
Baz Luhrmann ya viaja con su propia leyenda a cuestas. Artificioso, operístico, creador de historias desmedidas –larger than life–, el director australiano aplica su estilo a los más diversos géneros.
Esta vez, utiliza esos mismos recursos para llevar a cabo un desafiante y épico melodrama, Australia, cuyo modelo más directo es Lo que el viento se llevó. Acompañado por las estrellas de la película, Nicole Kidman y Hugh Jackman, Luhrmann nos recibe en el Hotel Ritz, de Madrid, donde se dispone a mantener con la prensa una larga conversación repleta de confidencias y estupendas anécdotas.
La filmografía de Luhrmann está formada por películas fácilmente identificables con su tono narrativo. Supongo que eso le da la categoría de autor, o mejor aún, de cineasta con poder de fascinación. De hecho, William Shakespeare’s Romeo + Juliet y Moulin Rouge! poseen una iconografía y un romanticismo que acaso sean indigestos para los admiradores de Lars Von Trier y Michael Haneke, pero que para mí tienen la presencia y el vigor de los clásicos de culto.
En Australia, Luhrmann confirma que su puesta en escena, por grandilocuente y barroca que parezca, siempre añade algo distinto a la historia, algo que convierte a cada una de sus películas en obras sin edad.
Es difícil encontrar un título mejor que Australia para definir eso que los expertos llaman alta producción. Imitando los métodos del Hollywood de los treinta y cuarenta, la película alcanza un metraje descomunal –2 horas y 43 minutos– sin baches de interés, como si todos los registros –desde la comedia slapstick hasta el drama bélico y el western– cupieran en este largometraje apasionado, inteligente y nostálgico, heredero directo de las viejas fábulas en Technicolor que nos contaron George Stevens y otros maestros.

Para el cinéfilo de pata negra, lo que aquí se cuenta sonará a ya visto. Y sin embargo, qué agradable es volver a reencontrarse conantiguas fórmulas, de ésas que durante años alimentaron ilusiones y esperanzas en el patio de butacas.
¿Cuántas películas hemos visto últimamente que produzcan esa sensación?
Australia no alcanza la categoría de obra maestra, pero gracias a su soberbio acabado, la cinta deja bien claro que Luhrmann ama el cine y sabe transmitir ese amor. No les quepa duda: aquí hay oficio, conocimiento y también mucha ambición artística.
Luhrmann lleva bastante tiempo preparando este proyecto. “Hace unos siete años –nos dice–, tenía planes para rodar tres grandes películas, y descubrí esa fórmula cinematográfica en la que se mezclan la alta comedia, el drama y acción. La primera producción que tenía prevista era Alexander the Great, que no llegó a filmarse. Australia parte precisamente de esa idea de realizar un drama épico”.
El director tiene muy claro que su largometraje asimila un modelo clásico. “Australia –comenta– se corresponde con el género del romance épico. Por lo común, en este tipo de historias, un personaje viaja hasta un lugar muy lejano, y ahí es donde se opera su transformación… Es el caso de Lawrence de Arabia. En la película de David Lean, el protagonista viaja hasta Arabia, y mantiene intensas relaciones con las personas, el paisaje y los eventos históricos. Todo ello supone para él un profundo cambio interior. En Memorias de África (Out of Africa) de Sydney Pollack, ocurre algo similar. Y en Australia, este viaje que realiza el personaje de Nicole Kidman viene a ser el camino de baldosas amarillas por el que van los protagonistas de El Mago de Oz (The Wizard f Oz)... Ella se ve transformada en el transcurso de ese itinerario, que la lleva a descubrir cuál es su identidad y su lugar en el mundo. A decir verdad, ésa es también la historia de El Mago de Oz, un clásico que aporta su mitología y su música a nuestra película”.

Hugh Jackman, que antes de iniciar este diálogo ha dado más de una muestra de caballerosidad y de buen humor, escucha atentamente las explicaciones de Baz Luhrmann.
“A veces –aclara el actor–, la película es un western, y en determinados pasajes, recuerda películas como Memorias de África o La reina de África (Queen of Africa). También tiene algo de Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind)… Hay muchos géneros presentes en Australia, y como actor, eso te permite abordar registros muy variados”.
De todos los alicientes que para el equipo supuso rodar Australia, supongo que hay uno muy especial, que tiene que ver con el hecho de reencontrarse con paisajes y profesionales conocidos. Se lo comento a Nicole Kidman y Hugh Jackman, poniendo el énfasis en ese homenaje patriótico que viene a ser el film de Luhrmann: un gran espectáculo en el que actúan verdaderos iconos del mundo audiovisual australiano, como Jack Thopsom, Bryan Brown, Bruce Spence, David Gulpilil, David Wenham…
“Empecé a trabajar en el cine –me responde Kidman– a los catorce años, y obviamente parte de mi carrera se desarrolló en Australia, así que ya había coincidido con muchos actores y técnicos del equipo. Fue una experiencia maravillosa volver a trabajar con ellos… Pero al mismo tiempo, la razón por la que están interpretando esos papeles es que son actores soberbios. Me refiero a intérpretes como Jack Thompson y Bryan Brown, que como dijiste, son iconos en Australia y además tienen una carrera internacional. Creo que para todos nosotros fue estupendo rodar una historia acerca de nuestro país y ofrecérsela al resto del mundo”.
Jackman responde a la misma duda con una anécdota muy significativa: “Después de muchos años sin poder usar mi propio acento –dice–, rodar esta película fue algo increíble: volví a Australia para rodar una película que se llama Australia… y tuve una asesora dialectal [risas]… Pero Nicole lo hizo muy bien, porque cuando estás en mitad de la llanura australiana, con tres o cuatrocientas personas con acento australiano, lo realmente difícil es tener acento inglés”.
Mi alusión al orgullo aussie tiene el mismo efecto sobre el actor. “Estoy de acuerdo con todo lo que dijo Nicole acerca del equipo –dice Jackman–. Tener la ocasión de trabajar en estos grandes paisajes fue sencillamente increíble… También quiero mencionar a los numerosos actores aborígenes. De hecho, la hospitalidad de los aborígenes en todos los lugares a los que nos trasladamos fue magnífica. Siempre había una ceremonía de bendición al comenzar el rodaje… Además, estaba como nosotros el actor aborigen David Gulpilil, a quien muchos de vosotros conoceréis por películas como Encuentro de dos mundos (Walkabout) y Cocodrilo Dundee (Crocodile Dundee)... Gulpilil es uno de los grandes actores australianos”.
En la película, David Gulpilil, presencia inolvidable en cintas como La última ola (The Last Wave), de Peter Weir, da vida al viejo King George.
“Nunca olvidaré una mañana –dice Jackman– en que mi hijo estaba conmigo en el set. Eran las seis y media. Gulpilil había capturado unos bagres (peces gato) en un río cercano que, casualmente, estaba infestado de cocodrilos, lo cual convertía esa pesca en algo milagroso… En una fogata que había encendido al aire libre, Gulpilil asó estos bagres, y ahí estaba yo, con mi hijo, participando de ese inolvidable festín”.
Una de las reivindicaciones que componen el mensaje de Australia tiene que ver con los sufrimientos de la comunidad aborigen. “Cuando inicié este proyecto –explica Luhrmann–, me surgió una pregunta que tiene que ver con el hecho de que tenemos hijos. ¿De dónde son ellos? ¿Dónde está mi verdadero hogar?... Y fue durante ese viaje de retorno a mis raíces cuando surgió la idea de nuestra historia tribal, que luego me condujo al drama de la generación robada… Hay una forma muy clara de hacer comprender a la gente qué es la generación robada. Imagínense que el presidente electo de los Estados Unidos fuera australiano, y que corriera por sus venas sangre aborigen y europea. Es muy verosímil que, en su niñez, el Gobierno se lo hubiera arrebatado a su familia por la fuerza, y que lo hubiera recluido en una isla o en un lugar aislado, lejos para siempre de los suyos”.
“Recuerdo –añade el realizador– que había una extra trabajando en Australia. Yo desconocía su pertenencia a la generación robada. Cuando acabamos la película, se me acercó, y me dijo lo mucho que este largometraje significaba para ella. Más tarde, me contó en una carta que el Gobierno se la había llevado cuando tenía diez años. Jamás volvió a ver a sus hermanos y hermanas, y tampoco a su madre. Todo esto fue devastador para la comunidad indígena de Australia... Ya sabemos lo que supuso la eugenesia en Europa, y es cierto que, en nuestro país, este método acabó en los setenta, pero hay que hablar de ello… Australia es una gran película de entretenimiento, con diversión, romance y espectáculo, pero me di cuenta de que al rodarla me situaba en la posición idónea para relatar un asunto como éste, de gran importancia social”.
Jackman coincide en ese diagnóstico. “Una familiar mía –dice– es profesora de estudios aborígenes en el norte de Australia. Hace un par de días, llevó a sus alumnos, de entre trece y catorce años, a ver la película. Ella aún no la había visto… El caso es que uno de sus alumnos, un chico aborigen, le dijo ‘Hoy me siendo verdaderamente orgulloso de ser un aborigen en Australia. Esta película ha hecho más por nuestro pueblo de lo que ha hecho ningún gobierno’. Cuando mi familiar me lo contó, pensé que si este film no fuera más allá, aunque fuera un fracaso en el resto de sus aspectos, lo cierto es que ya habría servido para algo verdaderamente importante”.
Nicole Kidman y Hugh Jackman el Salón Real del Hotel Ritz, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
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