
Resulta extraño comprobar hasta qué extremo un personaje de carne y hueso, cuya existencia admite el filtro de la historia, ha ido ciñéndose los ropajes de la ficción. Miguel Servet, sin duda, pertenece a esa variedad de figuras con un sesgo mitológico. Por su muerte en la hoguera, habrá quien lo relacione con otra mártir visionaria, Juana, la doncella de Orleans.
Claro que en este caso, a diferencia de lo que sucede con la santa francesa, Servet acumula una obra científica que nos interesa aquí en relación con filosofías de mayor sutileza y menor teatralidad. Sin embargo, me propongo adelantar en este párrafo varios títulos que iluminan la leyenda más que al hombre.
Éste puede ser, quizás, el caso del muy peculiar Pompeu Gener i Babot (1848-1920), autor de Pasión y muerte de Miguel Servet (1909) y de Servet: Reforma contra Renacimiento. Calvinismo contra Humanismo (1911).
A este respecto, agrega un comentario audiovisual el cineasta José María Forqué, responsable de una elogiable teleserie en siete episodios que llegó al gran público en 1988. Hay un modo cinematográfico de aprender historia, y esta producción servía precisamente para instruir al espectador en torno a esa circunstancia humana de Servet que hoy nos importa.
Con todo, gracias a estas y a otras fuentes, sabemos que el galeno y teólogo vino al mundo en Villanueva de Sigena, Huesca, en 1511, y fue muerto sobre una pira ardiente en la Ginebra calvinista de 1553.
De ascendencia noble, sirvió de adolescente al erasmista fray Juan de Quintana. Tras adquirir conocimientos de Leyes en Toulouse, se sintió atraído por los criterios de la Reforma, lo cual lo llevó a redactar De Trinitatis erroribus (1531).
La heterodoxia de dicho volumen rondaba ya esa frontera herética que, a fuerza de insistir en sus márgenes, resultó fatal para el sabio aragonés. Algo de todo ello se advierte en De iustitia regni Christi capitula quattuor (1532). De hecho, el estudioso López Piñero considera que la idea que rige este sistema intelectual es, nada menos, una orientación místico-panteísta, provista de raíces neoplatónicas y dirigida hacia el horizonte antitrinitario.
En Lyon colaboró nuestro personaje con los hermanos Melchor y Gaspar Trechsel, dedicados al oficio de la impresión. Así, en 1542, preparó Servet para ellos tres ediciones de la Biblia y dos de la Geografía ptolemaica.
Un médico de fama, Symphorien Champier, condujo luego sus pasos hacia la ciencia médica. Con ese propósito, estudió artes de curación en la Universidad de París y en 1537 publicó Syruporum universa ratio, ad Galeni censuram diligenter exposita.
A medio camino entre la investigación científica, el gusto por lo oculto y la pesquisa teológica, comenzó a ganarse el aragonés poderosos enemigos. Calvino juzgó detestable el contenido de Christianismi Restitutio.
Paralelamente a esta condena, cuyas fatales consecuencias ya conocemos, hemos de destacar, con similar polémica, la aportación más notable del erudito español al acervo médico: su idea del flujo pulmonar de la sangre, basada en un certero análisis del corazón y de los vasos principales.
Tras algún que otro lance de signo aventurero —incluyendo huidas y la búsqueda de escondrijos temporales—, los caminos de Servet se cerraron en Ginebra, donde fue quemado vivo el 27 de octubre de 1553, penetrando mediante el dolor en la mitología universal.
Entre todos los heresiarcas españoles, apostilla Menéndez Pelayo en su Historia de los heterodoxos españoles que "ninguno vence a Miguel Servet en audacia y originalidad de ideas, en lo ordenado y consecuente del sistema, en el vigor lógico y en la trascendencia ulterior de sus errores. Como carácter, ninguno, si se exceptúa quizá el de Juan de Valdés, atrae tanto la curiosidad, ya que no la simpatía; ninguno es tan rico, variado y espléndido como el del unitario aragonés. Teólogo reformista, predecesor de la moderna exégesis racionalista, filósofo panteísta, médico, descubridor de la circulación de la sangre, geógrafo, editor de Tolomeo, astrólogo perseguido por la Universidad de París, hebraizante y helenista, estudiante vagabundo, controversista incansable, a la vez que soñador místico, la historia de su vida y opiniones excede a la más complicada novela".
Sólo falta, añadimos nosotros, un autor capaz de hilvanar semejante material con la gracia y el rigor que semejante figura exige.
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.
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