Encuentro con Leonardo DiCaprio
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- Categoría de nivel principal o raíz: CARTELERA
- Category: Entrevistas
- Creado en 27 Enero 2007
- Published: 27 Enero 2007
- Escrito por Guzmán Urrero
Difícilmente Edward Zwick, Leonardo DiCaprio y Djimon Hounsou hubieran podido imaginar una cita más incómoda con la prensa española.
Esta es una de esas jornadas en las que una sucesión de situaciones anecdóticas −si se quiere, manejables de forma aislada− desemboca en desconcierto y desilusión.
Los organizadores de este encuentro con el equipo de Diamante de sangre −el departamento de prensa de Warner Bros−, siempre cordiales y accesibles con quien esto escribe, han sido los primeros en padecer las consecuencias de un estallido de emociones que arruinó la sesión fotográfica.
¿Qué ocurrió? El desencadenante no ha podido ser más inoportuno: una tormenta retrasa el avión en el que viajan los protagonistas del día, y ello desborda la espera. Ante dicho retraso, los ánimos se caldean y acaban triunfando los malos modos.
Hay aquí justificaciones para casi todo −me refiero a la impaciencia de profesionales veteranos, que se enfrentan a un retraso−, pero de este incidente se ha derivado hoy una mayor ansiedad. La bronca, el tumulto y la mala educación han explotado en el peor momento posible.
A decir verdad, en ocasiones como ésta, los nervios siempre se las arreglan para empeorar cualquier situación.
Al final, en lugar de abandonar (legítima y libremente) el lugar previsto para las fotografías –en lo que vendría a ser un plante–, algunos de los reporteros indignados y algún bloguero con ganas de bronca han preferido quedarse y mostrar su cólera ante los actores.
Y todo ha sucedido con independencia de las buenas maneras de quienes integran el equipo de Warner y, por qué no decirlo, a despecho de la ilusionante oportunidad que supone reunirse con estrellas como DiCaprio o Hounsou.
Como ya he dicho, es posible buscar, esgrimir y aun discutir causas para este episodio, pero el resultado es lo suficientemente amargo para no ceder al sensacionalismo de una triste imagen televisiva: la de un actor de Hollywood abucheado por periodistas gráficos en una sala del hotel Villa Magna.
Lo mismo vale para la posterior rueda de prensa. Pocas veces he visto una oportunidad tan desaprovechada.
Y en pocas ocasiones me he sentido menos cómodo en una profesión hermosa, pero fatalmente erosionada por neo-reporteros que −empujados por el amarillismo catódico, quizá sin ellos desearlo del todo− preguntan las mayores insensateces, y además lo hacen con el único objetivo de provocar la sonrisa de su audiencia con un descaro repleto de lugares comunes y de metralla populista.
Impecablemente serenos, los tres protagonistas de esta reunión han hecho lo posible por remontar el oleaje.
Zwick demuestra una persuasiva inteligencia −la misma que desprenden sus películas−, y DiCaprio procura tomarse en serio aquello que ahora realmente merece la pena: la difusión de una magnífica película, Diamante de sangre, que además de situarnos en un escenario arrebatador, incluye un mensaje de gran hondura.
En el filme, DiCaprio encarna a Danny Archer, un ex-mercenario de Zimbabwe cuyo camino se cruza con el de Solomon Vandy (Djimon Hounsou), un humilde pescador secuestrado por una partida militar en Sierra Leona.
El mayor anhelo de Vandy, es recuperar a su hijo, convertido en niño soldado. Para ello, pretende sacar partido de un hallazgo providencial: un diamante rosa que desata la codicia y las contradicciones morales de Archer, y motiva asimismo la intervención de Maddy Bowen (Jennifer Connelly), una idealista reportera, empeñada en denunciar las trágicas consecuencias del comercio de diamantes.
Los tres personajes se mueven por un terreno en el que los viejos demonios esperan las circunstancias propicias para reaparecer.
La interpretación de DiCaprio roza lo magistral, y ésa es una las razones que me llevan a consultarle hoy sobre el modo en que preparó su trabajo. Una labor sin duda intrincada, pues obligó al actor a dialogar y confraternizar con antiguos combatientes. Otro asunto por el que le pregunto es su formidable empleo del dialecto surafricano, perdido desgraciadamente con el doblaje al español.
“Tuvimos que llegar muy pronto a África −me responde−. En mi caso, resultaba crucial el ir allí tan pronto como fuera posible, no sólo por la adquisición del acento, sino por el necesario contacto con la cultura local. Sin duda, fue importante para todos que lo aprendido en casa, por medio de las lecturas o las relaciones personales, se viera enriquecido por cierta cantidad de investigación que tienes que extraer del ambiente. De forma específica, mi trabajo con el dialecto se benefició del encuentro con las personas que había en el set. También tuve que tratar con auténticos mercenarios. Recibí mucho entrenamiento militar de aquellos tipos, y además conocí sus historias. A decir verdad, el modo en que se abrieron a mí me permitió desarrollar el personaje en cada una de sus facetas”.
A primera vista, parece dudoso relacionar a una gran producción de Hollywood con el compromiso humanista.
Pese a su amplitud de medios y su voluntad de entretener, Diamante de sangre se encarga de desmentir dicho prejuicio.
Mi impresión es que Zwick y su equipo son hoy muy conscientes de que el mensaje que su cinta transmite debiera dejar un escaso margen para la frivolidad.
Estoy seguro de que buena parte del público compartirá esa prudencia y agradecerá una aportación tan sólida a nuestra memoria cinematográfica.
Copyright de la imagen y el texto © Guzmán Urrero, 2007. Reservados todos los derechos.











