Ciudades malditas en la obra de Lovecraft

ciudadescaruso

Lovecraft visitó en su obra parajes reales e imaginarios. Ese vaivén entre lo auténtico y lo ficticio contribuye a confundir a más de un crédulo, e introduce un inquietante elemento de verosimilitud en sus relatos.

Mucho se ha especulado sobre la verdadera localización de los territorios imaginados por Lovecraft. Es indudable que son regiones que representan zonas de Nueva Inglaterra, pero su localización exacta es dudosa.

Estudiosos de la vida de Lovecraft han realizado viajes en autobús como los que él hiciera, pero no han sido capaces de hallar un equivalente exacto de Dunwich o de Innsmouth.

Arkham

August Derleth sostenía que Arkham correspondía a la tristemente conocida Salem de Massachusetts y Dunwich era una comarca más al norte y al interior, en torno a Wilbraham, Monson y Hampden. Igualmente veía en otra de las míticas ciudades de Lovecraft, Kingsport, la verdadera ciudad costera de Marblehead.

Es curiosa la gran importancia que se ha dado a Lovecraft como creador de este triángulo ambiental.

No usó de igual manera y con igual frecuencia los tres lugares. Sin duda fue la ciudad de Arkham la más recurrente en sus relatos.

Apareció por primera vez en 1921 con el relato “Herbert West: Reanimador” volviendo a ser centro de la acción en 1932 con “Los sueños en la casa de la bruja”. En muchos otros relatos de Lovecraft se menciona a Arkham de pasada, o no es el único escenario de los acontecimientos, como en el relato “En la noche de los tiempos”.

Es la mítica Universidad de Miskatonic situada en esta ciudad, la que cobra mayor importancia, de ella parten muchos de los personajes malditos de Lovecraft, como los de “En las montañas de la locura”, o ella, especialmente su biblioteca, es un templo del saber esotérico y sobrenatural encerrado en los libros malditos que posee. Además de la propia ciudad de Arkham, sus alrededores, sus zonas de bosque y profundos valles, también son escenarios de extraños hechos, como ocurre en “El color surgido del espacio”.

Arkham no deja de ser, donde se menciona, una ciudad maldita y pagana, acostumbrada a albergar entre sus habitantes personas dudosas, amantes de antiguos saberes o practicantes de brujería.

Es una ciudad muy antigua y erudita gracias a su buena universidad; pero también le envuelve cierto halo de misterio que la convierte en uno de los focos favoritos para las amenazas procedentes del exterior. Es, en definitiva, una especie de puerta dimensional.

Kingsport

Otra de las ciudades malditas que aparecen en los Mitos de Chtulhu es Kingsport. Cercana a Arkham y tan antigua como ésta, es una localidad costera, carente del aire decadente de Innsmouth.

Ciudad perdida y ajena al devenir de los tiempos, incluso en relatos como “La extraña casa en la niebla” de 1926 adquiere una dimensión de puerta mágica hacia lo onírico y maravilloso.

Lovecraft la usó y mencionó más que otras localidades, como pueden ser Dunwich e Innsmouth, pero no la dotó de una atmósfera asfixiante y por ello se la recuerda menos cuando se habla de las principales demarcaciones de los Mitos de Cthulhu.

Hace su aparición en el universo de Lovecraft en el relato “El terrible anciano” de 1920. Aquí apenas se la dibuja como una pequeña ciudad costera, normal y sencilla pese a su extravagante habitante, el inquietante anciano. Plenamente integrada en la dimensión de los Mitos, en “El ceremonial” de 1923, adquiere un aspecto más oscuro y sobrenatural, como puerta a los saberes prohibidos y horribles del Necronomicón.

Aquí no es sólo uno de sus habitantes el que adquiere la categoría de extraño, sino prácticamente toda la población que celebra rigurosamente la insólita ceremonia pagana.

Esta doble visión de Kingsport real-mítica, se antoja como una de las frecuentes contradicciones de la obra de Lovecraft, que en ningún momento pretendió unificar sus relatos en un único cuerpo homogéneo.

Innsmouth

Innsmouth es una ciudad más degenerada que Dunwich o Arkham. Esto es algo que Lovecraft pone de manifiesto en el relato “La sombra sobre Innsmouth”.

Como hizo con Dunwich, Lovecraft usa todo su poder de sugestión para crear la atmósfera opresiva, sucia y decadente de Innsmouth, un pequeño pueblo costero perdido e incluso indigno de aparecer en los mapas. Sólo saben de su infame existencia ciertas personas de Newburyport y Arkham ya que existe un viejo autobús de Innsmouth que enlaza con estas ciudades. Sus habitantes en la mayoría de los casos descienden de Profundos, de ahí su extraño y repulsivo aspecto físico.

El pueblo, ahora en decadencia, no tiene interés alguno en los forasteros. Sus antaño ricas industrias de pesca y refinado de oro ya apenas funcionan y muchos de los habitantes del lugar viven recluidos en sus casas, ocultos y esperando su destino: regresar al mar del que proceden.

La única iglesia del núcleo urbano parece atender a una extraña religión pagana y partidaria de sacrificios humanos, es la esotérica Orden de Dagon, cuyo nombre ya nos pone en antecedentes sobre su peculiar naturaleza.

Cerca de la costa de tan horrible pueblo se encuentra un lugar que evoca peores designios, es el “Arrecife del Diablo”, con un nombre más que apropiado para los secretos que encierra y que suelen mostrarse a la luz de la Luna.

Innsmouth es un lugar tan espantoso y prohibido, que “los propios habitantes de la tenebrosa Arkham desean saber nada de este lugar o sus degenerados pobladores”. Su importancia en los Mitos de Cthulhu es radical, al ser el principal foco de los adoradores de Cthulhu en Estados Unidos.

Dunwich

Dunwich, una comarca menos atrayente de Arkham, es el escenario central del relato “El horror de Dunwich”.

Lovecraft se encargó de dar una imagen horrible de este territorio: una región más que maldita, perdida y evitada por todo el mundo.

Su población está formada por antiguos americanos: hombres supersticiosos y huraños, que desprecian a los forasteros. Se limitan a vivir en sus ruinosas y sucias granjas distribuidas por el terreno árido, con escasas plantaciones y mucha naturaleza salvaje y agreste, más propia de regiones sin habitar.

El casco histórico de la región son cuatro casas medio derruidas, una de ellas una antigua iglesia que ha pasado a usarse como comercio.

Es un territorio desolado y salvaje que infunde una rara intranquilidad en los forasteros que lo atraviesan. Éstos incluso se sienten acosados por un extraño hedor al pasar por esta comarca.

Entre las degeneradas familias que habitan allá, hay amantes de la brujería y otras prácticas ocultas. Así que Dunwich es otra de las puertas preferidas por las entidades del exterior.

Copyright de ilustraciones (Santiago Caruso) de "El horror de Dunwich" © Libros del Zorro Rojo. Cortesía del departamento de comunicación de Libros del Zorro Rojo. Reservados todos los derechos.


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