
Xiaochun lleva tocando el violín desde que tenía edad para sujetarlo. Ahora tiene trece años y ha ganado una larga lista de premios regionales.
Es un chico sensible y tímido que ha sido educado en solitario por su padre, Lui Cheng, un hombre muy trabajador. Ha puesto todas sus esperanzas en la música para el futuro de Xiaochun, y aunque es campesino, sabe que estudiar en Pekín es fundamental para el brillante futuro que tanto desea para su hijo. Armados con sus pequeños ahorros y la determinación de Liu Cheng, padre e hijo emprenden viaje a la gran ciudad dónde Xiaochun tiene una prueba en una famosa escuela de música. Las luces y la magnitud de Pekín impresionan al niño. De repente se ve introducido en un mundo de posibilidades y sensaciones que no había ni imaginado.
Notas de Chen Kaige
Han ocurrido demasiadas cosas desde que era pequeño. Tenía la impresión de que habían destruido la cultura china y me dolía. Cuando digo “cultura” también me refiero al estilo de vida y la mentalidad de la gente. Entonces me negué a tratar el presente porque consideraba que no existía la cultura en la sociedad en que vivía. Hasta hace poco tiempo, cuando todavía estaba soltero, sentía lo mismo. Ahora estoy casado, tengo dos hijos y la influencia de la familia me ha cambiado. Me han ayudado a darme cuenta de que los chinos poseen algo que tiene mucho sentido. Algo que valía la pena contar en una historia contemporánea. Por eso he rodado esta película y es probable que siga tratando temas actuales. He visto muchos cambios en Occidente pero en China he experimentado la transformación de una sociedad. Algunas transformaciones pueden ser beneficiosas y los cambios son muy significativos. Comparado con la China de hace 20 años, la diferencia es enorme. A veces creo que vamos por el buen camino. Quiero seguir expresando mi opinión sobre esta sociedad a través del cine.
Algunos cambios en China son positivos, otros negativos. La verdad es que no sé qué pensar y no puedo dar ejemplos concretos. Mucha gente cree que debemos proteger nuestra identidad cultural como chinos. A menudo pregunto a los demás “¿Qué es lo que nos hace chinos? ¿Es el color del pelo, los ojos, o porque hablamos chino? ¿Hay algo más del que podemos sentirnos orgullosos?” En el pasado estábamos orgullosos de nuestra cultura y por eso hice el corto TEN MINUTES OLDER. Hace seiscientos años el pueblo chino creó la magnífica ciudad de Pekín. Aún existía cuando yo era pequeño. Muy a menudo recuerdo cómo vivíamos en casas tradicionales que ya prácticamente han desaparecido.
El problema es que los cambios se pagan a un precio muy alto. Es un verdadero dilema. Hablo con gente que vive en casas tradicionales y les pregunto por qué quieren trasladarse a apartamentos modernos. Siempre dicen: “Es por la comodidad. Aquí sólo tenemos baños públicos. En un apartamento moderno tendríamos baño propio y más intimidad”. Es comprensible. Entonces les pregunto si no consideran hermosas sus casas e inevitablemente me contestan: “No tenemos dinero para mantenerlas. Cada diez años hay que redecorarlas y no podemos permitírnoslo”. Para conservar estas casas hacen falta ayudas financieras de las autoridades. Y no estoy hablando simplemente de edificios sino que creo que algo muy importante se oculta en estas casas. La parte positiva es que al menos esta gente tiene algo que necesita conservarse. Recuerdo que cuando era pequeño los salarios eran mínimos y no había nada para conservar porque bajo el comunismo la gente no tenía posesiones personales. Desde entonces algunas personas se han hecho tremendamente ricos y entienden la necesidad de ayudar a los pobres. Por supuesto hay muchos pobres en China pero la mayoría de la gente se ha dado cuenta de la necesidad de ayudarse los unos a los otros. Esta evolución es positiva pero hay otras que son negativas. Así es la vida, una mezcla. Los cambios siempre tienen su coste. Ya sé que es fácil criticar y mucho más difícil construir. Quiero ayudar a la gente a comprender la importancia de construir nuestra propia cultura. Lo hacemos a través del cine o de los libros. Siempre tengo en mente la cultura. ¿Qué es la cultura? ¿Qué quieren decir las personas con la palabra cultura? La cultura a veces es invisible pero es muy importante. La cultura es como el agua y el aire. Si tienes sed, necesitas beber agua. En cuanto la gente empieza a llevar una vida decente piensa en el arte. Es un requisito indispensable. Si la gente lleva una vida precaria nunca piensa en el arte o la cultura. Por eso digo que algunos cambios son positivos.
El cine es como la iglesia. Hoy en China los programas de televisión atraen audiencias enormes e influyen en la gente. La gente me pregunta cuál es la diferencia entre el cine y la televisión. Digo que los programas de televisión son como un salón de té chino. La gente se sienta y habla. El cine es distinto. Te sientas en una sala oscura, debes estar tranquilo e involucrarte con lo que ves en la pantalla. Rezas y es como una ducha espiritual cuando ves una película. Te da una gran satisfacción y te dices a ti mismo: “Estoy contento de haber aprendido más sobre la vida y sobre mí mismo”. Estas son las diferencias. Las mismas que entre una iglesia y un salón de té.
No creo en ninguna religión. He vivido y trabajado en ciudades europeas y americanas y he aprendido cosas sobre la cultura europea y americana, aunque no suficientes. Sin embargo, intento identificar las diferencias entre la cultura china y la de Occidente. ¿Por qué algunas cosas son importantes en Occidente y no para nosotros? Si digo que el cine es como la iglesia es porque estoy convencido de que la gente debe tener la posibilidad de creer en algo. La forma que toma es lo de menos. No tienes que arrodillarte y rezar cinco horas delante de una estatua – eso es estúpido – porque necesitas un espacio donde puedes llenar el corazón y el alma y sentirte humano. Es bueno sentir un vínculo con algo desconocido. Como ejemplo, creo que la ópera es la música de Dios. Dios intentaba comunicarse con los humanos y así se inventó la ópera. No soy nada religioso. En la Edad Media en Occidente varias religiones gobernaban el pensamiento del hombre. Al final los intelectuales y otras personas llegaron a la conclusión de que nadie tenía derecho de controlar los pensamientos de los demás. Y sin embargo muchas personas en Occidente sacaron provecho de las religiones. Nuestro problema en China es que nunca tuvimos una religión. A veces la religión une a las personas pero nosotros nunca tuvimos esa posibilidad. Estábamos inseguros de todo. Debido al sistema dinástico no sabíamos a quién creer. Tras la caída de la última dinastía, tuvimos a Mao. Mao y sus pensamientos eran considerados una religión. Creíamos en él pero un día murió. ¿En qué podríamos creer después? Estábamos acostumbrados a verle como nuestro dios. Ahora han cambiado las cosas y no sé lo que vendrá más adelante. Simplemente me parece que es bueno creer en algo.
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