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Arte africano

Arte africano

Del 12 de octubre de 2006 hasta febrero de 2007, el Museo Guggenheim Bilbao acogerá la exposición 100% África, una muestra que ilustra la diversidad y riqueza de los modos de expresión artística contemporánea africana, por medio de la visión de veinticinco artistas, provenientes de más de quince países del África subsahariana, lugar donde han concebido y realizado sus obras.

Esta exposición ha contado con el generoso patrocinio de Seguros Bilbao, una entidad vinculada al Museo Guggenheim Bilbao desde su inauguración, que reafirma con esta iniciativa su apoyo al mundo del arte.

Se trata de una exposición única y sin precedentes, que acoge las obras más significativas de la Colección de Arte Africano Contemporáneo (Contemporary African Art Collection —CAAC—), propiedad del coleccionista Jean Pigozzi.

La CAAC es la colección de arte africano contemporáneo más extensa del mundo y está considerada como una de las mejores.

La exposición incluye algunas piezas creadas en exclusiva para su exhibición en el Museo Guggenheim Bilbao.

La exposición, comisariada por André Magnin, ocupa íntegramente las siete salas de la tercera planta del Museo, es una fusión explosiva entre tradición y creencias, pasado y presente del África negra, de la mano de varias generaciones de creadores africanos.

A lo largo de su recorrido la muestra aúna diferentes disciplinas artísticas (pintura, escultura, fotografía, dibujo, instalación, vídeo, etc.), proponiendo al visitante una visión poco conocida e igualmente poco habitual de la creación contemporánea en África.

En el marco de una singular escenografía firmada por el prestigioso diseñador italiano Ettore Sottsass, junto con Marco Palmieri, esta selección alberga obras de artistas de renombre internacional, como el gran retratista Seydou Keïta, los pintores Chéri Samba, George Lilanga o Richard Onyango, el enciclopedista y universalista Frédéric Bruly Bouabré o los inclasificables Bodys Isek Kingelez y Romuald Hazoumé; junto a otras de jóvenes y prometedores creadores como Abu Bakarr Mansaray, Titos Mabota, Pathy Tshindele o Calixte Dakpogan.

La Colección de Arte Africano Contemporáneo "Antes de 1989 no tenía ni idea de que pudiese existir en África una creación contemporánea de tal riqueza".

Con esta afirmación, el coleccionista italiano Jean Pigozzi hacía referencia a la histórica y controvertida exposición internacional Magiciens de la terre, celebrada en el Centro Georges Pompidou de París en esa fecha, que reunía por primera vez a artistas contemporáneos de varios continentes, en un intento de reivindicar una mirada occidental multidireccional de la historia del arte contemporáneo.

Es a partir de este acontecimiento cuando el filántropo Jean Pigozzi, con el apoyo del conservador André Magnin, comenzó a crear la Colección de Arte Africano Contemporáneo.

Desde hace quince años dicha colección se ha convertido en un referente a nivel internacional, no sólo por su diversidad —cuenta con miles de piezas de diversas disciplinas en su archivo—, sino también por su exigente, riguroso e independiente trabajo de investigación en todos los países del África negra.

En el contexto cultural africano, carente de museos de arte contemporáneo, de coleccionistas y de galerías, la CAAC ha jugado un papel fundamental en el reconocimiento internacional del arte moderno africano, gracias a un proceso de seguimiento y colaboración directa con los artistas subsaharianos a lo largo de casi dos décadas.

Desde 1986, fecha en la cual el conservador André Magnin emprendió sus investigaciones para Magiciens de la terre, esta situación de aislamiento de los artistas ha mejorado considerablemente, gracias a la irrupción de las nuevas tecnologías en el continente africano, que han permitido a los creadores comunicarse entre ellos, organizarse y participar en los más prestigiosos eventos de arte contemporáneo del mundo.

La CAAC, con sede en Ginebra, organiza y participa en exposiciones individuales y colectivas de museos de arte moderno y contemporáneo de todo el mundo.

El prisma occidental La noción misma del arte africano contemporáneo ha estado durante décadas sesgada por la mirada occidental.

En el año 1914, prácticamente la totalidad de África había sido repartida y sometida al régimen colonial europeo.

El dominio de estas potencias se manifestó, no sólo en el aspecto político y económico, sino también en el cultural.

De esta forma, la producción artística africana, al igual que ocurrió en otros países “subdesarrollados”, quedó relegada a la condición de folklore y artesanía, reservando la categoría de arte contemporáneo para los países occidentales.

Sin embargo, en África también existía un arte moderno surgido de las academias, producto de la enseñanza colonial y poscolonial, aunque su existencia y calidad no estuviesen internacionalmente reconocidas.

No fue hasta finales de los años ochenta cuando desde occidente comenzó a abordarse el arte contemporáneo desde un punto de vista universal, buscando relaciones interculturales entre todos los continentes.

A partir de 1986, se emprende una exploración sistemática de la producción artística de los “continentes olvidados”: África, América del Sur, Asia y Oceanía.

Estas investigaciones hicieron posible la histórica exposición Magiciens de la terre, que descubrió al mundo obras completamente desconocidas, sorprendentes y libres.

Desde entonces, toda una parte ignorada de la creación contemporánea comenzó a ocupar el lugar que se merecía en la historia mundial de las artes.

Un arte intimista de vocación universal La exposición que exhibe el Museo Guggenheim Bilbao aúna creadores reconocidos internacionalmente y jóvenes promesas; artistas que residen en el corazón de barrios cosmopolitas, en convivencia con las últimas tendencias junto con otros provenientes de áreas rurales que beben de las más arraigadas tradiciones africanas; autores que inventan auténticas “máquinas intergalácticas” para soñar y evocar otros mundos, y otros, sobre todo escultores, que viven enraizados en su tierra natal y se nutren de las tradiciones, creencias, cuentos y leyendas africanas.

El nexo común de todos ellos es que sus creaciones están impregnadas y ligadas íntimamente a la realidad africana y, sin embargo, aspiran a la legitimidad universal y merecen, por su extraordinaria calidad, un reconocimiento en la historia del arte contemporáneo.

De alguna forma estos autores ofrecen instantáneas visuales de su entorno como una forma contemporánea de transmisión de conocimientos heredada de la tradición oral africana.

Es lo que los habitantes de Kinshasa (República Democrática del Congo) llaman radio-trottoir, un vocablo franco-africano que podría traducirse como “rumor urbano”.

André Magnin afirma que 100% África subraya la importancia de cuestiones propias de la colectividad y “constata que una de las realidades ineludibles de África sigue siendo la de la comunidad”, pese a la vocación universal de los artistas.

Entre los autores presentes en esta singular e inédita muestra que alberga el Museo Guggenheim Bilbao se encuentra el gran artista universalista de Costa de Marfil Frédéric Bruly Bouabré, creador del Alfabeto Bété en 1958, un sistema de ideas, elementos lingüísticos y pictogramas que documentan la tradición oral de su pueblo.

Se trata de una de las obras esenciales de este creador para el que las tradiciones y la realidad africana “poseen una radiante belleza que merece ser interpretada y presentada con orgullo para informar e instruir a los hombres”.

En este mismo sentido de autoafirmación de la idea de comunidad, que al mismo tiempo quiere romper barreras y fronteras, se fundamenta la obra de uno de los más célebres pintores congoleños presente en la exposición, Chéri Samba, fundador junto con Chéri Chérin, Moké y Bodo de la “pintura popular zaireña”.

“Mi arte está impregnado de mi entorno, viene del pueblo, concierne al pueblo y se dirige a él.

Sean cuales sean sus orígenes un artista debe ser comprendido en todo el mundo”, sentencia este autor.

Por su parte, el artista Bodys Isek Kingelez, que reside en el corazón de la caótica megalópolis Kinshasa (República Democrática del Congo), asume por medio de su obra un compromiso estético y poético con el arte africano, por medio de sus “ciudades visionarias y utópicas”, mediante las cuales proyecta la creación de un nuevo mundo abierto a su comunidad, De la historia, cultura, creencias y tradiciones africanas se nutre el creador de Benin Romuald Hazoumé, cuyo reconocimiento mundial se debe a sus famosas «máscaras-bidón».

En sus obras, los bidones de gasolina extraídos de los basureros —que simbolizan el consumismo— son transformados en máscaras, en un acto de denuncia de la corrupción de su continente y de la estigmatización de la política de los países occidentales hacia África, a la que, según el artista, estos utilizan como “vertedero”.

El arte sagrado africano también está presente en la exposición de la mano del artista malgache Efiaimbelo, recientemente fallecido, considerado el más prestigioso de la isla por su capacidad de transmitir a las generaciones más jóvenes de África conocimiento ancestral de su pueblo.

Sus “aloalos” son esculturas tradicionales que adornan las tumbas de un difunto adinerado o de un jefe espiritual africano, mediante a las cuales el autor rinde un tributo a la vida más que a la muerte.

Pese a que la fotografía africana no obtuvo un reconocimiento internacional hasta los años noventa, el Museo Guggenheim Bilbao exhibe en 100% África algunas instantáneas de sus figuras más representativas como Keïta, Sidibé, Ojeikere o Depara, cuyas obras son auténticos testigos de la historia de su país.

Seydou Keïta (1923-2001), el gran fotógrafo autodidacta de Mali, llevó a cabo miles de retratos de los habitantes de Bamako —capital maliense—, entre 1948 y 1962.

Además de su valor sociológico, la calidad y singularidad de sus fotografías le otorgaron un reconocimiento internacional.

Mediante estas instantáneas trataba de reflejar la apariencia y el alma del retratado, creando singulares escenografías.

En la efervescencia de los años cincuenta nació una nueva generación de fotógrafos totalmente implicada en la vida cultural y social africana, formado parte de ella como actores y testigos.

Es el caso de Malick Sidibé (Mali) y del congoleño Depara, cuyos archivos atesoran información excepcional sobre los primeros años de la descolonización africana con instantáneas de lo cotidiano y lo familiar.

Desataca por su singularidad la selección de obras del fotógrafo nigeriano Ojeikere, que hace 35 años se embarcó con ahínco en un inédito proyecto artístico consagrado a reflejar y plasmar la diversidad y belleza de los peinados africanos, que trata como auténticas creaciones, y que considera un “legado milenario”.

Su obra aúna una labor antropológica, etnográfica y, ante todo, estética.

La exposición 100% África se ha llevado a cabo gracias a un conocimiento profundo del contexto histórico, político, sociológico y cultural en el que trabajan estos artistas del África negra.

Esta muestra atestigua que la historia del arte contemporáneo universal debe reservar el espacio que se merece a los artistas africanos por la riqueza, singularidad y la fuerza de su arte, que se encuentra más allá de la perspectiva de su procedencia.

Copyright de texto e imágenes © Museo Guggenheim Bilbao. Cortesía del Departamento de Comunicación y Marketing del Museo Guggenheim Bilbao. Reservados todos los derechos.


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