Mañana será otro día

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En contra de lo que afirman algunos autores, la sabiduría popular plasmada en refranes y proverbios es voluble y no siempre merece respeto.

La reiteración de este tipo de expresiones a lo largo del tiempo no les añade otro mérito que el meramente estadístico. Qué duda cabe: hay sentencias excepcionales, que concentran en dos líneas una reflexión filosófica. Pero no son pocos los dichos, y en no pocas de sus variantes, en los que se certifica el abandono de cualquier intento de justificación intelectual. Por eso nos agrada traer a colación una frase feliz, de esas que merecen ser repetidas sin recato.

Mañana será otro día. He aquí, a mi juicio, una formidable expresión. Con ella se recuerda, de forma consoladora y ante una circunstancia adversa, la inestabilidad de las cosas humanas. A un tiempo, también puede emplearse a modo de pícara excusa: postergando la ejecución de una determinada cosa hasta el día siguiente.

Francisco Rodríguez Marín (1855-1943), con el ansia noble de buscar sentido a este dicho, incluyó el modismo en sus Cantos populares españoles (1882-1883).

Miembro de la Real Academia y director de la Biblioteca Nacional de Madrid, don Francisco volvió a sondear el habla popular en la obra lexicográfica Dos mil quinientas voces castizas y bien autorizadas que piden lugar en nuestro léxico (1922).

Su autoridad en este campo resulta, por consiguiente, de excepcional importancia. Según indica el sabio, los andaluces dilatan la frase y apuntan hacia su sentido genuino: Mañana será otro día y verá el tuerto los espárragos. Tal era la fórmula original, sujeta a un muy claro vínculo con una anécdota que ahora mismo requiere su glosa.

Dice Rodríguez Marín que el tuerto del dicho salió a recoger espárragos en la oscuridad de la noche.

Sumemos la tiniebla nocturna a su defecto ocular, y entenderemos por qué, al no acertar en la furtiva recolección, dijo el tuerto aquello de mañana será otro día.

José María Iribarren recoge dos variantes de la misma expresión. La primera corresponde a Gonzalo Correas, autor del Vocabulario de refranes y frases proverbiales y otras fórmulas comunes de la lengua castellana, que dice así: Amanecerá Dios, y verá el ciego los espárragos.

En el Quijote encuentra Iribarren la segunda formulación del proverbio: Amanecerá Dios y medraremos.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, bajo seudónimo, en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.


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