Diálogo con Will Smith y Gabriele Muccino

WillSmith

El estreno de Siete almas, un excelente melodrama de Columbia Pictures, es la razón por la cual visitan España su protagonista, Will Smith, y su realizador, Gabriele Muccino.

Ambos nos reciben con la confianza de que su película disfrutará de una razonable acogida en nuestro país. El diálogo en sí no durará mucho tiempo –somos numerosos los periodistas convocados–, pero conociendo a Smith, es casi seguro que pondrá la mayor simpatía en promocionar este nuevo lanzamiento.

Uno de los salones del Teatro Real de Madrid sirve de escenario a una charla en la que casi todos estamos predispuestos a la sonrisa. Con Will Smith cada reportero encuentra un poco lo que busca. Si uno quiere conocer los entresijos dramáticos de éste o aquel personaje, el actor es capaz de citar los libros que ha leído sobre el tema. Y si lo que deseas es una ocurrencia oportuna, no te costará identificarte con su sentido del humor.

“¿El motivo de mi éxito? –nos dice–. Yo diría que son mis orejas. Hay algo especial en ellas. En mi país hay mucho fetichismo con las orejas. Basta con fijarse en Obama o en Mickey Mouse.

A la derecha de Will, el director italiano Gabriele Mucchino mantiene un gesto tranquilo. Parece consciente de estar situado en segundo plano, y sin embargo, habla con absoluta autoridad, feliz de haber ingresado en Hollywood sin tener que hacer concesiones.

Por si no conocen a Mucchino, les diré que ya colaboró con Smith previamente. Su película En busca de la felicidad (The Pursuit of Happyness, 2006) fue el resultado de una coincidencia: el actor y su socio productor, James Lassiter, descubrieron otras dos cintas del italiano, L’ultimo bacio (2001), ganadora de diez premios David Di Donatello y consagrada por el público en Sundance, y Ricordati di me (2003), con Monica Bellucci en el papel principal.

¿Por qué Gabriele Mucchino parece el realizador predilecto de un intérprete que recauda más de cien millones de dólares en cada estreno? ¿No queda Siete almas por debajo de esas expectativas?

“Mi preocupación –aclara Will Smith, con gesto decidido– es que los inversores recuperen su dinero. Si eso no ocurre, hay despidos, y eso no me gusta… Siete almas ha alcanzado en la taquilla americana los ochenta millones. Suficiente para amortizar el proyecto. En todo caso, no es posible comparar esta película con superproducciones diseñadas para obtener una recaudación descomunal”.

Como les decía, algo tendrá Mucchino para haberse granjeado la amistad de la estrella. Por eso, pregunto a Smith sobre las razones de esta confianza. ¿Se trata de una cuestión puramente profesional? ¿O más bien hablamos de una afinidad personal?

“Desde luego –me responde–, confío plenamente en Gabriele. A mi modo de ver, un gran guión sin un gran director carece de sentido. Al fin y al cabo, el cine es el medio de los directores. Ése es su mundo… Y sin duda, Gabriele y yo seguiremos colaborando en el futuro, por esa confianza mutua de la que te hablo”.

No sé a ustedes, pero a mí una respuesta general como ésta no me saca de dudas. ¿Quizá Smith valora especialmente el hecho de que Mucchino sea un hombre metódico, aficionado a ensayar una y mil veces cada secuencia?

“Ah, sí, los ensayos… –me dice, como quien ha olvidado algo importante–. Verás, a la hora de trabajar con los personajes, Gabriele es muy específico en lo que concierne a la investigación y a los ensayos. De hecho, estuvimos alrededor de cuatro o cinco semanas ensayando para rodar esta película. Y yo me pasé tres semanas investigando sobre mi papel, con el fin de estar preparado para esas cinco semanas de ensayos”.

Ahí es nada. Con razón la suya es una interpretación excepcional, recomendable para todo el mundo interesado en ver cómo evoluciona un actor de primera categoría.

“Quiero intervenir en películas muy diversas –aclara–. La comedia es el género que siento más próximo al modo en que yo me planteo la vida. No hay duda de que ése es mi medio natural. No obstante, he ido creciendo como actor a través del drama. Y los papeles dramáticos, por esa dificultad, han mejorado mis recursos cuando he vuelto atrás, para retomar papeles cómicos”.

Su conclusión no deja lugar a dudas: “Ojalá pudiera ser como Clint Eastwood. Ojalá dentro de treinta o cuarenta años siga teniendo el público a mi favor”.

Smith consigue en Siete almas una composición fuertemente emotiva, de aire sombrío y romántico. “Este –dice al respecto– es el primer personaje de mi carrera con cuya mentalidad no estoy seguro de estar acuerdo. Sus elecciones, sus decisiones son tan singulares… Hay otras veces en que interpreto un personaje al que amo, y asumo sin dificultad todo lo que tiene que ver con él. En este caso, he tenido que profundizar algo más en el papel para comprender sus determinaciones. En todo caso, si me planteo esa misma coyuntura en la vida real, no creo que yo llegase a actuar de ese modo”.

Gabriele Mucchino es un director concienzudo, jovial y vitalista. Resumir en pocas frases lo que distingue a esta película no es, para él, una empresa fácil. Y sin embargo, creo que su balance es toda una invitación para el espectador.

Siete almas –dice– fue un verdadero reto porque, en principio, era necesario conectar con la audiencia sin dar pistas acerca del personaje y sus actitudes. Tan sólo podíamos proponer pequeños indicios. Toda la carga emocional debía recaer en cada escena, en cada plano… Por otra parte, trabajar con Will es sumamente sencillo. De cara al futuro, eso me motiva para rodar nuevamente con él, y así movernos por nuevos territorios”.

Will Smith en la terraza del Teatro Real de Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.


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