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El arte cibernético

Índice de Artículos
El arte cibernético
Fundamentos tecnológicos de la infografía
Imágenes en la pantalla electrónica
Consolidación de los entornos virtuales
Animaciones 3D
Todas las páginas
artedigitalLas computadoras, en constante avance tecnológico, han permitido que los creadores del siglo XXI diseñen imágenes, fijas o móviles, a partir de programas cada vez más sofisticados en la resolución de tareas.

Esta experiencia de generar imágenes de síntesis tiene además la cualidad de sintonizar, con los debidos matices, artes y técnicas paralelas pero no coincidentes, como el cine, la pintura y el vídeo.

Cuestionándose las peculiaridades del nuevo atlas artístico que impone la tecnología, el poeta y ensayista colombiano Carlos Fajardo Fajardo destaca que “la revolución microelectrónica se ha globalizado tanto que está generando en los distintos ámbitos, sobre todo en las producciones estéticas, una cibercultura. Viajeros y paseantes por ella, los hombres finiseculares la vemos cada día crecer y generarse en nuestras ciudades. Nos dirigimos hacia una sociedad construida, controlada por la mediatización. (...) Las hiperrealidades de las redes y sus hiperespacios están generando una nueva sensibilidad apenas vislumbrada por nosotros, y no sabemos aún cuáles serán sus dimensiones.

Se hará necesario construir nuevas brújulas y nuevas cartografías para caminar por los espacios globales que nos esperan. Tendremos que estar preparados para asumir de forma más vital y profunda las nuevas categorías que el arte está presentando y presentará en las próximas décadas.

Las nociones de heterogeneidad, discontinuidad, fragmentación, simultaneidad, diferenciación, simulación, de pastiche, bricollage y de lo aleatorio se irán acentuando cada día más entre las producciones estéticas, ante lo cual debemos poseer una actitud despierta para observar tanto sus debilidades como sus grandezas.”

Conviene matizar este atinado diagnóstico con una reflexión a nuestro juicio fundamental: en modo alguno cabe confundir el procedimiento de representación con la potencia artística.

Una creación lograda mediante artilugios microelectrónicos es arte por su esencia, no por el medio usado en su configuración. No obstante, conviene soslayar los riesgos del relativismo cultural y evitar ese papanatismo valorativo tan habitual en los medios de comunicación de masas.

El juicio estético del arte cibernético debe derivar del análisis de la obra, no de la admiración por lo novedodoso de sus tecnologías de base. Lo contrario supondría tanto como admirar un determinado lienzo por el solo hecho de que la química de sus pigmentos posee cierta cualidad original.

De todo ello se deduce que el arte cibernético y, más extensamente, el mundo de las imágenes de síntesis no se oponen a las leyes clásicas del sentido artístico. En todo caso, democratizan determinados soportes y posibilidades técnicas, favoreciendo el surgimiento de un nuevo campo expresivo.

Por lo demás, pensar el sistema de las artes continúa siendo una labor difícil, también en el espacio de la cibercultura. Dada la juventud del fenómeno, la sorpresa entorpece todavía la inteligibilidad artística de numerosas creaciones, cuya fruición suele derivar, por el momento, de la novedad más que de su interpretación simbólica. Esto nos enseña que debemos impedir a todo trance las concesiones gratuitas a la hora de valorar la expresión cibernética, por lo demás llena de prometedoras fantasías.

Esta coherencia en el juicio no contradice elementos muy positivos en el balance de la reproducción artística mediante ordenadores.

Sin conjeturas posibles, el valor instrumental de estas nuevas tecnologías es del todo indiscutible, sobre todo en el campo de las artes visuales y su estudio.

En su análisis de los valores pedagógicos del entorno transmediático, Colorado Castellary resalta esa cualidad, y apunta que “hay tres profesiones a las que el hipermedia está afectando y afectará de manera más profunda: los conservadores de los museos, los bibliotecarios y los historiadores del arte, los tres considerados como guardianes de la memoria de la cultura humana.

Pero quizás al que más afecta es al historiador del arte, porque el nuevo sistema de acceso al conocimiento que el hipermedia pone en pie está cuestionando el papel que tradicionalmente se le ha asignado a este profesional en la sociedad actual: ya no interesa tanto que se nos certifique la calidad de la obra ni que se nos asegure que es digna de ser admirada, ahora el hipermedia exige del historiador del arte que sea capaz de poner las obras de arte al alcance de todos y de dar las claves de comprensión del fenómeno artístico.”

La cibercultura, cruce de influencias y posibilidades estéticas, es un problema a desentrañar, y también un desafío. Pero antes de llegar a ese inesperado fruto de la microelectrónica, verdaderamente revolucionario, conviene tener presente el recorrido de largo aliento que han seguido los investigadores para conseguir máquinas de computar información con las cualidades adecuadas para esos fines. Sin glosar ese trayecto, resulta poco menos que imposible apreciar las nuevas reivindicaciones artísticas que propone.



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