
1830. Mientras París se estremece ante la inminencia de la revolución, un terrible misterio se esconde en las sombras más profundas de la ciudad. Y sólo un hombre es capaz de resolverlo. Pero está muerto.
Protagonizada por Guillaume Canet en el papel del carismático Etienne y con Gérard Depardieu como el enigmático detective, Vidocq es un thriller gótico con un ritmo vertiginoso que dejará sin aliento a los espectadores.
Un hombre se agarra al borde de un horno crepitante y encima de él se perfila una figura enmascarada y amenazante. La figura se quita la máscara y Vidocq – ladrón convertido en investigador y maestro del disfraz – mira hacia arriba y cae directamente al infierno.
Así arranca la serie de acontecimientos siniestros que captan la atención de los parisinos en vísperas de la segunda revolución. Muchos quieren saber por qué ha muerto su héroe pero el más decidido a encontrar respuestas es un joven y apuesto periodista llamado Etienne Boisset. Con una determinación inflexible va a los barrios más oscuros de la ciudad en busca de la verdad: recorre burdeles y fumaderos de opio e incluso penetra dentro del sanctasanctórum del escondite de Vidocq. Etienne comienza a encajar las piezas de un puzzle de una depravación inconcebible...
Tres hombres han muerto como si por castigo divino. Tres hombres cuyo negocio de jóvenes vírgenes tenía un propósito aún más extraño e espeluznante que nadie – ni siquiera Vidocq – podía imaginar. Pero cuando se da cuenta de la terrible verdad es demasiado tarde. El final de su persecución le lleva a enfrentarse con su enemigo diabólico, el hombre del espejo, El Alquimista.
Para Vidocq, solucionar el misterio significó la muerte.
¿O no?
Cómo se hizo
Cuando Jean–Christophe Grangé publicó su primera novela – “Le vol des cigognes” (El vuelo de las cigüeñas) – no podía imaginar cómo marcaría el destino de Pitof.
Varios productores se pusieron en contacto con él – intrigados por su visión y su forma “cinematográfica” de escribir – pero el novelista aceptó la oferta de Dominique Farrugia para escribir el guión de Vidocq. Sus instrucciones eran muy claras: Grangé tenía que escribir una historia de detectives ambientada en el siglo diecinueve y Vidocq tenía que ser el personaje principal.
Salvo estas condiciones el escritor tenía carta blanca y rápidamente empezó a llenar páginas con sus ideas. Recurrió en gran medida a su propia imaginación y a la influencia de Edgar Allan Poe y pronto dio vida a una extraordinaria aventura con un antagonista muy poco común: el Alquimista, un asesino con poderes sobrenaturales cuya cara queda siempre oculta detrás de una máscara con forma de espejo. Este “efecto especial permanente”, en palabras del autor, llevó a Dominique Farrugia y su socio Olivier Granier a buscar la ayuda de Pitof, el supervisor de efectos especiales en varias superproducciones (Alien Resureccion, Asterix Y Obelix Contra El Cesar, Juana De Arco).
Pitof estaba trabajando con Dominque Farrugia en Trafic D’influence cuando Farrugia mencionó Vidocq: “Me preguntó si sería posible hacerlo. Acababa de rodar ALIEN 4 – en la que había sido director de la segunda unidad y empezaba a tener ganas de dirigir una película. Recuerdo que le dije a Dominique que Vidocq era como un personaje de mi juventud. También le dije que me gustaría hacer una película de acción y si fuese director me gustaría un proyecto como ese. Pocos días después recibí el guión y lo leí de un tirón. Al día siguiente llamé a Dominique para decirle que estaba dispuesto a todo”. Así embarcó Pitof en esta aventura artística, humana y tecnológica.
El primer paso fue adaptar el guión de Jean–Christophe Grangé.
“Los elementos básicos de la historia no se cambiaron aunque me parecía un poco enrevesada y Jean–Christophe estuvo de acuerdo. Lo primero que hicimos fue desmontar la historia a fin de aislar la estructura y los elementos básicos de la trama. Después pedí a Jean–Christophe que volviera a crear una estructura sin diálogos. La verdad es que tengo una fantasía que consiste en poder ver una película sin el sonido para ver si entiendo lo que ocurre. Quería que la estructura inicial fuese así: una historia que se pudiera comprender sin diálogos. Depués los diálogos servirían para dar más profundidad a los personajes y aportarían información adicional”.
Un aspecto poco usual del guión es que el héroe se muere al principio, lo cual conduce a una serie de flashbacks: “En eso reside la originalidad del guión de Grangé. Lo que me parecía ingenioso era el hecho de que la narrativa existía sin necesidad de subterfugios. La trama es muy lineal, muy sencilla, y cuenta la historia de una investigación llevada a cabo por varias personas diferentes. Etienne es el que comienza la historia habla con un testigo que a su vez continúa la historia y nos cuenta su propia versión de los acontecimientos. Sin embargo, los espectadores nunca pierden el hilo de la historia. Lo más fascinante de este planteamiento es que las cosas encajan de forma natural, sin tener que recurrir a estrategias visuales complicadas, y es muy divertido jugar con él.
La dirección artística
Pitof estableció muy pronto la estética del filme. Para él, Vidocq no iba a ser una película de época. En lugar de pertenecer a una época en concreto, el filme debería tener un ambiente mítico. “El tema del vestuario no me interesaba nada y tampoco el ambiente histórico. Quería plantear el tema como una especie de presagio, una fantasía, una película de época de ciencia–ficción. Por eso mantuve el marco histórico de la historia original pero puse más énfasis en la fantasía que en el realismo”.
Esta decisión tuvo su origen en los cuadros de Gustave Moreau, un artista del siglo diecinueve que fue el mentor de Matisse, entre otros: “Moreau era mi guía artístico y sirvió como referencia visual. Es un pintor “fantástico” en su uso de la luz y los colores, especialmente en el contexto de su época. Cuando analicé los cuadros de Moreau descubrí que eran siempre oscuros y luminosos al mismo tiempo. Creaba fondos muy sombríos, llenos de textura y detalles, pero la imagen no parecía oscura porque la iluminaba con toques de color. Era a la vez oscura y luminosa, casi tenebrosa, pero nunca triste o deprimente”.
Para desarrollar el aspecto visual de Vidocq, Pitof se rodeó de algunos de los mejores especialistas de Francia: “Cuando leí el primer borrador del guión, me vino a la mente una imagen de las cosas. No es necesariamente la imagen que tenemos hoy pero fue una imagen latente. Fue una impresión, un deseo abstracto. Entonces necesitaba buscar a otras personas para ayudarme a concretar lo que había sentido al leer el guión. Tras contemplar las obras de Gustuve Moreau me puse en contacto con Marc Caro y Jean Rabasse”.
De esta manera Marc Caro – codirector de DELICATESSEN y LA CIUDAD DE LOS NIÑOS PERDIDOS – se incorporó al equipo de VIDOCQ. Su misión: dar vida al universo de Pitof. El director explica que “la primera tarea de Marc era trabajar en el aspecto de las caras de los personajes. Al principio no había pensado en ningún actor en particular y le pedí a Marc que hiciera una descripción de los personajes a partir de caricaturas e ilustraciones de la época. Ese período fue extremadamente rico en cuanto a los distintos peinados, patillas, bigotes y mi objetivo era formar un reparto de 1830 y no un reparto contemporáneo. Caro llevó a cabo su investigación y creó el aspecto físico de cada personaje que después se usó para buscar al actor apropiado. La idea era que el aspecto de los actores fuese creíble para la época.
Los otros elementos visuales dependían del diseñador de producción Jean Rabasse. Ha trabajado en algunos de los mayores proyectos del cine francés y ganó el César por VATEL. Con películas como DELICATESSEN, LA CIUDAD DE LOS NIÑOS PERDIDOS y ASTERIX Y OBELIX CONTRA EL CESAR, se ha establecido como uno de los mejores diseñadores de producción de Francia. Pitof se puso en contacto con él “por su enorme cultura visual y por lo sabía de él como técnico. Se siente igual de cómodo con un lápiz que con imágenes creadas por ordenador y se mueve con facilidad en los dos ambientes. Además, me atraía su personalidad estrafalaria. Le encargué el diseño de producción y se hizo responsable del aspecto global de la película, desde las últimas versiones del guión hasta la primera copia del filme. Se complementó perfectamente con Marc Caro”.
El reparto
A la hora de buscar el reparto, Pitof utilizó las descripciones elaboradas por Marc Caro y muy pronto salieron como candidatos obvios Gérard Depardieu, Guillaume Canet, Inés Sastre y André Dussollier. “Habíamos establecido la fisonomía que tenían que poseer los actores y las posibilidades pronto si hicieron evidentes. En el caso de Gérard Depardieu fue muy sencillo: hay muy pocas personas capaces de interpretar ese papel. Además, si examinas los grabados originales de Vidocq, encontrarás el mismo personaje: un tipo con una fuerza hercúlea y tremendamente carismático. Otra cosa que me atraía era la dualidad que comparte con el personaje: la generosidad y amabilidad que posee a veces chocan con la fuerza y la violencia. Guillaume también fue una elección clara. No tenía ninguna duda al respecto y encabezaba mi lista de preferencias. Tiene la aspereza del joven investigador y se combina con un atractivo muy consonante con la época. Lo mismo se puede decir del personaje de Préah: buscaba una mujer muy hermosa pero con un aire algo extraño e inquietante. El ligero acento de Inés también encajaba con el personaje. En cuanto a André, tenía todo lo necesario para expresar el elemento de locura que posee el personaje de Lautrennes. El único personaje con el que tuve dificultades fue Nimier, un ex presidiario con un alma atormentada. Tenía que ser capaz de existir al lado de Gérard, de mantenerse cerca sin pisarle. Con el tiempo opté por un personaje más atemporal y pensé en Moussa Maaskri. Lo que me atraía era la ambigüedad de su cara: no se sabe si es árabe, indio o gitano. Subrayé este aspecto con el pelo largo, los tatuajes y los dientes de oro. Cuando Nimier y Vidocq están juntos tiene que surgir un ambiente inquietante. Además, Nimier es la primera persona con la que Etienne entra en contacto y los espectadores tienen que pensar ‘¡Le comerá vivo!’. Tenía que haber una desproporción con respecto a Guillaume y una coherencia con respecto a Gérard y Moussa lo consiguió de sobra”.
Debutar como director también significa aprender a dirigir actores y significó otro reto para Pitof. “No tenía mucha experiencia en dirigir actores pero pensé que la ventaja de una película de época es que la dirección se hace más sencilla cuando los actores encajan bien en el ambiente. Antes de iniciar el rodaje escribí una descripción de lo que quería que fuesen los personajes. Pensaba que si no pudiera expresar bien lo que quería al menos podía dar a los actores esta descripción. También teníamos un reparto excepcional y suponía que los actores sabrían lo que tenían que hacer. Eso me tranquilizó mucho. Al principio ¡tenía miedo de tener miedo! He visto trabajar a más de cincuenta directores y cada uno tiene su estilo particular. Entonces no tenía un modelo específico a seguir ni ideas concretas sobre cómo comunicarme con los actores. Pero descubrí rápidamente lo maravilloso que es dirigir”.
En Vidocq hay otro personaje principal: un ser que existe fuera del camino trillado. Es el famoso Alquimista.
“La Steadicam crea un punto de vista parecido al que se ve en los videojuegos. Tuve una especie de revelación cuando vi a uno de mis hijos jugando a ‘Tomb Raider’ y me impresionó la película que estaba creando. Lo único que hacía era dar vida a su personaje pero los movimientos de la cámara daban la impresión de que rodaba una película. Era un nuevo planteamiento cinematográfico y quería conseguir esa movilidad con las cámaras. Con una cámara normal necesitas tres personas para moverlo y una toma compleja requiere mucha precisión, ensayos etc. Pierdes algo de frescor y espontaneidad. Esta forma de rodar también da más libertad a los actores y la tecnología fue una gran ayuda”.
La tecnología también influyó en el resto de la película. El planteamiento innovador de Pitof se extendió a la post–producción de VIDOCQ y estableció una nueva estructura que involucró a todos los departamentos. “La post–producción se organizó según el esquema que había visto en ALIEN RESURECCION. Procedimos más o menos de la misma manera en esta película aunque a escala más pequeña. Los montadores, los montadores de sonido y los especialistas en efectos digitales trabajaron en el mismo lugar y hubo una verdadera comunicación. Cuando embarcamos en la aventura de VIDOCQ quería conseguir la misma comunicación y que la post–producción fuese como un segundo rodaje. Quería que tuviera la misma importancia que el trabajo que hicimos en el plató porque en esta fase se revisa cada una de las tomas y se establece el ritmo de la película. Modificamos en gran medida las imágenes que rodamos y para mantener la misma dirección y coherencia quería reunir a la gente para que todos tuvieran la impresión de trabajar con el mismo objetivo”.
En un edificio ubicado en Joinville–le–Pont, cerca de Paris, los montadores, los artistas y los especialistas en efectos digitales (añade Pitof al respecto: “La película es de alguna manera un efecto especial en si misma. Está hecha con muchos efectos especiales pero no se convierte nunca en un filme de efectos especiales”) unieron sus esfuerzos para sacar el máximo provecho de la comunicación. Tras ocho meses de trabajo todos los miembros del equipo emprendieron nuevos proyectos. Y Pitof cogió unos meses de vacaciones.
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