
En otoño de 1960 trece jóvenes se enrolaron en el buque escuela Albatros para iniciar una aventura que cambiaría sus vidas para siempre. Al mando del duro y curtido capitán Christopher Sheldon (Jeff Bridges), los chicos fueron empujados más allá de los límites de la adolescencia mientras exploraban los misterios del Caribe y Pacífico Sur.
Sin embargo cuando se acercaban al final del viaje, el Albatros fue golpeado por un fenómeno de la natureza llamado Tormenta Blanca.
La cinta se inspira en el naufragio del bergantín Albatross, hundido el 2 de mayo de 1961. Utilizado como buque escuela, el navío de la película esta capitaneado por el Dr. Christopher B. Sheldon (Jeff Bridges), a quien sus alumnos llaman "Skipper".
Dos lecciones son sus predilectas: resistencia y disciplina. Entre los jóvenes que se ponen a su mando destacan Chuck Gieg (Scott Wolf), Frank Beaumont (Jeremy Sisto), Gil Martin (Ryan Phillippe) y Dean Preston (Eric Michael Cole).
El modo en que los jóvenes se enfrentan a la Tormenta Blanca se inspira en lo relatado por Richard E. Langford en su libro The Last Voyage of the Albatross.
El guión de Todd Robinson es relativamente fiel a ciertos acontecimientos reales. Se sabe que la pérdida del Albatross promovió nuevas normas de necesaria aplicación en los buques escuela. Dichas reglas fueron codificadas en la Sailing School Vessels Act de 1982.
"Inspirada en un acontecimiento real –escribe Santiago Sánchez González–, nos muestra a un grupo de muchachos que, provenientes de familias adineradas, se embarcan en el bergantín Albatros para una travesía que se acabará convirtiendo en una auténtica aventura. En el viaje aprenderán sobre la vida, la muerte, el sexo; en definitiva, sensaciones que antes desconocían. Al final siempre admitimos que la más importante de las tormentas es la que se encierra en el interior de nosotros mismos. El enfrentamiento con nuestro propio yo. Lo que hace años dio en llamarse forja de almas".
"Rescatados los supervivientes por un carguero –continúa Sánchez González–, los periodistas hacen responsable a Sheldon. Se celebra un juicio en el que está en juego su licencia. El la entrega voluntariamente, pero Chuck –el personaje que recuerda la historia– dice que la culpa no es de nadie, que los riesgos que conlleva el mar fueron libremente aceptados. De pronto, todos los supervivientes comienzan a entonar una canción marinera arrastrados por Shay –otro de los muchachos– y la actitud general abruma al tribunal, que renuncia a privar al capitán de su licencia. (...) La historia conecta con varias de las constantes de Scott a lo largo de su filmografía: la vida es un camino que hay que recorrer a pesar de su dureza, para al final encontrarnos con nosotros mismos, para perfeccionarnos. A veces a costa de grandes sacrificios y en donde el riesgo constituye un aliciente más, siempre posible (...) El recuerdo de Capitanes intrépidos o incluso del propio Lord Jim se encuentra como un eco en esta película. Como así mismo algo del Conrad que Scott utilizara directamente para su primera película" (Ridley Scott, Royal Books, Barcelona, 1996).
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