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| Bill Viola |
| La exposición en el Museo Guggenheim Bilbao |
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Bill Viola, uno de los pioneros en el uso del vídeo, viene trabajando en este medio desde los años setenta, explorando la imagen en movimiento con creaciones mono-canal, instalaciones y otras obras que reflejan su profunda vinculación con la historia del arte, la espiritualidad y otros temas relacionados con el concepto y la percepción.
Bill Viola estudió en la Universidad de Siracusa en la década de los setenta.
Allí experimentó con los medios electrónicos, produciendo instalaciones de arte sonoras y videoinstalaciones.
Su relación temprana con Nam Jum Paik, David Tudor y otros influyentes artistas que trabajaban con medios electrónicos de imagen y sonido, le animaron a continuar trabajando con el vídeo.
En 1995 representó a Estados Unidos en la Bienal de Venecia y, entre 1997 y 2000, el Whitney Museum of American Art organizó una gran muestra itinerante monográfica sobre su trabajo.
Creada por encargo del Deustche Guggenheim, Salir al día es un ciclo de cinco proyecciones simultáneas de imágenes digitales, a modo de frescos renacentistas, que explora el ciclo del nacimiento, la muerte yo el renacer.
Cada secuencia, proyectada en continuo sobre la pared del espacio en que se instala, tiene una duración aproximada de 35 minutos y fue rodada utilizando la tecnología más puntera de imagen de alta definición.
El sonido de cada una de las proyecciones interactúa con la arquitectura creando un ambiente acústico envolvente.
El título de la obra proviene de la traducción literal del título del libro egipcio de los muertos, El libro para salir al día, una guía para la salida al día del alma una vez liberada de la oscuridad del cuerpo.
Los visitantes pueden observar cada una de las proyecciones individualmente o experimentarlas como un todo.
Tal y como señala el comisario de la muestra, John Hanhardt, “en conjunto, estos cinco paneles componen una articulación épica del transcurso de los ciclos de la naturaleza y ofrece una reflexión mítica sobre el flujo temporal del nacimiento y la regeneración”.
Para acceder a la sala que ocupa la instalación, los visitantes penetran literalmente en la luz de la primera proyección, “El nacimiento del fuego”, una gran imagen de un cuerpo sumergido en agua roja en llamas a modo de alusión a las llamas del fin del mundo y el origen de la vida en el agua.
A la izquierda de esta imagen se proyecta “La senda”, una extensa panorámica en movimiento en la que aparecen individuos caminando en un paisaje boscoso, como un flujo de personas inmersas en un viaje sin fin.
En la pared de enfrente se sitúa “El diluvio”, que retrata la fachada de un edificio del que emana agua que lo anega, mientras la gente trata de huir de él.
En otra pared se proyecta “El viaje”, que sugiere el tránsito entre la vida y la muerte, evocado por la imagen de un hombre en su lecho de muerte dentro de una casa situada sobre una gran masa de agua, con un barco preparado para partir.
El último panel, “La primera luz”, presenta un paisaje al amanecer, en el que aparece un grupo de rescate exhausto por su esfuerzo por salvar vidas después de una catástrofe, sucumbiendo finalmente al sueño.
Mientras duermen, un hombre surge silenciosamente del agua y asciende hacia el cielo.
Cinco ángeles para el milenio es también una instalación de gran formato, integrada por cinco proyecciones sobre las paredes de una misma sala.
Esta obra, procedente de la colección de la Aarhus Foundation de Dinamarca, ofrece una reflexión más ambigua, si bien impactante, de la perspectiva del artista sobre temas relacionados entre sí, creando una vívida experiencia evocativa y sensorial.
Las cinco proyecciones —"La partida del ángel", "El nacimiento del ángel ", "Ángel de fuego", "Ángel de ascensión" y "La creación del ángel "— ofrecen el retrato, con diferentes matices, de un hombre sumergido en el agua.
Ingrávida e inmóvil, la figura humana penetra en las profundidades de un misterioso mundo subacuático, un luminoso vacío de dimensión desconocida.
La forma humana transita por el vacío entre el cielo y la tierra, suspendido entre la luz y la oscuridad, el tiempo y la eternidad, la vida y la muerte.
La figura, a modo de “ángel”, surge inesperadamente en cada una de las paredes, emergiendo a la superficie en una repentina explosión de luz y sonido.
Dos obras relacionadas temáticamente con las anteriores, El mensajero y El cruce, pertenecientes a la Colección Permanente de los Museos Guggenheim, completan esta presentación.
El mensajero es una proyección de vídeo en la que una pequeña forma central, indefinida y luminosa, emerge de las entrañas de la profundidad oscura.
Paulatina y muy lentamente, la forma va ascendiendo y definiéndose a medida que se va acercando, evidenciando que se trata de una figura masculina que emerge desde las profundidades del agua hasta que irrumpe en la superficie y toma aliento de forma profunda y audible, una experiencia perceptiva y acústica que resulta impactante en su simplicidad y resonancia.
El cruce es una videoinstalación en la que dos proyectores situados en los lados opuestos de la sala proyectan simultáneamente imágenes sobre las dos caras de una pantalla ubicada sobre el suelo del centro de la galería.
Ambas proyecciones muestran una figura humana que termina aniquilada violentamente por la oposición de dos fuerzas de la naturaleza: el fuego y el agua.
Viola enfatiza elementos primarios como el fuego y el agua, tanto en su literalidad como en su exploración figurativa de los ciclos de la vida, la muerte y el renacimiento, en estas videoinstalaciones visual y auditivamente impactantes.
En todas ellas Viola también calibra cuidadosamente los cambios en el tiempo y la escala para provocar profundas y, a veces, inesperadas respuestas en el espectador.
Mediante la vinculación y el alcance de todos los sentidos, Viola ofrece una exploración espiritual universal de la temporalidad y la trascendencia.













































































