La publicidad en el siglo XX
Con el siglo XX llega la era del automóvil, durante la cual se revolucionan las comunicaciones, sustento del comercio y la publicidad. Al ocuparse caminos y carreteras, las vallas empiezan a consolidarse como soportes publicitarios, si bien ciertos países occidentales, España entre ellos, no contarán con una red eficaz de vallas con anuncios hasta llegados los años cincuenta.
En consonancia con los movimientos artísticos de vanguardia, el diseño gráfico publicitario se emplea en los nuevos recursos estéticos, testimoniando el alto nivel de sus creadores. Un país tan alejado de la sociedad de consumo como la Rusia de los años veinte cuenta con estetas de la publicidad tan sorprendentes como el poeta Maiakovsky y el creador gráfico Rodchenko.
Cuando en Estados Unidos estalla la crisis económica de 1929, la publicidad de los productos de lujo sufre un serio revés, al tiempo que se refuerza la de seguros de vida. Durante los años treinta, los famosos de Hollywood frecuentan los anuncios de la prensa, prestando su imagen al patrocinio de cosméticos y otros lanzamientos comerciales. Por lo demás, es éste un tiempo de escasez que sirve de transición entre dos guerras, marcadas en lo publicitario por la propaganda bélica, sobre todo en lo relativo al cartelismo.
Otro medio fundamental en el campo publicitario es la radio, que por estas fechas cuenta con numerosos patrocinios en su programación, estructurada a partir de la publicidad hablada.
No obstante, pese a la relevancia de lo radiofónico, el verdadero paso adelante de la publicidad llega con el audiovisual. En un principio, el cine cuenta con la proyección fija como sistema publicitario, pero poco a poco se convierten en habituales el anuncio o el más extenso publirreportaje, destinados ambos a la gran pantalla.
Un medio muy frecuentado por los publicitarios cinematográficos son los dibujos animados. La animación publicitaria cuenta con excelentes cultivadores en España, durante los años sesenta, como los hermanos Moro, galardonandos en numerosas ocasiones por el alto nivel de su trabajo.
Los premios han ido consolidándose como un medio de prestigiar las agencias, muy útil de cara a los anunciantes que contratan sus servicios para la realización de campañas. Desde que en 1954 se celebra el Primer Festival de Cine Publicitario en Montecarlo, este tipo de certámenes han concitado el interés de los medios de comunicación de masas, favoreciendo la creciente calidad de los anuncios.
Esta conciencia propia de los publicistas ha ido favoreciendo la consolidación de una estética publicitaria en lo audiovisual, cualificada por su encuadre, montaje y fotografía peculiares.






































































