
El escenario es rústico y cálido. Con un aire de western, podría decirse. Varios fardos de paja se amontonan junto a una silla de montar, y un caballo alazán aguarda en las proximidades.
Aunque no lo parezca, nos hallamos en un hotel –el Villa Magna, en el corazón financiero de Madrid– y este decorado se debe a un lanzamiento cinematográfico: Hannah Montana, la película, cuyos protagonistas, Miley Cyrus y Billy Ray Cyrus, nos relatarán hoy las muchas razones por las que su vida profesional se ha convertido en todo un éxito.
Tras posar frente a los reporteros, junto a esa silla de montar en la que alguien ha colocado el distintivo “Yo quiero a Hannah Montana”, Miley y su padre, Billy Ray Cyrus, se encaminan hacia el interior del hotel. Los fotógrafos lanzan resplandecientes ráfagas a modo de despedida.
La expectación es casi tan notable como la comercialidad del film que ambos presentan. No en vano, Hannah Montana: The Movie es un entretenimiento familiar de 102 minutos, la mitad de ellos ocupados por canciones pegadizas y millonarias en ventas.
Olvídense del argumento o de la calidad de los diálogos. Olvídense de los constantes clichés. Olvídense de los consejos más o menos cínicos que damos los críticos. Ésta no es una película sofisticada, sino un producto infantil diseñado para un público muy específico: las niñas y las preadolescentes.
¿Y qué pueden hacer los padres para disfrutarlo? Muy fácil: distraerse con los pequeños detalles. La belleza de los paisajes de Tennessee. La voz de cantantes tan valiosos como los Rascal Flatts y Taylor Swift. El optimismo ingenuo de números musicales como Hoedown Throwdown, con ese estribillo casi publicitario: “Pop it, lock it, polka dot it”…
De acuerdo con los valores familiares que Disney defiende, Hannah Montana muestra a ese público infantil la importancia de las raíces. Unas raíces que Miley Cyrus sitúa en Nashville, la ciudad donde pasó su infancia y donde rodó esta película.
Cuando se lo comento, la actriz se muestra encantada. “Necesitaba regresar a Tennessee –me dice–. Al igual que mi padre, necesitaba tomarme un respiro. De hecho, la vorágine de compromisos que he vivido en los últimos años me ha impedido volver allá. De no ser por esta película, no habría tenido la ocasión de regresar. Afortunadamente, esta ha sido una estupenda oportunidad para volver a casa y serenarme”.

Billy Ray Cyrus –sí, el mismo cantautor country que hizo famoso el Achy Breaky Heart– muestra hoy una nostalgia que parece sincera. Parte de Hannah Montana se rodó en un rancho al sur de Nashville, a pocos kilómetros de la verdadera granja de la familia Cyrus. Le pregunto por sus sentimientos durante ese regreso a un paisaje que conoce bien.
“Para reflejarlos –responde–, he escrito una canción titulada Back to Tennessee. Forma parte de mi nuevo álbum, que sale a la venta el próximo lunes. La canción suena en la película, y describe con total sinceridad las emociones que afloraron durante el rodaje: lo que estaba ocurriendo en mi vida, el hecho de trabajar con mi hija…”.
Back to Tennessee, editado por Lyric Street Records y por el sello Walt Disney, explota el mismo estado de ánimo que Billy Ray Cyrus quiere subrayar hoy. Llamémoslo autenticidad.
Por seguir con el tópico country, parece que, en esto y en otras cosas, Billy Ray hace caso del consejo que le dio el cantante Waylon Jennings. “Hijo –le dijo un día–, tómatelo como un cumplido. Conoces la definición de forajido, ¿verdad? Es alguien que está a punto de extinguirse. Limítate a ser tú mismo. Eres único”.
En su respuesta, Cyrus me da otra pista familiar que resume su filosofía de vida. “Lo cierto es que tanto Miley como yo –añade– necesitábamos regresar al lugar del que procedemos. Mi padre decía que en la vida es necesario saber lo que te rodea y estar dispuesto a mirar hacia el futuro, pero es aún más importante no olvidar de dónde vienes. De eso trata la canción Back to Tennesse, y de eso trata también la película. En este sentido, es bastante autobiográfica”.
Mientras la pareja atiende a otros periodistas, percibo que Miley y su padre, al igual que sus personajes en Hannah Montana, deben moverse con cautela en esa frontera que separa ficción y realidad.
“Al igual que yo en la vida real –dice Miley–, Hannah Montana necesita tomarse un respiro en la película. Lo mismo le sucede al personaje de Miley Stewart. De ahí que volver a Nashville haya sido muy importante. Llega al momento en que, lo mismo que Miley cuando se convierte en Hannah Montana, nosotros también estamos viviendo una doble vida”.
La teleserie en la cual se basa esta película es una de las franquicias más rentables de Disney Channell. Con una audiencia millonaria, la comedia televisiva ha convertido a Miley en una celebridad.
“Es muy divertido –aclara ella–, pero también produce ansiedad. En esos momentos de stress, es bueno recordar por qué lo haces. Es entonces cuando recuerdo la llamada en la que me propusieron protagonizar la serie o cuando me confirmaron que iba a emitirse. Son momentos especiales, completamente inolvidables”.
Con una sonrisa que no termina de asentarse en sus labios, Billy Ray hace gala de su orgullo paterno. Nos comenta que le gusta ser amigo de todos sus hijos. “Es como una roca a la que aferrarse”, dice Miley.
¿Dije orgullo? Al cantante no le faltan razones para sentirlo. Le gustan la personalidad de Miley, el tipo de canciones que ella escribe, y su estilo de comediante, con ciertos toques de Lucille Ball.
En cierto modo, Miley Cyrus encarna como nadie los principios de la compañía Disney. Pese a que el boom publicitario se ha hecho tan enorme, no corre el peligro de trivializarse.
“Hoy en día –explica Miley–, Disney Channell pone su énfasis en la serie, pero también nos concede otras oportunidades. Hannah Montana es un entretenimiento familiar, pero también nos da la ocasión de cantar y bailar. Además, nos mantiene en la vida real, y por eso defiende valores como la ecología”.
Sentado a la derecha de Miley, Peter Chelsom, el director de la película, parece cómodo en un discretísimo segundo plano. A su favor hay que decir que Nashville y sus alrededores quedan retratados con un cuidado estilo fotográfico.
“Aunque parezca extraño –dice Chelsom–, cuando me hicieron la propuesta de rodar Hannah Montana, desconocía por completo el show televisivo, y sabía muy poco acerca de Miley. Pero el apoyo de Disney fue excepcional. Todos estábamos de acuerdo en que éste debía ser un film familiar. Yo mismo soy una persona familiar, así que fue un planteamiento con el que me sentí muy cómodo. He enfocado el rodaje como lo he hecho con otras de mis películas, pero respetando los sueños y anhelos que Miley encarna. Estoy muy orgulloso del resultado”.
La propia Miley asiente, y por un momento, esta joven de dieciséis años parece confundirse con su alter ego de la ficción: Miley Stewart, una chica normal, estudiante de instituto, que vive con su padre y que, oculta bajo una peluca rubia, se transforma cuando quiere en la superestrella Hannah Montana.
Peter Chelsom, Miley Cyrus y Billy Ray Cyrus en el Hotel Villa Magna, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.
1260 días atrás
479 días atrás
816 días atrás
1082 días atrás
1082 días atrás
1122 días atrás
1143 días atrás
1323 días atrás
1323 días atrás









































































