
¿Cómo se elabora el cine religioso? Parece una obviedad, y sin embargo, esa pregunta ha provocado ríos de tinta y densas reflexiones académicas.
El espectador veterano puede esperar una lista de ejemplos que oscilen entre la Historia Sagrada y los relatos introspectivos y espirituales.
Al mencionado catálogo, con oportunidad en la fecha, viene a sumarse ahora En busca de la tumba de Cristo (L’inchiesta, 2006), una coproducción entre Italia, España, Estados Unidos y Bulgaria, protagonizada por Daniele Liotti, Dolph Lundgren, Mónica Cruz, Hristo Shopov, F. Murray Abraham, Ornella Muti y Max von Sydow.
Su trama, sin duda eficaz, puede resumirse en pocas líneas. Han transcurrido tres años después de la crucifixión de Jesús, y el viejo emperador Tiberio desea conocer qué hay de cierto en torno a su resurrección. Taurus, un oficial romano, viaja a Judea acompañado por un guerrero nórdico, Brixos, e inicia una pesquisa policiaca en busca de Jesús o de su cuerpo desaparecido. Por obvias razones, personajes como Poncio Pilatos y Saulo de Tarso entorpecen peligrosamente la tarea de Taurus.
Para conocer más detalles en torno a esta producción, me acerco a su director, Giulio Base. La entrevista tiene lugar en la soleada terraza del hotel ME Reina Victoria, donde los responsables de Sony Pictures, con su eficacia acostumbrada, han reunido a parte del elenco original.

En la distancia corta, Base tiene un tono emocional poderoso. Derrocha estilo, y su aspecto admite dos definiciones: la de árbitro de la moda italiana −traje cruzado, flequillo regio− y la de profesor con gusto cinéfilo −recordemos que presentó en la Facultad de Filosofía y Letras de La Sapienza, en Roma, una tesis sobre Historia y Crítica del Cine−.
En todo caso, es difícil creer que pueda perder su control. Gesticula con la misma suavidad con la que habla, y suele interrumpir sus frases para entrecomillarlas con sonrisas y breves silencios.
“Desde niño −me dice−, por razones familiares, me sentí hechizado por el cine. Pero si he de poner en orden mis vocaciones, el primer lugar lo ocuparía, sin lugar a dudas, la interpretación. Cuando era un adolescente debuté en el teatro, y luego tuve la inmensa fortuna de formarme como actor junto a Vittorio Gassman en la Bottega Teatrale de Florencia”.
Cuando le pregunto por Gassman, funcionan como un reloj los mecanismos de la nostalgia. Fue el Maestro quien dirigió a Base en su lanzamiento teatral, Misteri di San Pietroburgo, y esa experiencia feliz queda implícita en su contestación: “Ni que decir tiene que Gassman es una figura capital en mi carrera y en mi vida. Fue para mí un maestro, una figura mítica y un amigo entrañable. Además, tuve el honor de dirigirle en el que fue su último trabajo para el cine”.
Entre esa postrera colaboración con Gassman, La bomba, y la actualidad, Base ha ido alternando el cine con los trabajos televisivos. Le pregunto por esa doble faceta, convencido de que la pequeña pantalla mueve montañas en el país vecino. “En Italia −dice−, desde hace muchos años, la producción audiovisual dispone de dos cauces: el cine que se proyecta en salas y lo que denominamos fiction, o superproducciones televisivas planteadas en formato de miniserie. Yo mismo me considero un espectador de no pocos títulos de fiction −tal es la categoría en la que, por su origen, se encuadra En busca de la tumba de Cristo−, y debo decir que su calidad general es alta. De hecho, si comparamos su competencia industrial con la del cine italiano, lo cierto es que se sitúan por delante de éste. En todo caso, desde un plano creativo, los formatos televisivo y cinematográfico cada vez se aproximan más. A decir verdad, todo evoluciona al compás de las nuevas tecnologías. Si tenemos en cuenta la deriva del sector, con el impacto que suponen el negocio del DVD o los canales de pago, producciones como En busca de la tumba de Cristo pueden marcar la dirección a seguir en nuestro campo”.
Desde luego, para el espectador que disfrute en una sala de En busca de la tumba de Cristo, queda de manifiesto que su lenguaje se ciñe a las convenciones televisivas. Con todo, y sin desmentir ese origen, parece admirable que los productores hayan diseñado su lanzamiento internacional como si se tratara de un largometraje. “Desde el comienzo −comenta Base−, nos dimos cuenta de que este producto podía introducirse en dos mercados. El televisivo, como miniserie dividida en dos partes, y el cinematográfico. Obviamente, con su metraje original de tres horas y veinte minutos hubiera sido un filme excesivo. De ahí que estrenemos en España esta adaptación más breve. También se lanza en los Estados Unidos, a través de la 20th Century Fox. El lanzamiento norteamericano abarca 560 copias, lo cual supone algo único en la historia del cine italiano”
Siempre me ha admirado esa cualidad del mundo audiovisual italiano. El mimetismo. La capacidad para transformar en cosmopolita cualquier producto local. “Ten en cuenta −aclara Base− que a su explotación como miniserie a través de la RAI, le sigue esa exhibición cinematográfica a mayor escala. Y cuando la cinta llega, por ejemplo, a los Estados Unidos, el espectador de allí ya no tiene en cuenta que el director de la película es italiano. Llegado a ese punto, se trata de un producto rodado en inglés, con un reparto en el que conviven actores de diversas nacionalidades, que accede a ese mercado con un sello internacional”.
El 28 de diciembre de 2006, este largometraje se exhibió en el Hollywood Film Festival de Capri, y el 20 de febrero de 2007, pudo verse en el Festival de Cine Italiano de Los Ángeles. Con ese currículo, no sorprende en absoluto la buena jugada comercial que supone el doble formato de tan singular producto. “Existe una versión previa de la misma historia [dirigida en 1986 por Damiano Damiani e interpretada por Keith Carradine y Harvey Keitel], pero el productor, Fulvio Lucisano, que es un hombre muy apasionado, juzgó que no extraía el máximo partido del argumento”.
Fulvio Lucisano… Cuando Base lo menciona, caigo en la cuenta de que es el mismo Lucisano que financió una de mis cintas de serie B predilectas, Terror en el espacio (1965), de Mario Bava.
Por supuesto, no es el único nombre ilustre que figura en la ficha técnica, como el director se esfuerza en recordar. “Los padres del argumento −dice−, Ennio Flaiano y Suso Cecchi D'Amico, ocupan un lugar preeminente en la historia del cine italiano. Suelo decir que son como la madre y el padre de nuestra cinematografía. Cecchi d'Amico es una guionista excepcional, que ha trabajado para Visconti, Monicelli, De Sica, Zeffirelli, Rosi y Antonioni”.
Si no me fallan los datos, esta mujer excepcional reescribió con Ennio Flaiano, periodista y dramaturgo admirable, el guión de Vacaciones en Roma (1953). “Flaiano −añade Base− también fue el autor literario de Roma ciudad abierta (1948) y de diversos libretos para Fellini”.
Escuchándole, queda claro que la trama de su película se sitúa en un primer plano: “En mi opinión –y puedo remarcarlo porque no es idea mía–, el argumento parte de una permisa genial, y por eso me satisface tanto haberlo puesto de nuevo en imágenes. En realidad, se trata de la historia central de la humanidad… No sólo de Occidente, puesto que incluso los no creyentes ven hoy marcadas sus vidas por aquel acontecimiento. Esa idea, en términos cinematográficos, se combina con el género más clásico: el policiaco, el thriller, con su variante actual de legal thriller”.
Según me indica Base, los encargados de reelaborar el libreto fueron cuidadosamente escogidos. “Partiendo de ese magnífico material −dice−, un nuevo guión fue escrito por Andrea Porporati, el libretista de La Piovra, y por Valerio Massimo Manfredi, arqueólogo y novelista de enorme éxito en Italia [Se trata del autor de El oráculo, El talismán de Troya, la trilogía Alexandros, La última legión y otros best-sellers]. De ese modo, asumiento el género policiaco, la cinta explora el misterio más importante de la historia de la humanidad. Y lo hace de un modo que puede satisfacer a los escépticos y asimismo a los creyentes, dado que también se aportan los detalles del relato evangélico”.
Al decir de su realizador, En busca de la tumba de Cristo ha obtenido una buena acogida en el Vaticano. Aquí conviene un inciso, porque Giulio Base es un hombre muy familiarizado con la temática religiosa. Además de responsable de miniseries como Padre Pio. Tra cielo e terra (2000), Maria Goretti (2003) y San Pietro (2005), es autor de una tesis presentada en el Pontificio Instituto Patrístico Agustiniano. El título de ese trabajo académico es Il tempo e la memoria in Sant'Agostino.
“Sin duda −me dice−, los estudios de Teología me permiten ahondar en contenidos que para mí resultan fundamentales. En Italia me comentan con frecuencia esa identificación mía con los argumentos religiosos. Te diré que, desde mi perspectiva, se trata de cuestiones esenciales, y es una suerte que pueda abordarlas desde mi pasión por el cine. A decir verdad, durante los últimos tiempos han surgido ficciones al albur de la religión −por ejemplo, El código Da Vinci−. En este sentido, y a diferencia de lo que sucede con otros títulos, debo indicarte que el respeto por los Evangelios preside todo nuestro proyecto. En todo caso, creo que se trata de una cinta más espiritual que religiosa. De hecho, el punto de vista no se inclina de un lado u otro de la creencia en la resurrección”.
Para concluir el diálogo, recupero la faceta interpretativa de Base. Al fin y al cabo, pienso que, como actor experimentado, debe de resultarle más fácil entender las peculiaridades de un reparto tan variado y extenso.
Sus palabras confirman esta intuición. “Mi trabajo como actor repercute, sin duda alguna, en mi tarea como realizador. En cualquier caso, más allá de toda la parafernalia técnica que implica un rodaje, creo que la verdad de un filme reside en la composición de los actores. En su entrega emocional, por así decirlo… De ahí que sea tan sugestivo un proyecto como En busca de la tumba de Cristo, donde te encuentras con tantos intérpretes, de tan variada procedencia... Y desde luego, resulta fascinante comprobar cómo desarrolla su personaje una figura del talento de Max Von Sydow, o advertir la extremada minuciosidad con la que se desenvuelve ese genial intérprete que es F. Murray Abraham”.
Copyright © de la fotografía de Giulio Base y Mónica Cruz: Guzmán Urrero, 2007. Reservados todos los derechos.
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