada. El director de casting me dijo que en su casa, se pasaba el día desnuda para ensayar. Tanto entusiasmo me impresionó. Estuvimos trabajando con un bailarín de butoh que interpreta a un Dero en la película. Dio clases a Tomomi para enseñarle a moverse de manera diferente al resto de los seres humanos.
En Japón estamos asistiendo actualmente a sucesos terroríficos que, desgraciadamente, se asemejan demasiado a algunas escenas de sus películas y de otras películas de terror. ¿Le asusta la evolución de la sociedad japonesa?
Últimamente, hay cada vez más sucesos sangrientos sin aparentes causas reales, sucesos que no podemos explicar. Esto es lo aterrador. A menudo, se establecen paralelismos entre estos episodios violentos y las películas de terror y creo que ahí es donde tengo que tener especial cuidado.
Entrevista con Shinya Tsukamoto
¿Cómo fue su encuentro con el director Takashi Shimizu?
La productora de Shimizu me llamó por teléfono para hablarme de este proyecto y proponerme el papel. Hace unos 12 años, yo también hacía películas de terror. Me gusta el género. El proyecto de Shimizu me pareció interesante. Tenía ganas de conocerle.
Sentía curiosidad por saber cómo iba a llevar a escena imágenes tan espeluznantes. Y, por eso, acepté la propuesta.
Su interpretación es muy natural, muy realista...
Toda la espontaneidad se la debo a Shimizu. Antes de conocerlo, me imaginaba que sería un tipo bastante siniestro, teniendo en cuenta las películas que hace; pensaba que utilizaría el último grito en técnicas de puesta en escena para dirigir esta película de terror. Pero en el rodaje, el ambiente era más bien distendido.
Por eso estaba tan relajado y, gracias a ello, mi interpretación parece tan natural.
¿Cuál ha sido la escena más difícil de rodar?
No hay ninguna escena en particular. Mi personaje está buscando continuamente el terror. Según los casos, tiene miedo, simula tener miedo o no muestra el más mínimo atisbo de miedo. Por eso tenía que estar en tensión durante toda la película para transmitir su miedo. Mostrarme tranquilo y natural aunque soportando, en el fondo, una gran tensión.
No hay una escena más difícil que otra pero, en su conjunto, el rodaje ha sido una experiencia psicológicamente agotadora.
Además, es una película con poco diálogo. Está dominada por un monólogo que se grabó en un segundo momento, en off. Me resultaba especialmente difícil transmitir a la pantalla los sentimientos de mi personaje sin posibilidad de expresión oral y tratando de ser lo más natural posible.
En la literatura, se ha tratado mucho el tema de la puerta del infierno. En MAREBITO, su personaje es como un guía hacia el infierno. ¿Conocía el mundo subterráneo de Tokio?
Es verdad, en esta película conduzco a los espectadores a un infierno que se encuentra en el subsuelo de Tokio. Si lo pienso bien, era un papel hecho para mí. En las películas que he dirigido, he llevado a los espectadores a un universo oscuro e infernal que se esconde detrás de la ciudad. Mi objetivo es conseguir que los espectadores, cuando vuelvan al mundo real, hayan descubierto algo a través de este periplo.
Por eso podemos decir que el personaje que interpreto en "Marebito" se parece a lo que hago cuando dirijo mis películas.
Como director, tiene más experiencia que SHIMIZU. ¿No le entraban a veces ganas de intervenir en la puesta en escena?
No, en absoluto. No se me ha ocurrido nunca, en ningún rodaje de los que he participado.
Cada rodaje es diferente en función de la personalidad del director y de su visión de la puesta en escena. El único punto en común es que estamos rodando una película aunque ésta sea siempre algo completamente diferente. No quiero ni puedo permitirme intervenir. Me parece más interesante adaptarme al director, observarlo y ver lo que puedo hacer en este contexto.
¿Se preparó específicamente para el papel? ¿Hizo lo que usted como director pide a sus actores?
Me gusta prepararme para las películas que hago. Por ejemplo, cuando hice una película de boxeo, me pasé un año boxeando. Cuando ruedo una película con armas de fuego, hago prácticas de tiro*. En una película de Takashi MIIKE, hacía de mago. Pedí consejo a un mago profesional para los trucos que tenía que interpretar en la pantalla. Pero esta vez, no tenía nada específico que hacer. Me presenté en el rodaje con las manos en los bolsillos. Ni siquiera tenía que aprenderme el papel, porque la mayor parte de la película es un monólogo en voz en off.
En las escenas en las que se me ve cuidando a F en mi casa, pensé que tenía que demostrar una especie de afecto hacia esta niña. Era algo importante para llegar a la escena final. Por eso fui mostrando la evolución de los sentimientos de mi personaje hasta esta última escena.
Copyright de texto e imágenes © Vertigo Films. Reservados todos los derechos.
178 días atrás
8001 días atrás
331 días atrás
3282 días atrás
2551 días atrás
2916 días atrás
8413 días atrás
1848 días atrás
3674 días atrás
4040 días atrás
393 días atrás
393 días atrás
912 días atrás













































































