Nacimiento del spot televisivo
El spot televisivo es un planteamiento que se hace familiar para los espectadores norteamericanos a partir de 1949, cuando la actriz Betty Furness aparece en pantalla ensalzando las cualidades de los refrigeradores Westinghouse. Por esta época, el anuncio aún no está grabado en vídeo y suele ser habitual que los actores interpreten en directo la promoción cada vez que ésta se programa.
De todos modos, el nuevo planteamiento es un éxito y a partir de 1950 las marcas abandonan la radio para pagar sus espacios comerciales en la televisión. Así, en 1951 la compañía de tabacos Philip Morris costea Te quiero, Lucy, logrando tan buenos resultados con esta telecomedia que otras compañías se animan a patrocinar programas similares.
Ese mismo año, en concreto el 21 de junio, la CBS emite su primer programa e color, si bien sólo 25 receptores disfrutan de la novedad tecnológica.
La National Association of Radio & Television Broadcasters ratifica en 1952 un código que establece las líneas éticas fundamentales de la publicidad televisiva. En 1954 es televisado el primer anuncio en color.
Un año después, el futuro presidente Ronald Reagan se convierte en presentador del espacio patrocinado por la General Electric. Pero la gran revolución publicitaria llega en 1956, cuando la firma Ampex Corporation introduce en la industria televisiva norteamericana un modelo mejorado de magnetoscopio.
Por esas mismas fechas, la película El mago de Oz (1939) es programada por la cadena CBS, logrando unos ingresos publicitarios inauditos para el momento. El auge del sector favorece el aumento de espacios comerciales en la pequeña pantalla, de suerte que la revista “Variety” contabiliza en 1957 una media de 429 spots por semana.
Otro sector de interés en el audiovisual norteamericano, la televisión por cable, demuestra su valor en el mercado publicitario. De hecho, en 1958 ya se contabilizan 450.000 suscriptores, cifra que irá en vertiginoso aumento en lo sucesivo.
A finales de los cincuenta, uno de los formatos más favorecidos por los anunciantes es el concurso de preguntas y respuestas, el llamado quiz show. Uno de los más conocidos, Twenty-One, es un verdadero acontecimiento audiovisual por su enorme audiencia. Muy alejada de la publicidad televisiva al estilo americano, España apenas da sus primeros pasos en este campo.






































































