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ArquiEscultura: diálogos entre la arquitectura y la escultura

ArquiesculturaEl Museo Guggenheim Bilbao presenta, a partir del 28 de octubre y hasta el 26 de febrero de 2006 ArquiEscultura: diálogos entre la arquitectura y la escultura desde el siglo XVIII hasta el presente.

Bilbao fue una de las primeras comunidades en descubrir que una atractiva arquitectura escultórica puede ser una eficaz herramienta de marketing para suscitar la atención y atraer visitantes a la ciudad.

Esta estrategia se conoce en todo el mundo como “el efecto Guggenheim”.

Otros muchos edificios han seguido la huella trazada por la “arquiescultura” del Museo Guggenheim Bilbao de Gehry, como por ejemplo la Torre Agbar de Jean Nouvel, el Edificio Forum de Herzog & de Meuron en Barcelona, o el centro de las ciencias “Phaeno” de Zaha Hadid, un ondulante cuerpo triangular de carácter futurista que se inaugurará este otoño en Wolfsburg, Alemania.

Los edificios parecen esculturas aumentadas de Jacques Lipchitz, Henry Moore o incluso Eduardo Chillida, por ejemplo, y la enorme creatividad con la que los arquitectos dan forma hoy en día a sus edificios, sugiere que la arquitectura, en general, es una continuación de la historia de la escultura en forma de edificios.

Este reciente boom de la arquitectura escultural hace olvidar con facilidad que anteriormente ya hubo “arquiesculturas”; es más, el fenómeno actual se halla dentro de una larga tradición en la que la arquitectura y la escultura se fecundan y utilizan recíprocamente.

Las pirámides egipcias ya impresionan por su perfección geométrica y su sencilla expresividad; en el gótico se aúnan la arquitectura escultórica y la arquitectura en una única fusión orgánica; y en el barroco las fachadas se expanden y alabean como los elementos de una escultura.

La relación de cercanía entre arquitectura y escultura se acentuó en el siglo XVIII y el diálogo entre ambas es, desde entonces, uno de los más interesantes fenómenos de la Modernidad.

La exposición ArquiEscultura, que se presentó por primera vez al público en el invierno de 2004–05 en la Fondation Beyeler en Riehen, cerca de Basilea, y que, tras su clausura en Bilbao, podrá verse en el Kunstmuseum Wolfsburg en Alemania en la primavera de 2006, aborda la relación entre escultura y arquitectura con una amplitud y profundidad histórica sin precedentes, desde el siglo XVIII hasta el presente, desde el cenotafio de Newton proyectado por Etienne-Louis Boullée (1784) hasta el Museo Guggenheim Bilbao de Frank O. Gehry.

La muestra reúne alrededor de 180 esculturas, pinturas y maquetas de edificios procedentes de todo el mundo y en ella están representados en torno a 60 artistas y 50 arquitectos como Adolf Loos, Frank Lloyd Wright, Frederick Kiesler, Louis Kahn, Mario Merz o Cristina Iglesias, entre otros.

Entre los arquitectos españoles se encuentran Juan Navarro Baldeweg con su proyecto “Wang Wei” en Benidorm y el estudio de Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón con una maqueta del Auditorio de la Ciudad de León.

El aspecto más singular y novedoso de esta muestra es la confrontación directa de obras de destacados escultores con maquetas de edificios que son en sí mismas pequeñas esculturas, lo que permite al visitante establecer comparaciones directas entre las dos disciplinas.

Instalada en la segunda planta y en la salas 301, 302, 303, y 304 de la tercera planta del Museo, la exposición ArquiEscultura invita a un viaje de descubrimiento plástico en el ámbito tridimensional y revela un modo lúdico de percibir nuevas relaciones entre la arquitectura y la escultura.

Una cuidadosa y premeditada confrontación de obras del gran escultor Eduardo Chillida con maquetas de arquitectos internacionales más jóvenes como Steven Holl o Herzog & de Meuron, muestra, por ejemplo, cuán importante es la función paradigmática de la escultura moderna para los conceptos espaciales de la actualidad y el diseño por ordenador.

El edificio del Museo Guggenheim Bilbao, que es en sí mismo una super-arquiescultura, ha proporcionado a Markus Brüderlin, comisario de la muestra y recientemente nombrado Director del Kunstmuseum Wolfsburg en Alemania, y al diseñador, Dieter Thiel, que desarrolla habitualmente su labor en el Vitra Design Museum en Weil am Rhein —el primer edificio de Gehry en Europa— un excepcional escenario para la instalación de una exposición con el tema de la “ArquiEscultura” .

La muestra se ha trazado como una historia en diez capítulos que conduce al visitante desde el siglo XVIII, con la visión de Etienne-Louis Boullée de un cenotafio esférico para Newton, hasta la evocación multivisionaria del Monolito de acero de 34 m de altura, que el arquitecto francés Jean Nouvel hizo flotar en el lago de Murten con motivo de la Exposición Nacional Suiza en 2002.

Prólogo: Antecedentes de la historia (sala 208)

En este espacio, al inicio del recorrido, se confrontan obras de los pioneros de la escultura moderna —Brancusi, Maillol, Rodin, Matisse— con los cuatro estilos principales de la historia de la arquitectura: arcaico/románico, clásico, gótico y barroco.

Hasta hace poco, los orígenes de la escultura moderna se interpretaban fundamentalmente como una transferencia de la pintura cubista de Braque o Picasso al espacio tridimensional.

Partiendo de la pirámide de Giza, un templo griego, la catedral neogótica de Antoni Gaudí y el remate barroco de la cúpula de la iglesia de Sant’Ivo alla Sapienza de Borromini, en Roma, el visitante tendrá la inusual oportunidad de observar cómo la escultura moderna, desde su nacimiento en torno a 1900, ha absorbido influencias esenciales de la arquitectura histórica.

La composición tectónica de las figuras de Aristide Maillol, por ejemplo, evidencia la influencia del clasicismo, mientras Rodin y el constructivismo ruso están marcados por la impronta del gótico.

Capítulo 1: El Neoclasicismo: del siglo XVIII al XX (sala 205)

Con el Neoclasicismo y la gran esfera hueca de Etienne-Louis Boullée de 1784 —una obra capital de la Ilustración— el visitante se adentra cronológicamente en la exposición accediendo a los Architektona (arquitectones, ca. 1920) suprematistas del artista Kazimir Malevich, conocido sobre todo como pintor.

Sus composiciones de blancos bloques rectangulares se inscriben entre las esculturas más destacadas del siglo pasado.

Al confrontarlos con maquetas de los edificios de los vieneses Adolf Loos y Joseph Hoffmann, construidos poco antes, los arquitectones adquieren un significado histórico completamente nuevo.

Como homenaje a Boullée y al riguroso canon formal del clasicismo, el artista alemán Gerard Merz ha creado específicamente para Bilbao en esta sala un friso monumental integrado por cientos de tubos fluorescentes que iluminan la muestra con la “luz de la Ilustración”.

Capítulo 2: El triunfo sobre la escala: “La verdadera arquitectura es escultura” (Brancusi) (salas 205 - 206)

“¡Pero si es mi taller”, parece que exclamó Constantin Brancusi cuando en 1926 vio por primera vez desde el barco la silueta de Manhattan.

La aglomeración de rascacielos cúbicos le recordó los pedestales geométricos, con brillantes figuras de bronce, que el escultor rumano tenía en su taller de París.

En la exposición se reproduce una fotografía de gran formato del taller en la que se aprecia esta similitud y muestra analogías sorprendentes con el lúdico diseño del Atrio y las escaleras del Museo Guggenheim Bilbao.

Brancusi, para quien “La verdadera arquitectura es escultura ”, es considerado como modelo no sólo de numerosos escultores del siglo XX, sino también de muchos arquitectos, incluido el propio Gehry y en la muestra se recrea una síntesis de su taller.

No obstante, diversas esculturas se han sustituido por maquetas de nuevos rascacielos, como el World Trade Center de Minoru Yamasaki, en Nueva York, él mismo convertido ya en utopía.

En los años cincuenta, Brancusi propuso erigir como rascacielos para Chicago una versión, aumentada hasta los 122 m de altura en su ejecución práctica, de su escultura La columna sin fin.

Los edificios se ajustaban antaño a la escala humana mediante las leyes de la proporción.

Brancusi es uno de los artistas que superó esta proporcionalidad de escala y definió la arquitectura como esculturas u objetos de diseño aumentados sin escala, una práctica hoy en día generalizada, tanto para bien como para mal.

Capítulos 3 y 4: La conquista del espacio tridimensional 1910-1930: Cubismo, DeStijl, Bauhaus (sala 206)

El descubrimiento de la forma escultural 1910-30: El expresionismo en la arquitectura (sala 207) El famoso historiador del arte August Schmarsow hizo hacia 1900 esta distinción: la escultura es “gestadora de cuerpos” y la arquitectura “gestadora de espacios”.

Esta división unívoca va quedando inoperante a partir de 1910.

La arquitectura se va volviendo cada vez más plástica y corpórea y la escultura aspira a disolver el cuerpo cerrado y abrirse al espacio.

Así, incitado por el cubismo, en 1912 Alexander Archipenko realizó unos orificios en su Mujer caminando intentando fusionar masa, volumen y espacio vacío.

La escultura se hace cada vez más constructiva y tectónica vinculándose al geometrismo rectangular del Estilo internacional de arquitectos como Vantongerloo y Mies van der Rohe, entre otros.

Simultáneamente, la arquitectura va tornándose más escultórica.

La arquitectura expresiva de un Bruno Taut, Erich Mendelsohn o Rudolf Steiner ha determinado la proximidad entre la arquitectura antropomorfa y la escultura figurativa hasta el momento actual, hasta la arquitectura blob de Greg Lynn y Lars Spuybroek.

La polaridad opuesta de la modernidad dura y geométrica —el primer Le Corbusier, Mies van der Rohe— y del plasticismo blando, orgánico y biomorfo, plantea un diálogo entre las concepciones contrapuestas de la arquitectura expresionista y la racionalista.

Son contraposiciones que se prolongan hasta la actualidad, como evidencia el debate de la arquitectura box y la arquitectura blob.

Este contraste entre lo orgánico y lo geométrico, entre cuerpo y espacio, constituye un ‘leitmotiv’ de la exposición.

Capítulo 5: Lenguaje – alma – espacio: Rudolf Steiner y Ludwig Wittgenstein (salas 207 a 209)

Este contraste se encuentra, por ejemplo, al confrontar las obras arquitectónicas que dos de los pensadores más influyentes del siglo XX crearon guiados por la idea de “filosofía convertida en arquitectura”: el antroposofista Rudolf Steiner, con su Segundo Goetheanum de 1924–28, en Suiza, y el filósofo Ludwig Wittgenstein, con una villa racional y geométrica construida en Austria para su hermana, en 1926–28.

Esta constelación única de espiritualidad y racionalidad forma el sanctasantorum de la exposición, que se complementa con posiciones opuestas en la escultura contemporánea de artistas conceptuales como Joseph Beuys y Sol LeWitt.

Capítulo 6: La arquitectura se hace escultura.

La escultura se hace arquitectura 1950-60 (sala 209) Esta contraposición actúa también en los años cincuenta y sesenta, época que, a diferencia del período prebélico, se conoció como la “era de la escultura” (Carola Giedion-Welcker, 1955).

Le Corbusier creó por entonces la capilla de Ronchamp, que se aparta netamente de la caja geométrica de su Villa Savoye (1929–31) y, en la misma época, la espiral orgánica del Museo Guggenheim de Frank Lloyd Wright se erige junto a Central Park en Nueva York.

Los ondulantes muros que configuran la sala 209 ofrecen el escenario más idóneo para el llamado “estilo escultural” en la historia de la arquitectura.

Entre tanto, en la escultura se abría paso una nueva revolución.

Eduardo Chillida logra convertir el “cuerpo de la escultura” en el “espacio de la arquitectura” y así crea en los años sesenta los cimientos de un nuevo capítulo de la arquitectura escultórica.

Capítulo 7: La escultura como vía y lugar: del monumento a la instalación (sala 203)

Igualmente revolucionarios fueron los experimentos de Alberto Giacometti con la idea del pedestal y su concepto de plaza, que dieron inicio en los años cincuenta a lo que se convertiría en un relevante movimiento artístico.

Giacometti es considerado padre del arte de instalación, una forma de expresión que conquista el espacio, penetra en el espacio urbano, se atribuye una nueva función —la “escultura útil”— e incluso intenta transformar todo el cuerpo social en escultura social (Joseph Beuys).

Capítulo 8: Arquitectura minimalista y escultura paisajista 1970–2000 (sala 202)

Llega un momento en que la arquitectura aprovecha al máximo los experimentos vanguardistas de la escultura y comienza a explotar sus ideas, llegando incluso a absorber literalmente la escultura.

Así, la arquitectura minimalista de Herzog & de Meuron adaptó y, en cierto modo, refinó el método del minimalismo (Donald Judd, Dan Graham) mientras que el elementarismo de arquitectos como Peter Zumthor o Peter Eisenmann está directamente inspirado por la radicalidad del Land Art o arte de la tierra de Walter de Maria.

Capítulo 9: La ciudad esculpida 1960-70: utopías urbanas y megaesculturas informales (sala 304)

También las utopías del nuevo urbanismo, que en los años sesenta se apartaron de la objetividad del funcionalismo, buscaron su inspiración en el arte (Constant, Arata Isozaki, Yona Friedman).

Desde mediados de los años cincuenta surgieron cada vez más proyectos urbanísticos integrados por megaformas esculturales.

El arquitecto austriaco Hans Hollein proyectó para Viena a finales de los años cincuenta monumentales esculturas arquitectónicas destinadas a densificar zonas específicas de la ciudad y dotarlas de una identidad.

Las piezas que reúne esta sección en la sala 304 de la tercera planta, en especial la instalación urbana del escultor español Miquel Navarro Ciudad muralla (1995–2000) han sido situadas de tal modo frente a la fachada de cristal que permiten al visitante establecer una conexión directa entre las piezas utópicas de la instalación en el interior del Museo y la vista del paisaje urbano real de Bilbao en el exterior.

Capítulo 10: Box y blob y el descubrimiento del espacio virtual – El siglo XXI (sala 302)

Este último capítulo esta dedicado a la más candente polémica actual: la disputa entre los partidarios del box y del blob .

La arquitectura funcionalista parte tradicionalmente de la forma de la caja rectangular.

Por otro lado, desde que el ser humano primitivo se cobijara en las cuevas, las formas orgánicas han sido una alternativa recurrente, que con las nuevas posibilidades del ordenador alcanzan su cima en la arquitectura blobmeister (BLOB: objetos binarios de gran tamaño).

En la exposición, este debate se documenta contraponiendo las blandas y dinámicas “Embryological Houses” o casas embriológicas de Greg Lynn a la reinterpretación del Monolito de Jean Nouvel, una construcción cúbica que radicaliza la idea de la caja mediante una monumentalidad hierática.

La más reciente arquitectura blobmeister eleva la relación entre escultura y arquitectura, “(Hans) Arp y Blob”, a un plano completamente nuevo que nos sitúa ante la segunda tesis fundamental de la exposición: la cuestión de si la arquitectura actual, a la vista de su creatividad y de los avanzados medios tecnológicos de que dispone, no podría ser considerada como una continuación de la historia de la escultura aunque realizada con otros medios.

Algunos espíritus escépticos, como el de la prestigiosa teórica del arte Rosalind Krauss, opinan que la arquitectura absorbe, incluso “devora” a la escultura.

En ningún otro lugar del mundo se pueden mostrar mejor estas “amistades peligrosas” que en Bilbao.

Con su Museo Guggenheim Bilbao, Frank O. Gehry creó en 1997 una superescultura, que parece engullir todo lo demás.

La obra Serpiente, creada por Richard Serra para Bilbao en 1994–97 y cuyos precedentes en los años setenta y ochenta establecían un diálogo crítico con espacios públicos en áreas urbanas desfavorecidas, fue engullida por la gran sala del Museo como en el vientre de una ballena.

Sin embargo, con sus siete nuevas esculturas monumentales encargadas por el Museo para su instalación permanente en la sala 104 Arcelor, Richard Serra ha escrito un nuevo capítulo de la novela: “El arquitecto frente al escultor”.

El título de esta instalación, de más de mil de toneladas de peso, La materia del tiempo, sugiere que aún no se ha dicho la última palabra y que, sin duda, el tiempo mostrará qué es lo que prevalecerá.

El propósito de la exposición ArquiEscultura es demostrar que la relación entre la arquitectura y la escultura no es de canibalismo sino que, al contrario, ha sido a lo largo de los siglos, y lo sigue siendo hoy, una relación fructífera.

La contraposición de obras de Hans Arp, Gordon Matta-Clark, Bruce Nauman, etc., con el interior escultural del edificio de Frank O.

Gehry acompañada de diversas maquetas del singular museo, intensifican este diálogo y ofrecen al visitante una ocasión única para experimentar el edificio como superescultura, al tiempo que se pone de manifiesto la historia de la escultura desde un nuevo enfoque.

Copyright de texto e imágenes © Museo Guggenheim Bilbao. Cortesía del Departamento de Comunicación y Marketing del Museo Guggenheim Bilbao. Reservados todos los derechos.


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