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The-Cult-revista

Chéri: Diálogo con Stephen Frears

Stephen FrearsMichelle Pfeiffer y Stephen Frears vuelven a unir sus talentos veinte años después de Las Amistades Peligrosas en un drama de época inspirado en las páginas de la obra de Colette. Cine impecable, pasado de moda y, por ello, transgresor.

¿Es posible hacer una película llena de tintes incestuosos y bajas pasiones, protagonizada exclusivamente por prostitutas y gente de mal vivir, y aún así no caer en ningún momento en el sensacionalismo o el mal gusto? Si está dirigida por la elegante batuta de Stephen Frears, la película no sólo no resultará vulgar, sino que será un derroche de elegancia y buenas maneras.

Siendo honestos y algo rudos, se puede etiquetar a Chéri como una de esas cintas que hacen las delicias de las señoras mayores, un público fiel a las salas de exhibición al que no conviene descuidar.

El film cumple con las supuestas exigencias de estas veteranas espectadoras: heroína sufridora, romance desgarrado e imposible, prodigiosa dirección artística y fotografía exquisita. Pero no es inteligente caer en tópicos, ni sobre este tipo de público, ni sobre este tipo de película.

De hecho, con su envoltorio de delicia Art Déco, Chéri va más allá del folletín romántico y hace sentir la palpitación de una vena irónica a punto de estallar. La clásica mala leche británica dota de divertidas segundas lecturas a los diálogos, gestos e imágenes del film, y es que no hay que olvidar que la película se abre con una demoledora frase respecto a la fama que disfrutan las actuales cortesanas.

Michelle Pfeiffer

Stephen Frears goza de la reputación de excelente “director de actores”, bendición propia de los directores británicos en un país repleto de dioses de la interpretación, y por ello saca el máximo provecho a los protagonistas de Chéri, en especial a una Michelle Pfeiffer que se enfrenta con valor a las inseguridades de una mujer extremadamente bella cuando entra en cierta edad, y a la siempre poderosa Kathy Bates, en un divertido papel de arpía pasivo-agresiva.

Rupert Friend, el muchacho de la película, quizá resulta más blando que sus compañeras femeninas, pero muestra una imagen muy acorde al personaje de sátrapa juvenil con ecos de Dorian Gray.

Chéri no es la obra maestra de Frears, pero su desprecio por las modas audiovisuales y su atención al detalle y la sutileza la convierten en una película arriesgada dentro del panorama actual de cámaras temblorosas y montajes ansiosos.

Palabras del director

Stephen Frears ha visitado nuestro país en mitad de un temporal y tras un viaje accidentado, pero quizá sus escuetas declaraciones no responden tanto al cansancio como a la seguridad y modestia no fingida de un profesional que ya posee un largo y brillante currículum, con películas tan reconocidas como Mi hermosa lavandería, Los timadores, o Café irlandés.

Armado con una taza caliente y un brillo malicioso en la mirada, Frears declara no ser un director de los que planean sus próximos proyectos: “La gente me manda historias. Nunca pienso, quiero hacer una historia sobre este tema, ni me pongo a indagar sobre algo específico. En ese aspecto, soy muy pasivo”.

Pese a la cuidada ambientación de su último film, o al éxito de otras obras suyas como Las amistades peligrosas, el cineasta no demuestra un interés especial en el cine de época: “Siempre tienes que ambientar una película”, asegura Frears. En el caso de Chéri, su interés provino del guión de Christopher Hampton, quien ya adaptó en su momento la citada Las amistades peligrosas.

“No había leído el libro, primero leí el guión. Me gustó mucho, es un guión lleno de humor y con una maravillosa historia de amor”. Y es que el sentido del humor es muy importante para quien compartió buenos momentos con los Monty Phyton: “A la gente lo que le gusta de los ingleses es que estamos locos”.

Respecto a la estrella del film, Michelle Pfeiffer, todo son halagos: “Es una actriz muy interesante. Se trata de una figura inusual dentro de Hollywood, una pueblerina de California que es capaz de encarnar hacer a la perfección de dama sofisticada europea. Esa cualidad es una bendición que ha salvado su carrera”. Frears muestra su lado más travieso cuando confiesa que le encanta hacer sufrir a la actriz en pantalla: “Es divertido torturar a Michelle Pfeiffer. He sufrido mucho por culpa de las mujeres guapas”.

Director clásico pero no reaccionario, Stephen Frears dice no estar muy interesado en el cine actual, pero entiende que el público vaya disfrutando de cosas distintas a las que había antes. El realizador admite que sigue trabajando a la antigua usanza: “Ruedo lo que necesito para la película. Ahora se rueda con cinco cámaras, lo que quiere decir que se está enfocando de varias maneras erróneas, ya que sólo hay un enfoque apropiado. Es una pauta de imprecisión. De todos modos, yo estoy anticuado”.

Stephen Frears goza de prestigio, pero no es muy amigo de la crítica: “La odio. Intento no leer las críticas”. Sus objetivos como cineasta están muy claros: “Esperas que a la gente le guste la película que haces, pero no puedes obligarles a eso”. Frears no se ve a sí mismo dedicándose a otras tareas: “Soy un director. No sé hacer otra cosa”.

Sinopsis

A principios del siglo XX, París es el centro del mundo. Los artistas, la moda, el teatro, la música… y las cortesanas, esas mujeres tan bellas y experimentadas en el arte del amor que llegan a ser mantenidas con gran confort por los hombres poderosos de la época. Léa de Lonval (Michelle Pfeiffer) es una cortesana que ha conseguido llevar una vida agradable y ya no ejerce como tal.

Una mañana va a almorzar con su antigua compañera Madame Peloux (Kathy Bates), que está acompañada por un joven que resulta ser su hijo, Chéri (Rupert Friend), como ella le llama. Madame Peloux tiene grandes proyectos para él, pero Chéri debe convertirse primero en un hombre. Le pide a Léa que le enseñe, ella acepta y lo que comienza siendo un travieso flirteo se convierte en un apasionado amor que dura seis años.

Pero la madre, Madame Peloux, planifica en secreto el matrimonio de Chéri con Edmée (Felicity Jones), la hija de otra cortesana rica, Marie-Laure (Iben Hjejle)

Notas de producción

Christopher Hampton, el guionista galardonado con el Oscar por Las amistades peligrosas, estaba trabajando en la redacción de un guión acerca de la ilustre escritora francesa Colette, seudónimo de Sidonie Gabrielle Colette (1873-1954), cuando decidió hacer una adaptación de su novela más famosa, Chéri.

Escrita en 1920, cuenta la historia de la relación amorosa entre Léa de Lonval, una de las más famosas cortesanas de su época, y Chéri, hijo de una vieja colega y rival.

“Es la historia de dos personas que no entienden la fuerza de su relación, que no entienden cuánto se aman”, dice Hampton de los protagonistas de la película. “Léa piensa que está educando al joven para el amor y que lo está haciendo un hombre; por su parte, Chéri cree que la bellísima cortesana se ocupará de él hasta que llegue su momento. Ambos son muy conscientes de que su relación tendrá un final. Sin embargo, cuando éste llega no pueden dejar de sentirse abatidos y tristes porque en lo más íntimo saben lo dolorosa que será su separación”.

Naturalmente, 1900, el período histórico en el que está ambientada la película, ha sido otro elemento de atracción para el guionista. “Es un período histórico muy fascinante que llega a su momento cumbre a finales del siglo XIX y que se estaba encaminando hacia su decadencia, en la época en que se desarrolla la historia”, dice Hampton. “Las cortesanas fueron una clase social que supo enriquecerse y gozar de buena salud. Muy unidas entre sí, en vista de cómo se las consideraba y se las trataba socialmente, tenían vidas muy interesantes, porque eran mujeres refinadas y cultas, que se diferenciaban de sus contemporáneos. Eran muy modernas, en la medida en que representaban la vanguardia de la mujer emancipada”.

Si bien la traducción del texto original francés le dio a Hampton cierta libertad para la selección de los diálogos que iba a utilizar, el hecho de que la novela no sea el clásico relato tradicional supuso un desafío creativo mucho más estimulante. “Colette era una impresionista, en la novela se encuentran estallidos de diálogos y figuras retóricas”, explica Hampton. “Es capaz de utilizar veinte páginas para describir una sola escena, pero pueden volar tres meses en un solo párrafo. Al principio, yo hice un esbozo de guión que superaba en extensión a la novela misma. Así que tuve que recortar sin piedad”.

Pero, para la puesta en marcha del proyecto a finales de 2007, fue fundamental la incorporación del director Stephen Frears, que se sentía atraído en parte por el guión de Hampton y en parte porque suponía una oportunidad para explorar un período histórico alejado cien años de la película The Queen.

“El guión de Christopher era magnífico, y Colette es una escritora brillante. En mi opinión, la historia es muy interesante”, dice el director. “Es una hermosa historia, frívola pero también trágica y melancólica, llena de significado, porque Colette era una soberbia escritora, una impresionista. La historia es una serie de impresiones y sensaciones, y unirlas con un hilo conductor es un hermoso reto. Es la película más extrema que he hecho y la historia más original acerca de dos personajes que viven en un sueño. Las cortesanas eran muy poderosas y tenían muchísima influencia, pero vivían en una sociedad cerrada que las soportaba de mala gana. No es casual que Léa le diga a Madame Peloux que sólo pueden entenderse y ayudarse entre ellas. Naturalmente, también son muy conscientes del fin que tendrán cuando su belleza se marchite”.

Frears, un director que dice encontrar grandes dificultades en hacer películas, se ha ganado la admiración de todo el equipo, tanto artístico como técnico. Hampton dice: “Me encanta trabajar con él. Me he dado cuenta de que no es usual que un director pueda contar con la presencia del guionista en el set; es mucho riesgo tener alrededor a un pesado sabihondo que siempre tiene alguna cosa que agregar o alguna pega que poner, pero con Stephen ha sido distinto. Hay una gran intensidad y generosidad en la forma en que colabora. Cuando una escena no funcionaba o era demasiado larga, él ha tendido a asumir una aproximación muy sutil o ingeniosa. He aprendido a fiarme de ese instinto. Muy a menudo busco lo que me ayuda a completar la armonía de una escena en las palabras y en la sencillez, pero sobre todo en la atmósfera que se crea. En este sentido, Frears es muy intuitivo”.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes, sinopsis y notas de producción © 2009 Cheri Productions. Cortesía de Alta Films. Reservados todos los derechos.


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