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Diálogo con Cameron Díaz y Antonio Banderas

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Diálogo con Cameron Díaz y Antonio Banderas
Parte II
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CameronDiazBanderas

¿De qué lado del éxito cae la belleza? ¿En cuál de sus niveles cabe enmarcarla? ¿Puede una estrella prescindir de la estética?

Todo esto, planteado con menos sutileza y a toda prisa, es lo que me viene a la mente mientras fotografío a Cameron Díaz, a Antonio Banderas y a Justin Timberlake. Con esos tres nombres, creo que hay suficiente para pensar en el atractivo de esta sesión.

Defenderé, en beneficio de los de mi gremio, eso que se llama fortuna del reportero. Al fin y al cabo, conforta el ánimo pensar que la imagen más atinada –ésa que alcanza a distribuirse en los medios– llegará fácilmente si uno se sitúa frente a tres personajes como éstos. Saben posar, se manejan con gracia y la luz no tiene secretos para ellos. Así, nadie lo duda, todo se pone más fácil.

Como en broma, a Cameron parece divertirle la situación. A ver si me entienden: no sólo le hace sonreír el porqué de las cosas, sino las cosas mismas. Sonríe frente a los objetivos, ante un chiste de Banderas, al alisarse el cabello despeinado por la brisa. Con una gracia fresca y elemental, y contra la idea de algunos, demuestra que el optimismo puede equipararse al glamour si se administra oportunamente.

En el centro de esta compañía ambulante, se sitúan el director de Shrek Tercero, Chis Miller, y su productor, Jeffrey Katzenberg, responsable de la compañía DreamWorks Animation SKG.

Por si no lo saben, les comentaré que Katzenberg es uno de los tipos más importantes de la industria cinematográfica. Durante su etapa en Paramount, relanzó –ahí es nada– la franquicia Star Trek. Fue el gestor más brillante de los estudios Walt Disney durante su última etapa de esplendor (la que comienza con La sirenita y llega a la cumbre con El rey león). También fijó acuerdos decisivos con los estudios Pixar y Miramax, lo que equivale a decir que propició algunas de las operaciones más rentables que se han conocido en Hollywood.

JustinTimberlake

En 1994, decidió crear DreamWorks junto a Steven Spielberg y David Geffen. Ni que decir tiene que la apuesta de Katzenberg por Shrek (2001) sirvió para establecer una de las marcas más rentables del dibujo animado.

Inspirado en un relato infantil de William Steig, aquel largometraje se convirtió en una máquina de hacer dinero. El resto de la historia es sobradamente conocida... Ante un argumento tan demoledor como la taquilla –1.400 millones de dólares en ingresos–, a la primera secuela se suma la que hoy nos reúne en torno a Cameron y el resto del equipo.

Siempre me han fascinado los productos que atraen a pequeños y mayores. ¿Saben algo? Éste me parece un ejercicio de acrobacia que funciona muy pocas veces. Por eso pregunto a Chris Miller y a Katzenberg sobre el control que ejercieron sobre el guión para conseguir que éste agrade a todas las generaciones. “Es cierto –responde Miller–. Shrek Tercero es una producción pensada para una audiencia lo más amplia posible. De ahí que abarque referencias destinadas a muy diversas edades. En definitiva, se trata de conseguir que cualquier espectador disfrute con nuestra película”.

JeffreyKatzenberg

¿Y la tecnología? ¿Cómo no admirar el prodigio digital de unos seres virtuales que se convierten en reales? “En lo que se refiere a la tecnología –añade Miller–, la cinta ha supuesto un gran paso adelante. El avance digital, desde luego, se advierte en las dos películas anteriores, pero en este caso es muy considerable”.

Cuando dirijo a Katzenberg la misma pregunta que he hecho a Miller, el productor confirma lo dicho por el cineasta. Pero hay algo más, que sale a relucir minutos después. “Cuando hicimos la primera película –dice–, pensamos que la propuesta era tan arriesgada que era difícil…, muy difícíl saber qué iba a ocurrir con ella en términos comerciales. El éxito fue grande, y eso nos permitió desarrollar la historia. En un principio, pensamos en rodar cuatro capítulos más, y luego ampliamos el proyecto a cinco episodios consecutivos. En cierto modo, es algo similar a lo que sucede con el ciclo de Harry Potter, cuya autora J.K. Rowling definió en siete entregas. Y lo mismo ocurre con otras sagas, como El Señor de los Anillos o Star Wars… Por otro lado, la franquicia de Shrek también va a dar lugar a un musical. Lo preestrenaremos el próximo verano en Seattle, y llegará a los escenarios de Broadway a principios del año próximo. El equipo encargado de ponerlo en marcha es formidable, e incluye a profesionales de la talla de Sam Mendes, que se encarga de producirlo. La historia de ese musical parte del primera capítulo de la saga. Pero aún estamos en la fase de elegir el reparto”.

Creo haberles contado alguna vez que Cameron Díaz no aspira a parecer culta o comprometida. Con una naturalidad contagiosa, responde a nuestras preguntas con toda la gracia de que es capaz... Que es mucha.

“Cuando grabé las sesiones de la primera entrega –dice–, yo no sabía nada de la princesa Fiona. De hecho, ni siquiera recibí un guión, así que tuve que aprenderlo todo sobre la marcha: así fue como memoricé mis frases, desarrollando el personaje a toda prisa. Prácticamente, hubo que sacar a Fiona del story-board. En realidad, yo soy un poco lenta, y me cuesta meterme en los papeles. Por eso todo aquello fue un reto. En esta tercera entrega, ya tengo una idea más clara de la princesa Fiona. Comprendo su evolución y en qué se está convirtiendo como ogresa. De verdad, me encanta y es un honor interpretarla, así que me siento muy unida a ella”.



Yo, fíjense, estoy de acuerdo con Cameron Díaz. Por muy inspirado que esté un actor, quien dirige el invento es quien ha de organizar la interpretación dramática. “Chris Miller –dice la actriz– es el director. Así que es él quien nos da las instrucciones a la hora de actuar. En una producción como ésta, los actores no cumplimos con nuestra labor en el mundo físico. Tienes que imaginarte la escena… Chris nos muestra el story-board, repasa con nosotros las líneas del guión –el ensayo es importante, claro–, y luego las repetimos de veinte formas distintas… En definitiva, se trata de componer el personaje paso a paso”.

Nada de todo eso extraña a Banderas, muy familiarizado con el método empleado por Miller. “En realidad –añade–, mi trabajo en Shrek Tercero casi ha sido una continuación de mis grabaciones para la segunda entrega. La distancia entre las sesiones oscila entre dos y tres meses. Esta vez, simplemente, hubo entre la segunda película y la tercera un periodo de tiempo un poco mayor… Además, ya sabía cuál era el sistema de trabajo, de modo que podía ir a divertirme”.

Diversión. He aquí una palabra que siempre requiere explicaciones. “Este trabajo –aclara Banderas– resulta increíblemente fácil cuando se colabora con gente que sabe lo que está haciendo. Es también muy interesante el método empleado para obtener esa frescura que quizá no se logre en otras películas de animación. Me lo hizo ver mi mujer, que prestó su voz a un pajarito en Stuart Little. Me dijo: Te vas a hinchar a hacer repeticiones. Pero en Shrek no es así. De hecho, en el podio desde el que grabo cada sesión me ponen una espadita y un sombrero. Puedo usarlos para interpretar, porque hay una cámara que va grabando todo, para que luego los animadores incorporen esos gestos al personaje”.

Antonio es un tipo valiente, de los que se dicen a sí mismos: “A estas alturas, ya no es cosa de echarse atrás”. Quizá por ello desea convertir en negocio este reciente gusto por el cine de animación. “Tanto es así –nos dice–, que tengo un proyecto con Raúl García, un animador español que ha trabajado durante bastantes años en Hollywood, bajo las órdenes de Jeffrey Katzenberg. Raúl tiene una empresa de dibujos animados en Granada. Ahora estamos en conversaciones para establecer un vínculo entre su grupo y mi compañía de producción, con el fin de rodar un largometraje. Como es obvio, esta cinta quedará a una gran distancia tecnológica de otras películas de Katzenberg, como Shrek o El espantatiburones”.

Confieso que uno, propenso a simpatizar con los actores, tiene predilección por Banderas. En alguna otra ocasión he comprobado su generosidad y su gentileza (y hoy volveré a apreciarla cuando me acerque a saludarle tras la rueda de prensa). En todo caso, ahora me interesa lo que señala en torno a próximos proyectos.

“Después del Festival de Cannes –indica–, el éxito de la segunda entrega dio pie al desarrollo de otra película. De todos modos, se comprende la audacia de esta propuesta, y lo noto también en una creación como el Gato con Botas, que parte del cuento infantil para desarrollar su propia personalidad. Felizmente, mi personaje, además de intervenir en Shrek Tercero, tendrá la ocasión de protagonizar su propia película. Chris Miller será el director, y os diré que esto es algo extraordinario para mí… Visto con perspectiva, me parece algo casi increíble... Llegué a los Estados Unidos sin hablar inglés, y ahora me llaman para usar mi voz en una película de animación como ésta”.

De los presentes, a quien desconozco en mayor medida es a Justin Timberlake. Una compañera me pone al día sobre este cantante pop. Que si formó parte de los NSYNC, que si es un ídolo en Estados Unidos…

Tomo nota, y comprendo hasta dónde llega mi desconocimiento de ciertas parcelas de la cultura de masas. Quién me iba a decir a mí que iba a causarme tan buena impresión un tipo así. “A diferencia de lo que supone un trabajo discográfico –explica él, con evidente desenvoltura–, intervenir en una película como Shrek te permite relajarte. Sin duda, para mí es más exigente mi faceta musical… Ahora mismo estoy de gira: empecé el ocho de enero y acabaré en noviembre. De ahí que esta película haya sido como unas vacaciones”.

Pero no acaba ahí la cosa. “Otro detalle que supone una diferencia –dice Timberlake– es que cuando actúas de cara al público, sobre un escenario, conoces de inmediato la respuesta del auditorio. Eso es muy distinto en una película, que es, ante todo, un esfuerzo basado en la colaboración. Se nota especialmente en un producto como Shrek. Dentro de la cabina de locución, debes dejarte llevar y componer un personaje a partir de tu fantasía. Su aspecto no depende de ti, tan sólo sabes cómo va a hablar. Por suerte, el equipo que dirige Miller es una máquina bien engrasada. Todo el mundo sabe hacia dónde avanza el relato. Simplemente, te entregas y les dices: ¿Qué queréis de mí?”.

Justin se estrena en el papel del rey Arturo adolescente. Un papel que parece inspirado por los relatos de T.H. White (Los mismos que adaptó Disney en Merlín el encantador). “Dado que es la primera vez que aparece mi personaje–señala–, pensé que tenía la obligación de crearlo debidamente. Cameron y Antonio han obtenido personajes fascinantes, y yo intenté estar a su altura. Además, esto era importante para el desarrollo de Shrek Tercero, porque en las dos primeras entregas el público joven tiene como objeto de admiración al ogro, a Shrek... Arturo es el primer “humano” de la serie que suscita admiración. Vive sus años de adolescencia, y eso suponía fantástica oportunidad. Por fin, esta vez, los jóvenes pueden disponer de un personaje que les sirva de modelo. Al fin y al cabo, todos van a pasar por esa fase en la cual debes aprender a sentirte bien contigo mismo”.

Creo que sé lo que quiere decir eso. Pensaré en ello durante el camino de vuelta. De momento, me conformo con dos impresiones de lo más saludable: la sonrisa de Banderas y el modo en que Cameron se apoya sobre un costado, mientras se arregla el flequillo con la mano izquierda. Nada más natural por mi parte que fijarme en esto último.

Copyright © de las fotografías (centro e inferior): Guzmán Urrero, 2007. Reservados todos los derechos. Imagen superior (Justin Timberlake, Cameron Díaz y Antonio Banderas) reproducida por cortesía del departamento de prensa de Paramount Spain.


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