El sistema de mercado. Qué es, cómo funciona y cómo entenderlo

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El sistema de mercado. Qué es, cómo funciona y cómo entenderlo, Charles E. Lindblom, Traducción de Fernando Esteve Mora, Alianza, Madrid, 2002, 327 pp.

La economía del mercado, como todos los lugares comunes, amenaza con volverse algo consabido, o sea ignorado.

Para despejar latiguillos y malentendidos, el profesor Lindblom, de la Universidad de Yale, propone un texto didáctico, ordenado y redactado de modo que se sitúe al alcance de cualquier lego en la materia.

Todas las economías tienen y han tenido mercados, pero no todas se han regido por el sistema de mercado, que se basa en una organización montada por los vendedores y los compradores, sin una dirección exterior y única.

Resulta ser, entonces, más que un artilugio económico, para convertirse en un sistema de coordinación de todas las actividades sociales.

En efecto, más allá de su apariencia de autonomía, dejar hacer y aún dinámica caótica, el sistema de mercado es el más riguroso de los conocidos en cuanto a planificación económica.

Es, por añadidura, una maquinaria de relación entre sujetos y de control de sus conductas.

Y, en otro sentido, como bien explica Lindblom, aunque sus defensores doctrinales lo sitúan fuera de la órbita estatal, en él actúa de modo decisivo el Estado mismo por medio de subvenciones, compras, préstamos, programas de bienestar social, promoción de ventas al exterior, oferta de dinero y crédito.

Entre las virtudes del sistema, el autor apunta la formación de precios óptimos, la reducción de costes y la creación de motivaciones en el comprador, que acaba siendo toda una cultura de relaciones con los sujetos y con las cosas.

Entre los defectos cuentan la formación de precios irracionales, el ahondamiento de las desigualdades sociales, la ignorancia del cliente respecto a los objetos que adquiere, la reducción de la economía a la optimización del beneficio, la monotonía de las transacciones cuya única finalidad es la reducción de costes y la maximización de las ganancias.

Lindblom señala que, hasta ahora, visto el fracaso de los sistemas estatalistas, no hay alternativas radicales al sistema de mercado pero sí alternativas dentro del mismo.

Si bien el sistema impregna a toda la sociedad, no la sustituye.

Ha de ser una parte de ella si no queremos que la sociedad deje de funcionar como tal y se convierta en un gigantesco mercado, en el cual los ciudadanos ya no serán más que clientes y compradores.

La conclusión del autor no es económica sino política.

Se trata siempre de llegar a saber qué sociedad queremos.

Copyright © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.


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