
La historia de Al límite gira en torno a un policía de Boston y sus intentos de resolver el asesinato de su hija, bajo la presión de un dolor acuciante e incontrolable. Familiarizado con ese tipo de personajes, Mel Gibson nos cuenta los secretos de esta nueva experiencia interpretativa.
Mel Gibson rezuma carisma, y sabe transmitir dos impresiones: la de que es un perfeccionista que analiza hasta el infinito, y aunque parezca contradictorio, la de que a veces puede perder el control, o al menos, comportarse como si de verdad lo hubiera perdido.
Lo bastante inteligente como para salirse con la suya, Gibson atiende al interrogatorio periodístico con cierta distancia, a veces divertido, aceptando los clichés y los lugares comunes como si no tuvieran remedio.
Una selección al azar entre su catálogo de personajes nos proporciona un dato revelador: no es la primera vez, ni probablemente sea la última, en la que encarna a un hombre a quien la vida le estalla en mil pedazos. Quizá por ello Al límite viene a ser la quintaesencia de Mel: un cóctel recio y contundente, con dos partes de furia, bien agitadas, y una de ternura.

El personaje a quien interpreta es un policía que nunca disparó su arma antes de tiempo. El típico detective bostoniano de firmes principios, que no necesita enseñar la placa para realzar su encanto. Pongamos a ese tipo al borde del abismo, y tendremos una de las claves de Al límite.
Rodada en Boston y su entorno, la película obligó a Gibson a contagiarse de la cultura local. Para imitar el habla de la ciudad, el actor recordó a su madre, una irlandesa de Brooklyn, y frecuentó a policías como Tommy Duffy, aquel experto en mafias que asesoró a Scorsese en Infiltrados.
Cuando le pregunto por este asunto, Gibson destaca la facilidad con la que adquirió dicho acento: "Si viajas a Boston –comenta– y, simplemente, alternas con esos oficiales de policía, acabas contagiándote de su ritmo y sus cadencias a la hora de hablar, y también te das cuenta de su actitud... Verás, son gente muy sobria, y están bien adaptados al ambiente duro en el que deben trabajar".
Otro de los retos de este personaje es que se trata del clásico detective hardboiled, pero con una salvedad: en lugar de mostrar su ira, debe comportarse con la calma y la introversión de un tragafuegos. Le pregunto si es difícil inyectar serenidad y rabia en el mismo papel. "Es cierto –responde–, el personaje está todo el tiempo al borde del colapso. Pero tiene una misión que cumplir y un enigma cuyas piezas aún están sueltas, y eso le obliga a contener sus emociones. Tiene un trabajo que hacer".

Graham King escucha atentamente el razonamiento de Gibson. Por si no lo saben, King es uno de los productores más aplaudidos del cine contemporáneo. Logró un Oscar a la mejor película por Infiltrados, de Martin Scorsese, y en su catálogo figuran títulos como Diamante de sangre, Ali, Traffic, El aviador y Gangs of New York. Hoy no pierde ocasión de hablarnos de sus nuevos proyectos, entre los que figuran The Tourist, interpretada por Angelina Jolie y Johnny Depp, The Town, escrita y dirigida por Ben Affleck, y la aventura de vikingos que planea dirigir el propio Gibson.
"Estamos tratando de obtener una historia que sea atractiva y brillante –aclara este último–, partiendo, como base, de las sagas islandesas, que están llenas de épica y de leyendas... ¿Alguien ha visto una buena película de vikingos? Yo nunca. Y por eso trataré de hacerla".
En Al límite sale a relucir un eficacísimo estereotipo: el de la corporación siniestra, cuyos propietarios serían capaces de acudir a un baile de beneficencia después de ordenar un asesinato.
Cuando le pregunto a Graham King por la vigencia de esta fórmula, él parece tenerlo claro: "La corporación que reflejamos en la película tiene, en apariencia, una buena imagen, pero sus negocios ocultos son bastante oscuros. Y ahí reside probablemente su atractivo".
"A diferencia de la teleserie en que se basa –añade King–, la película no transcurre en los ochenta. Al límite transcurre en nuestra época. Cuando el guión de la teleserie se escribió, tenía muchos puntos de contacto con la actualidad del momento. Como es obvio, muchas cosas han cambiado, y necesitábamos que la película conectase con las inquietudes de hoy. Para la audiencia actual, se trata de un thriller policiaco, y en su trasfondo, se plantean amenazas como la del terrorismo nuclear".
Mel Gibson incide en la oportunidad de esta película: "Tiene vigencia especialmente ahora, cuando todos hemos sido testigos del modo en que ciertas corporaciones han participado en estas tribulaciones económicas por las que estamos pasando".
Inevitablemente, Gibson debe justificar por qué eligió este largometraje para volver a demostrar lo que sabe como actor. "Hace siete años –dice– me retiré de la actuación. Dejé de sentirme tan atraído por los proyectos que tenía por delante. Ahora, después de dedicarme a dirigir, he visto que era el momento de volver. Al límite es un buen material dramático. Es sólido y contiene una buena historia, desarrollada en un guión bien escrito".
Lo firma, por cierto, William Monahan, el autor de Infiltrados. De hecho, se advierte esa sutileza que caracteriza a Monahan a la hora de manejar asuntos como la venganza o la incertidumbre. En sus manos, el anhelo febril que mueve al protagonista puede confundirse fácilmente con el afán de imponer justicia.
"A veces –señala Gibson–, el sistema puede proporcionarte el tipo de justicia que te satisface, y otras veces no es así... La idea del personaje que se toma la justicia por su mano es una fantasía que ha estado alimentado la imaginación popular en dramas y tragedias desde el siglo XVII. Me refiero ese tipo de historias morales en las que el héroe consigue resarcirse de una afrenta. Pensemos en las obras teatrales que escribían los ingleses en aquel tiempo, y que por lo general solían ambientar en Italia... Esta película no se sale de esa línea. En realidad, todo el mundo tiene ese anhelo de justicia, y por eso este tipo de ficción sigue funcionando".
Copyright de texto e imágenes (Mel Gibson, Oksana Grigorieva y Graham King en la premiere de Al límite, Cine Palafox, Madrid) © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.
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