
Además de la sincera y divertida confesión de un actor que ama su oficio, Imanol Arias nos proporciona en esta charla una lúcida radiografía de su último trabajo, Pájaros de papel, que hoy nos presenta junto al director Emilio Aragón y al resto del reparto.
Uno de de los grandes secretos de Imanol, y quizá su gran característica como actor, es su facilidad natural para interrogarse acerca de los más mínimos detalles de cada personaje. En Pájaros de papel da vida a un cómico muy castigado por el destino, que intenta recomponer su espíritu en la España de la postguerra.
"Este papel –dice– me ha brindado la posibilidad de ser todo lo que en la vida he querido ser. Y además con mayúsculas. Me refiero a la enorme oportunidad de trabajar con gente maravillosa y de contar la historia de unos cómicos que, en definitiva, representan toda la locura de esta profesión. Este oficio nace del esfuerzo, y también nace del amor y de la alegría. Es algo que se aprende tarde, y la película habla sobre eso".
"Es una experiencia que nos ha reconfortado –añade–. Pasamos por un momento en que los actores, con la televisión, con algunos comentarios de actualidad, a veces nos olvidamos de que somos intérpretes. Nos olvidamos de que para llegar a expresar el dolor hay que ser feliz primero. Tenemos la suerte de que, aprendiendo a vivir, hay quien ve nuestro trabajo".
Pájaros de papel nace de los recuerdos que Emilio Aragón ha ido atesorando gracias a su familia: una estirpe legendaria de payasos y artistas de variedades que lograron fama a ambos lados del océano.
Imanol Arias reconoce la importancia de ese legado: "Yo no era tan niño –dice– cuando llega la familia de Emilio a España. En apariencia, eran unos payasos que venían a hacer televisión, y sin embargo, era gente con un criterio musical y un dominio artístico extraordinarios. Su virtuosismo es el de esa generación, la última que sale de España antes de los sesenta y los setenta. A ella pertenecen el Señor Wences, el mejor ventrílocuo del mundo, o la familia Aragón, que estuvo en el cartel de Josephine Baker y que trabajó en Estados Unidos... Todo ese conocimiento es lo que hace que uno descubra que este oficio es menos tontería, menos ego, y más certeza de que eres un instrumento de sentimientos".
Hablar sobre el Señor Wences y sobre otros maestros del teatro de variedades me lleva a preguntarle a Imanol Arias por una cuestión personal: ¿cómo afecta a un intérprete ese retorno a géneros tan difíciles y poco apreciados por la crítica como la ventriloquía, la canción humorística o los números musicales excéntricos?
"Sí, ese es el gran descubrimiento –responde–. Primero, a la edad que tenemos, hemos recuperado la mañana de ensayo. Ensayábamos en el decorado de la teleserie El internado, en un salón de ordenadores. Mientras repetíamos una y otra vez los números musicales de Pájaros de papel, había un cierto momento en que pasaban catorce o quince fans de El internado. Mientras iban tocándolo todo con admiración, nos miraban como si fuéramos una porquería. Y decía Lluís Homar: No les gustamos. Y yo le respondía: No te preocupes, que esto lo conseguiremos".
"A veces venían maestros mayores a enseñarnos rutinas. Para que veas el conocimiento que tiene Emilio Aragón de ese mundo, recuerdo una rutina en concreto: un número de equilibrio con un palo y una botella de vino. Vino alguien del Circo Price para enseñárnoslo. Emilio, cuando lo ve, nos dice que la rutina concluye de una determinada forma. Y el veterano, en confidencia, nos comenta: Se acuerda de todo".
Dado que la película se ambienta en la postguerra, es inevitable encontrar en ella las huellas de esa tragedia colectiva que España vivió en 1936.
"Tengo muy poca deuda familiar con la guerra –explica el actor–. En mi familia, ninguno estuvo en la guerra. Nadie se comprometió. Es más, mi familia no tiene ningún estigma político. Yo tampoco lo he tenido, y por eso nunca he militado".
Esa independencia de criterio le da motivos para defender el planteamiento de Pájaros de papel, una historia con conciencia, pero ajena al revanchismo histórico o a los estereotipos ideológicos. Para matizar su respuesta, Imanol Arias recuerda una obra teatral extraordinaria, que le hizo triunfar en España y Argentina.
"En 1994 –dice–, la hija de Albert Camus me regala la tercera y última versión manuscrita de su Calígula. La representación de esta obra que yo había hecho en España, dirigida por José Tamayo, era única. En el resto del mundo se representaba una versión menos homosexual, más centrada en esta idea: para qué sirve el poder si no puedo cambiar la vida. El caso es que hay un momento determinado en el que, hablando de la memoria, Calígula dice lo siguiente: La gente atribuye el dolor a la pérdida de la persona querida, pero el dolor verdadero es más grave, es descubrir que esa pena no va a durar eternamente. Que ni siquiera la revancha tiene sentido. Albert Camus sitúa Calígula en 1940, coincidiendo con el apogeo del fascismo. Desde la visión de un fascista convencido, el personaje se da cuenta de que el dolor no dura eternamente. Es decir, no va a ser un fascista toda la vida. En este sentido, la película de Emilio es una cinta que busca la superación del dolor, pero que además no busca revancha.
Filmografía de Imanol Arias
Pájaros de papel. Dir.: Emilio Aragón (2009).
Lo que tiene el otro. Dir.: Miguel Perelló (2006).
La semana que viene (sin falta). Dir.: J. San Mateo (2005).
Salvajes. Dir.: Carlos Molinero (2001).
Una casa con vista al mar. Dir.: Alberto Arvelo (2001).
La voz de su amo. Dir.: E. Martín Lázaro (2000).
Esperando al Mesías. Dir.: Daniel Burmann (1999).
Buenos aires me mata. Dir.: Beda Docampo (1997).
The cue master. Dir.: Enrico Coletti (1996).
En brazos de la mujer madura. Dir.: M. Lombardero (1996).
Rigor mortis. Dir.: Koldo Azkarreta (1996).
Territorio comanche. Dir.: Gerardo Herrero (1996).
Ilona llega con la lluvia. Dir.: Sergio Cabrera (1995).
África. Dir.: Alfonso Ungría (1995).
La flor de mi secreto. Dir.: Pedro Almodóvar (1994).
Todos los hombres sois iguales. Dir.: M. Gómez Pereira (1993).
El rey de Nápoles. Dir.: Juan Miñón (1993).
Arruinados. Dir.: Joaquín Trincado (1993).
La leyenda de Balthasar el castrado. Dir.: Juan Miñón (1993).
Tierno verano de lujurias y azoteas. Dir.: J. Chavarri (1992).
Tanguito. Dir.: Marcelo Piñeiro (1992).
Intruso. Dir.: Vicente Aranda (1992).
El amante bilingüe. Dir.: Vicente Aranda (1992).
Una mujer bajo la lluvia. Dir.: Gerardo Vera (1991).
Bienvenido a veraz. Dir.: Xavier Castaño (1990).
El lute, mañana seré libre. Dir.: Vicente Aranda (1988).
El lute, camina o revienta. Dir.: Vicente Aranda (1987).
Divinas palabras. Dir.: José Luis García Sánchez (1987).
Iniciativa privada. Dir.: Antonio Farré (1986).
Bandera negra. Dir.: Pedro Olea (1986).
Luces de bohemia. Dir.: Miguel Ángel Díez (1985).
Lulú de noche. Dir.: Emilio Martínez-Lázaro (1985).
Tiempo de silencio. Dir.: Vicente Aranda (1985).
Camila. Dir.: Mª Luisa Bemberg (1984).
Fuego eterno. Dir.: José Ángel Rebolledo (1984).
La muerte de Mikel. Dir.: Imanol Uribe (1983).
La colmena. Dir.: Mario Camus (1982).
Laberinto de pasiones. Dir.: Pedro Almodóvar (1982).
Demonios en el jardín. Dir.: M. Gutiérrez Aragón (1982).
Bearn o la sala de las muñecas. Dir.: J. Chávarri (1982).
Cecilia. Dir.: Umberto Solás (1980).
La Corea. Dir.: Pedro Olea (1976).
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