El Círculo de Lovecraft

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Este círculo nace del grupo de colegas y amigos con los que Lovecraft intercambiaba correspondencia. Algunos, como él, eran eficaces escritores de literatura popular.

Lovecraft, partidario siempre de los juegos literarios, no tardó en animar a muchos de estos amigos para que escribieran relatos con elementos propios del terror cósmico como él y enriquecieran el universo lovecraftiano con nuevas criaturas, elementos y míticos lugares.

Es esta también una influencia literaria de Lovecraft que aún no he comentado por su dimensión bilateral: Lovecraft se vio influido por algunos de los trabajos de sus amigos contemporáneos, como él influyó en ellos.

Los escritores que accedieron a este juego se conocieron más tarde con el nombre de “Círculo de Lovecraft” y gracias a ellos se enriqueció el universo de los Mitos de Cthulhu, al levantar con sus creaciones, inconscientemente, el panteón maldito que Derleth se ocupará de resaltar.

Así fue como Clark A. Smith creó entre otros, a los Primordiales Ubbo-Sathla (fin y principio de toda vida), Tsathoggua (un dios comilón con aspecto de sapo) y Atlach-Nacha (una araña enorme y horrible que teje una tela cuya conclusión supone el fin del mundo) que en los mundos de Smith de Zothique e Hyperbórea ejercen más bien de dioses. También creó el “Libro de Eibon”, escrito por un brujo prehumano de Hyperbórea, es un libro que tiene muchos poderosos conjuros. Este libro por supuesto, pasaría a ser un libro canónico más dentro de los Mitos de Cthulhu.

No olvidemos que Clark A. Smith era uno de los autores contemporáneos que más le gustaban a Lovecraft, además de gran amigo suyo.

A Lovecraft le encantaban sus poemas y relatos, que encerraban mucho terror cósmico. De los llamados tres mosqueteros de “Weird Tales”, Robert E. Howard, Lovecraft y Clark A. Smith, es éste último el que posee una prosa más bella y cuidada, por lo que no es de extrañar que Lovecraft adorara su fecundidad de ideas y su poder de evocar adecuadas atmósferas.

Por otra parte, los mundos fantásticos de los héroes de Robert E. Howard están plagados de horrores innombrables; pero además se preocupó de crear terrores más propios de los Mitos de Cthulhu, como el libro maldito “Unaussprechlichen Kulten” o “Cultos inconfesables”.

Escrito por un ocultista llamado Friedrich Wilheim von Junzt, libro de lectura tan horrible como el propio Necronomicón, como se desprende del propio relato de Howard “La piedra negra”.

Otro de los miembros importantes del grupo, Frank Belknap Long, creó las inquietantes criaturas que son los Perros de Tíndalos, cuyo relato del mismo título es uno de mis favoritos dentro de los Mitos de Cthulhu.

En este relato se declara la no existencia del Bien y el Mal entre las criaturas que viven lejos de nuestra dimensión, como son estos aborrecibles Perros de Tíndalos. Es puro terror cósmico del practicado por Lovecraft, una exquisita mezcla de fantasía científica y ocultismo. No es de extrañar que Long se pasara en los años cuarenta a la literatura de ciencia-ficción. También es obra de Long el inquietante primordial Chaugnar Faugn, cuyo destino es devorar un día el universo entero.

Henry Kuttner creó al primordial Nyogtha o Aquel Que No Debería Existir, que tanta influencia genera en Salem y sus cultos malignos.

Robert Bloch creó a esas espantosas criaturas que son los vampiros estelares, cuando se lanzó a un juego literario con Lovecraft que se inicia con el relato de Bloch titulado “El vampiro estelar”. Este relato, que Bloch escribió siendo un adolescente, no sólo está dedicado a Lovecraft, sino que cuenta con éste como uno de los protagonistas de la trama bajo el papel de un ocultista de Providence.

Lovecraft devolvió la pelota a Bloch con la continuación de este relato, titulada “El morador de las tinieblas” donde el protagonista es Bloch con el sobrenombre de Robert Blake y con el mismo trágico destino que el Lovecraft ocultista de “El vampiro estelar”. Años más tarde, tras la muerte de Lovecraft, Bloch continuó este relato con “La sombra que huyó del chapitel” que vuelve a adentrarnos en la horrible iglesia de Federal Hill que Lovecraft había imaginado.

Bloch comenzó a cartearse con Lovecraft siendo un adolescente, y se puede decir que H.P. fue su maestro. No en vano, sus primeros relatos contienen abundante material de los Mitos; él mismo se dio la satisfacción de crear libros malditos que luego se incluirían en el ciclo de Cthulhu. Me refiero a la “Cábala de Saboth”, el “Daemonolorum” y el más conocido “De Vermis Mysteriis” (“Los Misterios del Gusano”) de Ludving Prinn, libro de gran poder por sus descripciones de magia negra. Bloch, además, sintió predilección por Nyarlathotep, al que incluyó en muchos de sus relatos.

August Derleth creó dos de los libros míticos más mencionados: los “Cultes des Goules” del Conde d’Erlette (uno de los propios pseudónimos que le gustaba usar a Derleth, aduciendo que él descendía realmente de nobles franceses) y los “Fragmentos de Celaeno”. Así como fue el padre de los primordiales Itaqua (especie de Wendigo, dios del aire) y Cthugha (opuesto a Cthulhu al ser la representación del fuego elemental).

A la muerte de Lovecraft, la mayoría de los integrantes de su Círculo no continuaron escribiendo terror cósmico: Robert E. Howard murió antes que el propio Lovecraft y Clark A. Smith dejó de escribir unos años después. Kuttner encaminó su escritura hacia la ciencia-ficción y Long, tras escribir la novela de los Mitos de Cthulhu “The horror from the hills” (basada en un sueño de Lovecraft que él mismo ansiaba haber transformado en relato), se decantó también hacia la ciencia-ficción.

Sólo los jóvenes Bloch y Derleth continuaron la tradición del terror cósmico de su maestro.

Naturalmente, hubo aportaciones menores de estos mismos autores o de otros con los que Lovecraft colaboró profesionalmente o como amigo. De sus colaboraciones, las que contienen elementos que luego se incorporaron a los Mitos ce Cthulhu son “El horror del montículo” o “La maldición de Yig”. Entran en ese mismo apartado colaboraciones de Lovecraft con Hazel Heald como “Reliquia de un mundo olvidado”.

Copyright de ilustraciones (Santiago Caruso) de "El horror de Dunwich" © Libros del Zorro Rojo. Cortesía del departamento de comunicación de Libros del Zorro Rojo. Reservados todos los derechos.


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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC