
Por diversas razones, George de Forest Brush (1855-1941) es uno de los artistas más atrayentes y singulares del clasicismo estadounidense. Formado en la National Academy of Design de Nueva York y en la École des Beaux-Arts parisina, donde fue alumno del orientalista Jean-Léon Gérôme, Brush es hoy conocido por los bellísimos cuadros que dedicó a la cultura de los indios norteamericanos.
Ese repertorio, tan atrayente como evocador, es el que ahora se expone en la National Gallery of Art, de Washington. La muestra, titulada George de Forest Brush: The Indian Paintings, puede visitarse desde el 14 de septiembre de 2008 hasta el 4 de enero de 2009.
Durante la primavera de 1882, George de Forest Brush viajó a la reserva de Wind River, en Wyoming. Allí permaneció durante varios meses, relacionándose con un mundo que Chateaubriand había descrito con maestría.
“Pasaba de un árbol a otro –escribió el francés en su Viaje a América–, sin cuidarme de caminar a la derecha o la izquierda, porque me decía a mí mismo: aquí no hay caminos que seguir, no hay ciudades, ni casas ahogadas, ni presidentes, ni repúblicas, ni reyes…”.
Orgullosos de su estirpe, los shoshones y los arapahoes descubrieron a Brush una estética fascinante, que el artista recogió en cuadros y numerosos apuntes del natural. Más tarde, el artista se trasladó hasta Montana, y allí, a lo largo de un año, dedicó sus esfuerzos a captar sobre el lienzo la vida cotidiana y la cultura de los crow.
A su regreso, en el otoño de 1883, el pintor ejerció la docencia en la Art Students League. El convencimiento de que el indio era un sujeto pictórico de primer orden derivó, tal vez, de hecho de que representaba como ningún otro la rara imagen de la libertad. Parece claro que a Brush le fascinaba la supervivencia de aquellas tribus en un enclave prodigioso, donde todos los elementos respondían al espíritu más genuino de América.
Los ritos, las costumbres, la cotidianidad de una vida que se resistía a morir. Todo eso forma parte del imaginario que el artista plasmó en sus óleos, y que le llevó a buscar nuevos modelos en Florida –tras los pasos del mítico Gerónimo– y Canadá.
Durante la década siguiente, Brush varió su inspiración. Elaboró distintos retratos de su mujer y su hijo, ensalzando el valor de la maternidad con un estilo propio de la pintura florentina.

Por desgracia, en 1937 un incendio devastó su estudio en Dublin, New Hampshire. Al convertirse en cenizas parte de sus recuerdos, el artista se hundió en una melancolía que ya no le abandonó hasta su muerte, cuatro años después.
La exposición organizada por la National Gallery of Art, George de Forest Brush: The Indian Paintings, parte de un desafío nada fácil: reunir toda una serie de obras que no se custodian en museos sino en colecciones privadas. De hecho, el principal atractivo de este acontecimiento cultural se debe a que las pinturas que forman la muestra son exhibidas juntas por primera vez.
Emblema de una época legendaria, el arte de Brush resulta muy atractivo para el público contemporáneo. Aquí entran en juego los méritos del artista, dueño de una asombrosa técnica pictórica y, sin que esto resulte contradictorio, creador de lienzos donde esa habilidad parece completamente natural.
Dos de los cuadros expuestos, An Arapahoe Boy (c. 1882) y An Aztec Sculptor (1887), ya forman parte de los fondos de la National Gallery of Art. En ambos se advierte el talento para el color y el dibujo desplegado por George de Forest Brush. De hecho, más allá de la hermosa composición, resulta de interés el método, la delicadeza que emparenta a Brush con su maestro Gérôme.
A lo largo de la muestra, integrada por 21 pinturas, cabe admirar las obras que el pintor elaboró mientras convivía en Wyoming con arapahoes y shoshones, y asimismo los cuadros que completó en su estudio, con un estilo que fascinó a los coleccionistas de su tiempo.
La comisaria a cargo de George de Forest Brush: The Indian Paintings es Nancy K. Anderson, quien fue asimismo comisaria y principal autora de los catálogos en dos muestras anteriores: Thomas Moran (1997) y Frederic Remington: The Color of Night (2003).
Anderson compartió, además, el comisariado y la autoría del catálogo cuando se celebró la exhibición Albert Bierstadt: Art and Enterprise (1991).
En ese volumen dedicado a Brush, son analizadas las fuentes y las referencias del artista, su poética y el impacto de sus obras en el contexto artístico de la época.
La introducción del libro, “In Choosing Indians As Subjects...”, corre a cargo de Anderson, quien destaca el modo casi providencial en que las obras de George de Forest Brush han salido nuevamente a la luz. También alude al sentimiento del artista, conmovido ante la decadencia de esas naciones indias que antaño fueron orgullosas dominadoras del territorio.
En todo caso, queda en evidencia, a través de la correspondencia y los artículos del escritor, que los indios no le interesaban como una cuestión pintoresca, sino como representates de una cultura rica, poderosa y sugestiva, por la que él mismo podía sentir una gran afinidad
Obras recomendadas en la exposición
A Young Shoshone, 1882. Colección privada.
An Arapahoe Boy, c. 1882. National Gallery of Art, Washington. Donación de Jane Wyeth en memoria de sus padres, Gertrude Ketover Gleklen y Leo Gleklen.
An Aztec Sculptor, 1887. National Gallery of Art, Washington, Donación (parcial y prometida) de la colección familiar de Ann y Tom Barwick.
Autorretrato, c. 1889. National Academy Museum, Nueva York.
Before the Battle, 1886. Colección privada, Wyoming.
Indian Hunter, 1890. Colección privada.
Indian Hunting Cranes, 1887. Jordan Schnitzer Museum of Art, University of Oregon, Eugene. Donación de Harold F. Wendel y su esposa.
Indian Village at Dawn, 1882. Colección privada.
Mourning Her Brave, 1883. Gilcrease Museum, Tulsa, Oklahoma.
Old Washakie, 1884. American Heritage Center, University of Wyoming.
Portrait of an Indian, c. 1887. Colección privada.
The Crane Ornament, 1889. Colección privada.
The Head Dress, 1890. Propiedad de la Westervelt Company que se expone en The Westervelt-Warner Museum of American Art, Tuscaloosa, Alabama.
The Indian and the Lily, 1887. Crystal Bridges Museum of American Art, Bentonville, Arkansas.
The Moose Chase, 1888. Smithsonian American Art Museum. Donación de William T. Evans.
The Picture Writer's Story, 1884. The Anschutz Collection.
The Revenge, 1882. Museum of Art, The Alex Simpson, Jr., Collection, 1944.
The Sculptor and the King, 1888. Portland Art Museum. Legado de Mary Forbush Failing.
The Silence Broken, 1886. Collection of David H. Koch.
The Weaver, 1889. Terra Foundation for American Art, Chicago, Colección de Daniel J. Terra.
The White Swan, 1885. Russell and Michelle Ball Collection.
Información para el visitante:
Organizadores: National Gallery of Art, Washington, en colaboración con el Seattle Art Museum.
Fechas: National Gallery of Art, 14 de septiembre de 2008 – 4 de enero de 2009; Seattle Art Museum, 26 de febrero – 24 de mayo de 2009.
George de Forest Brush, The Moose Chase (1888) © Smithsonian American Art Museum. Donación de William T. Evans. Cortesía del Gabinete de Prensa del la National Gallery of Art, Washington DC. Reservados todos los derechos.
George de Forest Brush, Before the Battle (1886) © Colección privada, Wyoming. Cortesía del Gabinete de Prensa de la National Gallery of Art, Washington DC. Reservados todos los derechos.
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