Llamativamente siniestro y estilizado en la pantalla en su papel de Solomon Kane, James Purefoy es todo cordialidad en la vida real.
Tiene un espíritu observador y posee la distinción de esos personajes shakespeareanos a los que dio vida en el teatro.
El aspecto de Purefoy, así como todo lo referente a su persona, transmite los rasgos de un galán clásico. De naturaleza seductora, sus ojos brillan de placer cuando se dispone a relatar sus impresiones sobre un oficio que le ha tratado bien. No olvidemos que, siendo muy joven, ingresó en la Royal Shakespeare Company: una divisa que le ha acompañado en su larga trayectoria en el cine y la televisión.
Habla con extraordinaria condensación, y parece enérgico por naturaleza. Aunque está orgulloso de su carrera, a veces ironiza sobre ella con una mezcla de modestia y acidez. En cualquier caso, no tiene ningún deseo de estar por encima de todo, y eso convierte esta entrevista en una charla amable.
La unanimidad es casi absoluta sobre su categoría como intérprete, pero el destino de su carrera empieza a fraguarse ahora, en parte gracias al reconocimiento popular que supone liderar el reparto de Solomon Kane, a las órdenes de Michael J. Bassett.
Con todo lo que ello implica, Hollywood le ha abierto las puertas. Entre sus proyectos más cercanos, figura John Carter of Mars, la superproducción de Pixar inspirada en la novela Una princesa de Marte, de Edgar Rice Burroughs, y adaptada por otro escritor excepcional, Michael Chabon.

La suya es una carrera en la que se advierte una gran valentía a la hora de elegir papeles.
Gracias, pero no creo que sea una cuestión de valor sino de respeto por esa tradición teatral de la que provengo. Hay un fragmento de Hamlet en el que explica que la actuación "ha sido y es ofrecer a la Naturaleza un espejo en que vea la virtud su propia forma". Y eso es todo cuanto tienes que hacer.
Los veteranos del teatro suelen decir que, cuando uno se ha puesto la ropa del personaje, más de la mitad del trabajo está hecho. ¿Tuvo esta sensación al caracterizarse como Solomon Kane?
Oh, desde luego que sí... Con la ropa ya tienes más de la mitad del trabajo hecho. El noventa y cinco por ciento, diría yo... En este sentido, he leído entrevistas con actores norteamericanos en las que dicen que trabajar en una película es una experiencia solitaria, una constante introspección... ¡A mí nunca me pasó eso! Colaboras con el encargado de vestuario, con tu maquillador, con tu peluquero, con el director, con el chico que empuja la grúa, con el operador, con el técnico de sonido... Es una colaboración multitudinaria. ¿Cómo puedes aislarte en un plató? ¡Es algo ilógico para mí!
Llegas al set por la mañana, y mientras te maquillan, repasas las escenas del día. Y es en ese punto donde soy muy meticuloso con los detalles. Por ejemplo, si debo morder una manzana, quiero saber en qué mes del año estamos, para saber si es verosímil.
El vestuario y el maquillaje deben cumplir la misma norma... Todo debe dar una impresión vital, realista, orgánica... De dónde viene ese traje, por qué está en esas condiciones, cómo me hice esta cicatriz... Necesito conocer todos esos pequeños detalles.
Cuando has pasado por ese proceso, la verdad es que ya estás listo. Y luego, todo se reduce a que abras la jodida boca y digas tu frase.
Entiendo.
La clave es el contexto. Se trata de relacionarse con el resto del equipo, y todo lo que hay que conseguir es que la audiencia se lo crea.
En Solomon Kane esa verosimilitud resulta evidente no sólo en las interpretaciones, sino en los combates con espada. Usted no se sale del personaje cuando pelea. ¿Fue difícil integrar de ese modo la esgrima y la actuación?
Para serte sincero, quería que fuese así. La violencia en el cine es un fenómeno interesante. Hay una tendencia muy americana que consiste en lucirse en las luchas. Personalmente, cuando he visto peleas en las calles, en un pub o en un estadio de fútbol, las he encontrado desagradables, muy incómodas de observar. Me han conmocionado por su brutalidad. Así que cuando tengo que llevar esa violencia a la pantalla, quiero transmitir esa descarga de adrenalina, esa visceralidad descontrolada... Lo reconozco: cuando veo escenas violentas en el cine americano, no me las creo. Y es así porque los actores americanos quieren que parezca cool y sexy. Simple vanidad.
Pues debo felicitarle, porque cuando empuña la espada, transmite la impresión de que es un auténtico asesino.
Es que Solomon Kane, en realidad, es un asesino. Y es muy bueno en su oficio. No creo que sienta un placer particular al matar. Su meta, simple y llanamente, consiste en acabar con su adversario.
Me imagino que parte del mérito en la ambientación de la película se debe a los técnicos y artesanos checos. ¿Cómo fue su experiencia con los profesionales de ese país?
Son fantásticos... Como sabes, la razón por la que una compañía se plantea rodar en la República Checa es el precio. Resulta más barato filmar allí. Es parte del negocio, no nos vamos a engañar.
Es cierto.
No me gusta que sea así, pero al menos ellos consiguen trabajo, aunque no tienen una recompensa como la que tendrían en España, en Italia, en Inglaterra o en Estados Unidos. Aman su trabajo, y su pericia es extraordinaria... Los especialistas de acción checos, por ejemplo... Ellos ruedan las secuencias más arriesgadas que puedas imaginar, corriendo un peligro que sería inadmisible en Estados Unidos o en Inglaterra.
Pese a los encargados de seguridad, ellos asumen los mayores riesgos. Yo mismo atravesé con mi espada la mejilla de un especialista, y pude sentir cómo la punta llegaba a su lengua. El caso es que, tras unos cuantos puntos de sutura, a la mañana siguiente estaba de nuevo rodando.
Increíble...
Cuando lucho al final con otro personaje envuelto en llamas, no se trata de un efecto especial. Realmente el espadachín está ardiendo. Tenía un tubo para respirar, pero en la tercera toma, ese dispositivo se inflamó, y la boca del especialista se quemó. ¿Puedes creerlo? El tipo se limitó a enjuagarse con agua para después decir: "Ok, hagamos una toma más".
Eso sí que es profesionalidad.
Están locos, y lo hacen casi por amor al arte. Además son los mejores espadachines que he visto en mi vida... Recuerdo ese mismo combate, en el que mi adversario, después de haberse abrasado la boca, no podía ver por uno de los ojos. El caso es que me equivoqué, y lancé una estocada contra el flanco derecho en lugar de golpear sobre el izquierdo. Se paró la acción... y de entre las llamas, salió su mano, diciendo que no con total tranquilidad... ¡Madre mía! ¡Ese era el tipo con más sangre fría que he conocido jamás!
Hay otra idea que suelen repetir los actores, y es que los villanos son más divertidos de interpretar que los héroes. La verdad es que Solomon Kane lo tiene todo: le permite lucirse en su aspecto más negativo, y luego se redime.
Tiene tantas facetas... Uno de los atractivos del personaje es que es ruín, avaricioso y brutal al comienzo de la película. Luego, en el transcurso de la acción, algo le ocurre, y empieza a centrarse hasta que lega el desenlace, en el que ya sabe quién es. Por decirlo de algún modo, ha aterrizado, y ya está listo para nuevas aventuras. Yo ya he firmado para rodar una trilogía. Y estoy muy interesado en filmarla, porque se trata de un personaje realmente interesante. Además, en Inglaterra tampoco tenemos tantos superhéroes, aparte de James Bond... Por no hablar de Harry Potter.
¿Había leído los relatos de Solomon Kane antes de que le ofrecieran este papel?
No conocía nada del personaje. Conocía otros personajes de Robert E. Howard: por ejemplo, Kull el Conquistador, y desde luego, Conan. Así que lo que me imaginaba era rodar junto a una tropa de tipos enormes y musculosos, con aspecto sueco. No sabía que Howard hubiese escrito historias sobre un espadachín del siglo XVII: un luchador inglés, lo cual fue una delicia, porque significaba que yo podía interpretarlo.
El otro papel que le ha dado fama es el de Marco Antonio en la serie Roma. ¿En qué medida ha sido decisivo ese trabajo para abrirle las puertas del cine?
Aumentó el número de personas dispuestas a confiar en mi trabajo. Pero Roma, sobre todo, ha supuesto para mí una gran experiencia de aprendizaje. Explorar la naturaleza de un personaje como Marco Antonio, que estaba tan bien definido en el guión, ha sido algo decisivo para mí. Tras dos años y medio trabajando en esa serie, siento que he alcanzado la mayoría de edad como actor, y eso me ha impulsado hacia nuevos papeles.
Por lo demás, me gusta cambiar de registro. Marco Antonio y Solomon Kane son completamente diferentes. Marco Antonio es vitalista, exuberante... Le gustan la seda, la comida, la bebida, las mujeres... Kane, si quieres verlo así, es un místico.
Siempre he interpretado a hombres muy diversos: desde el pirata Barbanegra hasta Kane. Hace poco acabo de encarnar a un caballero templario en Ironclad, de Jonathan English, y luego me espera John Carter of Mars, una película de Pixar. Si quieres ser encasillado, puedes encasillarte, pero no es mi caso.
Solomon Kane es un personaje muy carismático.
Tiene muchos defectos. Es un antiheroe, y en ese sentido, esta película tiene una orientación muy europea dentro del género fantástico. No es un film que se hubiera podido rodar en Estados Unidos.
Cuando los americanos lo ven, me da la impresión de que quieren que cortemos todas las escenas de la familia de puritanos. Les atrae sobre todo la parte de acción y violencia, pero nosotros, los europeos, comprendemos la necesidad de construir los personajes, de construir la historia... Todo ello viene la tradición de Shakespeare y de otros dramaturgos clásicos, y por eso la primera mitad de la película se concentra en dar consistencia a los personajes.
¿Cómo vivió la oportunidad de trabajar junto a Max Von Sydow?
Es un actor extraordinario, y además, es un icono. Ha hecho cientos de películas, y sabe en cada instante lo que debe hacer. El placer de trabajar con figuras como él o como Pete Postlethwaite es enorme.
Como protagonista, uno sabe que estará en toda la película, pero en esos días especiales en los que trabajas con ellos, te limitas a dejar que las cosas fluyan, porque lo que hacen es sencillamente maravilloso de observar... Y uno tan sólo debe reaccionar ante lo que ellos hacen.
En el otro extremo está Rachel Hurd-Wood, una intérprete maravillosa pero joven. Su energía es contagiosa y enloquecida, así que, como actor con más experiencia, tienes que ayudarla a centrarse.
Copyright de imágenes y texto © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.
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