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Entrevista con Pedro Almodóvar

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Entrevista con Pedro Almodóvar
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Pedro Almodovar

Pedro Almodóvar estrena Los abrazos rotos, un largometraje protagonizado por Penélope Cruz, Lluís Homar, Blanca Portillo y José Luis Gómez.

Esta novedad en la cartelera es suficiente para recuperar esta extensa entrevista con el director, en la que repasa el conjunto de su trayectoria. No en vano, Almodóvar ocupa con todo derecho un lugar de privilegio en el panteón cinematográfico internacional. Como se verá a lo largo de este diálogo, las razones para ello son múltiples. Por ejemplo, su estilo inconfundible, en el que se alternan el kitsch, la iconografía de cuño costumbrista y la mejor tradición del melodrama hollywoodense.

Muy admirado por el público internacional, Almodóvar es ya un personaje de la cultura de masas, y la productora que fundó hace años junto a su hermano Agustín, El Deseo, se nos ofrece como el rótulo que identifica su filmografía.

Con el paso del tiempo y ante el éxito de dicha empresa, ambos han consolidado un grupo estable de trabajo, encargándose Pedro de la faceta creadora y Agustín de las tareas organizativas y financieras.

Jalonando esta aventura profesional, la buena marcha de El Deseo queda demostrada por un generoso repertorio de premios. Gracias a Mujeres al borde de un ataque de nervios, Pedro Almodóvar fue candidato al Oscar por primera vez.

En 1990 le fue otorgado en España el Premio Nacional de Cinematografía, y el 6 de marzo de 1999, el César de honor, máximo galardón del cine francés. Al poco le fue entregada la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes.

Asimismo, el director cuenta con el Premio Diálogo de Cooperación Hispano-Francesa y fue nombrado Oficial de la Orden de las Artes y las Letras del Ministerio de Cultura Francés, institución que más tarde homenajeó al español como Caballero de la Legión de Honor.

Por lo demás, si recuerdan las recientes entregas de la Ceremonia de los Oscar, ya saben que Hable con ella y Volver volvieron a demostrar que el realizador tiene a la Academia de Hollywood de su parte.

Aun cuando su filmografía ha ido moderando determinadas audacias de primera hora, es cierto que el repertorio de Almodóvar todavía se agrupa en torno a los motivos centrales que él aportó a un fenómeno que, según él mismo nos dice, no llegó a existir realmente: la movida.

Quiero preguntarle por determinados elementos que, a mi modo de ver, persisten en su cine. Me refiero por ejemplo, al elemento coral, la presencia de la televisión o una idea transgresora de la sexualidad. Son detalles que ya salen a relucir en sus películas de los ochenta, y que reaparecen en cintas, más recientes, como Hable con ella y Volver.

No soy muy consciente de la posible relación entre Hable con ella y las producciones de mi primera etapa, como Laberinto de pasiones o de La ley del deseo… Quizá en Hable con ella eso se note en la presencia –más o menos breve– de actores que ya han intervenido en mis anteriores proyectos. Por ejemplo, Marisa Paredes, Cecilia Roth, Loles León, Chus Lampreave o José Sancho, entre otros… Sin embargo, no es lo mismo. Aquí no se trata de cameos –o apariciones fugaces de gente famosa, que es además amiga del director– sino de actuaciones profesionales, destinadas a dar entidad a los personajes, por pequeños que éstos parezcan.

Chus o Loles tienen que defender sus secuencias, y éstas no funcionarían sin el talento que ellas aportan. Por otro lado, tampoco sabría señalar un largometraje mío al que pueda emparentar con Hable con ella.

¿No cree en esa relación?

Bueno, todas todas mis películas se relacionan, aunque también hay cambios. Por poner un caso, tengo la sensación de que Todo sobre mi madre pertenece a una especie de trilogía que surgió inconscientemente, y de la que también forman parte La flor de mi secreto y Carne trémula, que son películas más serias, pausadas, donde la emocion es lo que importa, los sentimientos son los que tiran de la trama y el humor queda en segundo plano.

Es verdad que también aquí aparecen otras figuras habituales de mi filmografía –hay, por ejemplo, una portera, interpretada por Chus Lampreave–, pero eso no me permite establecer vínculos muy estrechos…

Ya entiendo.

Aún carezco de la distancia necesaria para observar mi cine en perspectiva. Cada título es independiente y corresponde a una época distinta. En todo caso, si tuviera que fijar una relación, la establecería entre Hable con ella y Matador, pues en ambas se aborda el universo taurino… Pero por supuesto, imagino que sí existen algunos hilos comunes que vienen a ligar todas estas películas. Al fin y al cabo, son hijas del mismo padre.

Seguramente hallará otros paralelismos si se detiene a pensarlo…

Además de la tauromaquia, Matador y Hable con ella coinciden en otro ingrediente: los lazos que unen el sexo y la muerte. Cuando volví de Los Ángeles, ya tenía muchos apuntes sobre la historia de Hable con ella. Entre ellos, destacaban dos ideas: la de un hombre a quien se le escapan las lágrimas porque acaba de darse de bruces con un momento de extraordinaria belleza –en determinados casos, ésta puede tener algo de horroroso–; y la de una mujer que despierta después de muchos años en estado vegetativo.

Ya había leído varios recortes de prensa en torno a esta cuestión. En concreto, conocía el caso de una norteamericana que había resucitado de un coma que se prolongó dieciséis años. Es decir, tiempo suficiente como para que los médicos hubieran negado cualquier posibilidad de curarla. Asimismo, descubrí cómo el guardián nocturno de una morgue rumana, impulsado probablemente por la soledad, se sintió atraído por una joven muerta. Al fin, el joven cedió al impulso de sus deseos y violó a la difunta. Lo extraño del asunto es que ella, en realidad, sufría catalepsia, y despertó tras el acoso. Evidentemente, ésta era una de esas ocasiones en que la muerte aparece interpretándose a sí misma, pero después se va.

¿Y qué sucedió entonces?

En fin, la familia de la resucitada mostró su agradecimiento al violador, e incluso le buscó un abogado. Ahí se ve cómo los actos humanos tienen lecturas a veces paradójicas: un delito muy grave sirve para salvar una vida, y es interpretado como un acto benéfico. La tragedia de una persona se convierte en felicidad para otra.

A mí me interesaba este dilema, encarnado en la figura de Benigno, el protagonista de Hable con ella. Es probable que un psiquiatra lo diagnosticara como un psicópata, pero yo no he querido juzgar sus acciones sino explicarlas. Benigno es coherente, aunque vive en otro mundo.

Usted siempre ha demostrado muy cercano a su familia y a su tierra natal. ¿Es Volver la cinta donde mejor quedan expresados ambos sentimientos?

No es fácil para mí regresar a La Mancha, porque sigo sintiéndome un niño. Salí de allí con ocho años, y cuando regreso, no lo hago como un director famoso, sino como niño desconcertado. Por eso, desde el punto de vista emocional, Volver es una película que me ha aportado mucho más de lo que yo imaginaba.

Para explicarlo, me he referido a la metáfora del pozo, centro del hogar manchego, cuyo brocal se abre para que yo encuentre multitud de sensaciones. En este viaje por la memoria, debo decir que me he sentido más frágil. Una parte de mí, un tanto rígida, se ha suavizado de forma saludable. De todas formas, aclaro que yo no me dedico al cine para solucionar problemas íntimos, sino como un revulsivo personal.

Obviamente, la película me trae a la memoria personajes que conozco: el vecindario, mi padre y mi madre…

Ha reconocido que en sus películas hay muchas madres… Claro que son madres de un tipo determinado: dicho con sus palabras, le interesa reflejar “una madre severa, agria, muy española, siempre bregando con los niños”. Se trata, además, de otra figura que también queda representada en Hable con ella.

En Hable con ella, el personaje de Benigno ha vivido toda su vida con su madre. En realidad, toda su existencia ha transcurrido alrededor de una cama –primero ocupada por la madre, que se dejó vencer por la desidia cuando su marido la abandonó; y luego por Alicia, cuando ella quedó en estado vegetativo–. La madre de Benigno se retiró prematuramente de la vida social, y en lo sucesivo, él se dedico a cuidarla, pendiente de ella día y noche.

Desde que era niño, esa mujer se convirtió en el centro de su vida. Para mejorar sus cuidados y mantenerla bella, aprendió enfermería –de hecho, aprendió a ser el mejor enfermero del mundo–, estetitienne e incluso peluquería. Ahora bien, como el resto de personajes, Benigno también se guarda muchos misterios. Tan sólo conozco de él las cosas que he contado.

Desde luego, hay mucho de esa afectividad desmedida en Benigno.

Más allá de lo que se muestra en la película, y como consecuencia de esa soledad que es una de sus características, quizá el personaje de Benigno hubiera llegado a una nueva situación amorosa.

Es posible que, ya en la cárcel, de haber aceptado un encuentro con Marco, a lo mejor hubiese podido considerarlo su novio. Son dos hombres cuyas emociones acaso hubieran llegado a expresarse en el plano físico. No es descabellado pensar que, si ese vis a vis hubiera tenido lugar, tal vez Marco se hubiera acurrucado entre los brazos de Benigno, y con ello este último no hubiese sido infiel al gran amor de su vida, que es Alicia.

Pero esa posibilidad no sólo existe entre Benigno y Marco. También existe entre muchas personas que se aman de verdad y que son del mismo sexo.



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