Entrevista con José Luis Garci. "El Dos de Mayo"

JoseLuisGarci

De todos los cineastas españoles en activo, José Luis Garci es uno de los más fieles a la lección aprendida en el Hollywood de la edad dorada.

Fiel a estos criterios, Garci añora unas formas narrativas –las del clasicismo– que hoy van quedando en desuso. No sé si es cierto que casi todos sus seguidores somos cinéfilos a la antigua, pero es casi seguro que el director ya no exige un espectador pasivo, sino un cómplice. En su última cinta, Sangre de mayo, se atreve nada menos que con otra adaptación galdosiana. El argumento de la película, de rango heroico y a la vez intimista, me sirve para plantearle una entrevista mientras paseamos por el set de rodaje.

El largometraje Sangre de mayo, con un presupuesto de unos quince millones de euros, genera expectación a partir de cifras muy poderosas. Han participado en ella nueve mil figurantes y cincuenta jinetes, a los que se suman otros cincuenta especialistas que, vestidos de época, han avanzado, a sangre y fuego, por las calles del Madrid de 1808.

En el reparto se dejan ver los nuevos valores –Quim Gutiérrez, Paula Echevarría– y los actores de largo recorrido –Manuel Galiana, Carlos Larrañaga, Fernando Guillén Cuervo–, lo cual no es botín desdeñable si de lo que se trata es de atraer a un público de distintas generaciones.

Los deslumbrantes decorados abarcan treinta mil metros cuadrados, y están construidos en la localidad madrileña de Fuente el Saz del Jarama. A mi derecha, se alza una perfecta reproducción del Arco de Cuchilleros, que establece la perspectiva general de un escenario en el que, frente a las cámaras, ya han combatido los coraceros napoleónicos y los sublevados madrileños.

Acabo de charlar con el director artístico, Gil Parrondo, un hombre culto, casi eminente, premiado con dos Óscar por su labor en Patton y Nicolás y Alejandra. Decidido a reproducir el casco histórico de Madrid con la mayor verosimilitud posible, Parrondo me comenta que ha manejado mucha documentación de archivo, propia y ajena.

En la misma postura verista se sitúa Garci, quien extrae aquí la trama de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Su objetivo: hacer buen cine a cuenta de recrear la Historia. Créanme si les digo que no muchos cineastas de nuestros días se proponen una tarea tan necesaria y tan relegada.

Pero hoy, lo mismo que ayer, el cine debe servir para fijar nuestra identidad y para contar esa aventura colectiva con la que se conecta por empatía o por rechazo. Esa aventura en la que siempre, por mucho que le pese a los gestores de la corrección política, acaban definiéndose nuestro pasado y nuestro porvenir.

José Luis, alguna vez te he oído comentar que es una lástima el modo en que el cine español desaprovecha nuestra Historia. Casi es un tópico repetirlo, pero en eso, desde luego, nos diferenciamos de los ingleses, de los franceses, y por supuesto, de los estadounidenses.

Yo creo que ha habido un género muy bueno… Es un género que se nos ha escapado, y que es, en particular, el de la conquista de América.

Es verdad. Y resulta difícil explicarse por qué.

Piensa en ese mundo exuberante de verdes, de corazas plateadas brillando al sol, de caballos en la selva… Era un mundo maravilloso, y se ha hecho muy poco. Saura lo abordó en El Dorado, donde contaba esa aventura de Lope de Aguirre que antes rodó Werner Herzog. Este es un género para nosotros hubiera sido como el western.

Tiene un componente épico, desde luego.

Además, se desarrolla en un escenario que también tiene las fronteras difusas, igual que sucede con el Oeste americano.

Pero el tratamiento tendría que ser atractivo. Por ejemplo Alba de America, la película que rodó Juan de Orduña en 1951, no llega a funcionar como debiera. Ahí, a pesar del talento del director, se impone la guardarropía y el aire algo solemne.

Bueno, es que en Alba de América se cuenta la historia de la aventura de Colón, y ese no es un tema muy agraciado. Incluso Ridley Scott y George Pan Cosmatos lo han intentado y no les ha salido muy bien.

Cierto… En todo caso, la recreación histórica es un asunto muy peculiar. No es fácil acertar con el tono.

La Historia es muy difícil de llevar al cine. Una cosa es el rigor histórico y otra cosa el rigor mortis [Risas]. Entonces hay que andarse con mucho ojo y darle vida al argumento. La sensación… la impresión de vida no debe desaparecer nunca en las películas. Menos aún en las películas que son históricas.

Siempre se puede caer en el puro cartón piedra, ¿verdad? Lo digo porque hay muchas películas de este tipo que me recuerdan a los museos de cera.

Tenemos que amoldar nuestra sensibilidad de hoy a la de otro tiempo. Hay que conseguir que las películas estén llenas de vida. Hace siglos, el entorno y las condiciones eran distintas, pero por dentro cada persona quería ser feliz, quería ser mejor, estaba enamorada o sufría un desamor…

Lo mismo que nos ocurre ahora.

No han variado mucho los sentimientos. Eso es lo que a mí me gustaría reflejar en Sangre de mayo, cuyos personajes atraviesan una corriente muy clara que es ni más ni menos la Guerra de la Independencia. Una guerra que empieza en ese momento.

La épica lo es todo en una cinta de este tipo. Se puede hacer toda una tipología del cine épico, pero me imagino que, a la hora de rodar, te vendrán a la memoria otras películas de aventuras que en su momento rodaron Michael Curtiz, Raoul Walsh o incluso Howard Hawks.

Ojalá me pasara a mí como a Howard Hawks, que no había hecho nada de cine histórico y rodó Tierra de faraones (1955), que es una película que a mí me parece maravillosa… La verdad es que no lo sé, no tengo ni idea. Plantear en el cine la épica mezclada con el mundo de la emoción creo que es algo muy difícil. Desde luego, para mí es una aventura que no tiene antecedente ninguno.

Pero tú ya conoces bien el universo de Galdós…

Sí, quizá el haber trabajado antes con Galdós en El abuelo me hace conocer o aproximarme mejor a cómo entendía él un determinado tipo de personajes de nuestra Historia. Pero, de verdad, no lo sé… Para mí ésta es una experiencia nueva. En todo caso, es un trabajo en el que hemos invertido muchas horas. Sobre todo a la hora de hacer estos decorados. Vamos a ver el rendimiento que le podemos sacar.

Para realizar toda esta ambientación de Sangre de mayo vuelves a contar con tu amigo Gil Parrondo, que es uno de los grandes maestros en este campo. Debe de ser un privilegio contar con un colaborador como él, ¿no es cierto?

Llevo trabajando con Gil Parrondo desde Volver a empezar, que es del año 1981. Así pues, llevamos trabajando juntos casi treinta años. Pero antes ya le había conocido sus decorados para Samuel Bronston [La caída del Imperio Romano (1964)]. Creo que este de El Dos de Mayo es uno de los mejores decorados que se habrán hecho en el cine español.

Hablamos sobre una película basada en acontecimientos históricos y en textos literarios bien conocidos. Por tanto, me imagino que, a la hora de escribir el guión junto a Horacio Varcárcel, habréis tenido que decidir en qué grado ser fieles o infieles a la documentación que teníais sobre la mesa.

Los acontecimientos del Dos de Mayo los conocemos todos, porque están bien documentados, y porque no hace tanto que ocurrió todo aquello. Sólo hace doscientos años, lo cual en la Historia es muy poco. Y en lo literario, aquí se sigue muy, muy libremente un episodio nacional de Galdós, pero está cambiado absolutamente. Hay una determinada visión del Madrid de la época. Hay personajes que no tienen nada que ver con la historia y que están insertados. Es algo parecido a lo que sucedió con El abuelo, que era una obra de teatro y se fue convirtiendo en una película, buscando una serie de lugares distintos en los que desarrollar la acción.

En Sangre de mayo has trabajado con un joven intérprete, Quim Gutiérrez, que da vida al protagonista, Gabriel Araceli.

Araceli es el héroe de los Episodios nacionales de Galdós, y bueno, es un poco eso… un personaje independiente. Un tanto moderno porque no está apuntado a banderías de ningún género. Quim Gutiérrez es el actor que se llevó el Goya por Azul Oscuro Casi Negro, y tiene sobre su espalda todo el protagonismo de la película, junto con Paula Echevarría. Pero sobre todo él es quien lleva el peso de la historia. Quim es un chico joven, de veinticinco años, y un actor estupendo.

La película forma parte de un esfuerzo institucional de la Comunidad de Madrid para recordar el bicentenario del Dos de Mayo. ¿Cómo valoras, en lo personal, esa conmemoración?

Hablamos del bicentenario de uno de los hechos más importantes que ocurrieron no sólo en Madrid sino en España: la guerra de la independencia. Y todo comenzó precisamente aquí, en estos lugares donde estamos, con el levantamiento del pueblo de Madrid [Garci se gira hacia el decorado]. En la Puerta del Sol, con la carga de los mamelucos.

José Luis Garci, en los decorados de El Dos de Mayo © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.


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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Cine clásico

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

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