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| China: 5000 años |
| La exposición en el Museo Guggenheim |
| Nota de Emilio Ybarra y Churruca |
| Nota de Iñigo de Oriol |
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El Museo Guggenheim Bilbao inaugura el próximo 18 de julio China: 5.000 años, una exposición sin par que presenta una selección única de obras maestras procedentes de la República Popular China.
Unas 500 obras de arte que abarcan en el tiempo desde el Neolítico hasta nuestros días, componen la muestra China: 5.000 años, la primera exposición que reúne el arte tradicional y moderno de este país y que explora el tema de la innovación y transformación en una gran variedad de medios.
Las obras reunidas en esta muestra proceden de 17 regiones de China y han sido aportadas por más de 50 entidades e instituciones para esta exposición, de una magnitud y un alcance sin precedentes.
La parte tradicional de la exposición presenta importantes descubrimientos arqueológicos algunos realizados recientemente, obras maestras de pintura paisajista, esculturas religiosas poco comunes y artículos de lujo exquisitamente trabajados.
La parte dedicada al siglo XX ofrece una exploración sistemática del arte chino moderno.
China: 5.000 años: las artes tradicionales
La sección de la exposición dedicada a las artes tradicionales incluye importantes descubrimientos arqueológicos recientes, obras maestras de la pintura paisajista, originales esculturas religiosas y objetos de lujo finamente tallados.
Según el comisario de la exposición, Sherman Lee, la imagen que a menudo se tiene de China es la de un país monolítico, con fronteras fijas, y que evoluciona muy lentamente a lo largo del tiempo.
En su introducción del catálogo, escribe: “Esta exposición pretende acabar con esta imagen invariable para poner de manifiesto la diversidad –más que la unidad– artística en China e identificar los períodos de mayor actividad y creatividad artísticas”.
Las obras de la exposición se han seleccionado no sólo por su relevancia estética, sino también para ilustrar el tema de la innovación y transformación.
En la sección dedicada a las artes tradicionales destacan siete áreas principales de producción artística: jade, bronce, cerámica funeraria, porcelana y gres, escultura, pintura y caligrafía.
Las piezas más antiguas son unos jades del Neolítico (hacia 3600–1700 a.C.) trabajados con extraordinaria precisión, que representan imágenes rituales de gran belleza.
Aunque se desconoce la función exacta de muchos de estos jades, estas piezas revelan la sofisticación técnica con que se trabajaba este material y la importancia central de estos símbolos para la vida espiritual en la antigua China.
La exposición presenta también una selección de antiguos bronces chinos que destacan por su fuerza y calidad.
Estos bronces rituales –ricamente ornamentados– representan las creencias y prácticas religiosas de las dinastías Shang y Zhou (hacia 1600–256 a.C.), a lo largo de las cuales la fundición del bronce experimentó grandes avances técnicos.
La inusitada diversidad regional en cuanto a estilos y funciones demuestra el virtuosismo técnico y la gran destreza de los centros de fundición no metropolitanos, poniendo al mismo tiempo de manifiesto la diversidad cultural en la antigua China.
Las cerámicas funerarias de arcilla de cocción a baja temperatura de las dinastías Qin, Han y Tang (221 a.C–907) incluyen efigies de tamaño natural de animales y hombres, así como maquetas arquitectónicas muy complejas.
Estos objetos, junto con losas funerarias decoradas con escenas de la vida cotidiana, acompañaban a los miembros de la elite en sus tumbas.
Entre las obras más sobresalientes expuestas estarán cinco de los más de 7.000 guerreros y caballos de terracota del año 221 a.C. hallados en 1977, desenterrados de la tumba de Qin Shihuangdi, primer emperador de China.
La porcelana surgió en China casi mil años antes que en Occidente.
La exposición traza la evolución de esta forma de arte, presentando piezas de porcelana que ilustran una serie de avances, desde las primeras cerámicas del período Neolítico al sencillo clasicismo del gres de la dinastía Song (960–1279) y los estilos más decorados y coloristas de las dinastías Ming (1368–1644) y Qing (1644–1911).
La exposición incluye una muestra espectacular de escultura budista en piedra, que ofrece un magnífico ejemplo de la fuerza transformadora de la cultura china y pone de manifiesto su capacidad para transformar imágenes religiosas y estilos foráneos en formas de expresión claramente chinas.
Un estilo escultórico desarrollado durante la dinastía Tang (618–907), que representaba formas humanas, sensuales y redondeadas, se convertiría en el modelo escultórico dominante en toda Asia durante dicho período.
Esta sección de la muestra termina con una importante selección pictórica y caligráfica, que incluye obras maestras de algunos de los más famosos artistas de China.
Muchas de ellas fueron realizadas en estilos conservadores por artistas profesionales que eran apadrinados por la corte de las dinastías Ming y Qing, y que contrastan vivamente con los, a veces, radicales experimentos en cuanto a técnica y composición de otros artistas de la época, cuyas obras siguen inspirando a los pintores chinos modernos.
China: 5.000 años: sección dedicada al arte moderno
La sección de la exposición dedicada al arte moderno constituye la primera exploración sistemática del arte chino de los últimos 150 años realizada por un museo occidental.
Explora las formas que han tenido los artistas chinos de los siglos xix y xx de fundir la modernidad y sus propias tradiciones en el contexto de la compleja historia de China: su industrialización urbana, su conquista por parte de potencias extranjeras, sus guerras civiles, sus cambios de gobierno y finalmente, en los últimos años, su gradual apertura a la comunidad internacional.
La exposición pone de manifiesto el grado de aceptación o rechazo de los convencionalismos occidentales por parte de los artistas chinos.
Organizada cronológicamente en cuatro partes, esta sección dedicada al arte moderno cuenta con óleos, diseño gráfico, xilografías y guohuas (pinturas de estilo tradicional en tinta y color).
La primera parte,“Innovaciones en la pintura china: 1850–1950” consta de obras realizadas en formato tradicional de álbum o rollo.
Durante la segunda mitad del siglo xix, los pintores con formación clásica convirtieron la floreciente ciudad comercial de Shangai en su centro artístico, pintando tanto para los tradicionales mecenas del arte como para la nueva elite de comerciantes.
Este grupo de artistas, normalmente denominado la Escuela de Shangai, realizó importantes innovaciones en el campo de la pintura china, creando imágenes que destacan por su gran belleza y fuerza de composición.
Este enfoque fue impulsado por los gustos de una nueva clase de mecenas, el nuevo entorno urbano y la adopción de elementos extranjeros.
Entre los principales temas de sus pinturas figuran retratos, obras con motivos de pájaros y flores, así como pinturas que representan narrativas fantásticas.
La segunda parte de la exposición,“La generación moderna: 1920–1950”, incluye a aquellos artistas que asumieron que era necesario incorporar las formas modernas de inspiración occidental para que el arte chino tuviese relevancia en la sociedad de su tiempo.
A lo largo de este período, pero especialmente en los años 30, los pintores que habían estudiado en Japón y Europa aplicaron su vocabulario moderno a las tradiciones y contextos locales.
Destaca especialmente una espectacular colección de xilografías de los años 30 y 40, muchas de las cuales reflejan la alarma de los artistas ante el deterioro de la situación política, económica y social.
La tercera parte de la exposición,“El arte de la nueva China: 1950–1980”,muestra la reestructuración masiva del mundo artístico tras la constitución de la República Popular China en 1949.
Presenta importantes ejemplos del realismo socialista, principal tendencia artística en toda China durante las tres primeras décadas de la República Popular.
Moscú sustituía a París como principal fuente de modelos estéticos y los jóvenes aspirantes a artistas eran enviados a la Unión Soviética para recibir una formación avanzada.Así surgió una escuela de realismo socialista exclusivamente china, caracterizada por un estilo propio en la composición y en el uso del pincel y la tinta.
La cuarta parte de la exposición,“Transformaciones de la tradición: 1980 en adelante”, pone de manifiesto la forma plural de evolucionar a partir de la tradición de la pintura china.
Las últimas décadas, de mayor contacto entre China y el resto del mundo, han creado un clima artístico semejante al existente en los años 30.
La inexistencia de un estilo o tema concreto predominante plantea una gran variedad de opciones artísticas.













































































