
En su más remota juventud, David Cronenberg se permitió alguna que otra frivolidad. Pero de un tiempo a esta parte, su cine siempre está subrayado, escrito en cursiva y con la I mayúscula de inteligencia tatuada en la piel de todos sus personajes.
Me pregunto qué habrá pensando un creador que conoce tan bien los recovecos del alma humana al descubrir la obra teatral de Christopher Hampton The Talking Cure (2002), basada a su vez en un ensayo de John Kerr, A Most Dangerous Method (1993).
Está claro que Cronenberg debió de sentir una inmediata afinidad con el trabajo de Hampton: un drama poderoso y desgarrador, ambientado en la Viena de principios de siglo y protagonizado por el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, su discípulo, el psiquiatra Carl Jung, y una paciente distinguida, Sabina Spielrein.
Sobre el papel, este argumento ya resulta atractivo y morboso.

En la pantalla, esos tres papeles están interpretados con sutileza, convicción e inapelable naturalidad por Viggo Mortensen, Michael Fassbender y Keira Knightley, lo cual demuestra que Cronenberg –tal vez porque envejece sin perder el criterio, como les pasa a Coppola y a De Palma– continúa siendo un excepcional director de actores.
Dedico un párrafo aparte a Vincent Cassel (en la piel de Otto Gross) porque hasta cuando no abre la boca es un gran actor. El cine de verdad se hace con tipos como Cassel, cuya presencia es tan abrumadora como atrayente.
Knightley, para sorpresa de muchos, calibra a la perfección las emociones de su personaje, una paciente histérica, estudiante de medicina, pionera del psicoanálisis infantil, amante y paciente del torturado Jung. La densidad del personaje, una mujer culta y dolorida que influyó decisivamente en la obra de sus colegas, queda expuesta por la actriz sin un solo titubeo.

El guión de Un método peligroso es obra del propio Christopher Hampton. Habrá quien lo juzgue teatral, ignorando que la teatralidad no es un rasgo negativo cuando un cineasta entiende la cadencia de un buen diálogo.
Casi sobra añadir que Freud y Jung no son Magneto y el Profesor X. El espectador que quiera recompensarse a sí mismo con una obra como ésta, debe valorar la reflexión, el raciocinio y la penetración psicológica.
A diferencia de lo que sucede en el típico blockbuster histórico, Cronenberg y Hampton confían en la cultura del espectador, y dan por sabidas algunas cuestiones importantes en torno a Jung, Freud y el origen del psicoanálisis.
Un guión así, rodado con esta intensidad, es una de las cuatro o cinco cosas que justifican ir al cine con expectativas.
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Copyright de las imágenes © 2010 Universal Studios. Cortesía de Universal Pictures International Spain. Reservados todos los derechos.
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