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| Heroínas en el Museo Thyssen-Bornemisza |
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El objeto de esta exposición son las figuras de mujeres fuertes: activas, independientes, desafiantes, inspiradas, creadoras, dominadoras, triunfantes…, figuras femeninas muy diferentes de las mujeres seductoras o complacientes, vencidas o esclavizadas, modelos sumisos y pasivos tradicionalmente asociados a dos estereotipos dominantes y complementarios: la maternidad y el objeto erótico.
El comisario de la muestra, Guillermo Solana, nos proporciona las claves de esta exposición: “¿Tienen que desnudarse las mujeres para entrar en el Metropolitan Museum of Art?, era la pregunta provocadora que las Guerrilla Girls basaban en hechos contundentes: Menos del 5 por ciento de los artistas del Departamento de Arte Moderno son mujeres, pero el 85 por ciento de los desnudos son femeninos. La imagen de la mujer ha sido sobreexplotada en el arte occidental y esa sobreexplotación está ligada a la pregunta clásica de Linda Nochlin: ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas? Cuanto más difícil ha sido el acceso de las mujeres reales a la creación artística, más han proliferado las mujeres representadas en la pintura o la escultura. Como si la presencia multiplicada de la mujer en cuanto objeto de la representación pretendiera compensar su flagrante ausencia como sujeto creador de las imágenes. De la abrumadora cantidad de figuras femeninas representadas en el arte occidental, la inmensa mayoría viene a reducirse a dos estereotipos complementarios: la maternidad y el objeto erótico, la madonna y la pin-up. Ahora bien, la misma cultura que impone esos estereotipos dominantes genera contratipos y excepciones que ponen en cuestión los roles de género".
Y añade: "¿Qué significa el título Heroínas? La historia del arte occidental abunda en imágenes de mujeres seductoras, complacientes, sumisas, vencidas, esclavizadas. Pero el objeto de nuestra exposición son las figuras de mujeres fuertes: activas, independientes, desafiantes, inspiradas, creadoras, dominadoras, triunfantes. O bien, para usar una palabra clave de la agenda feminista en las últimas décadas: esta exposición se interesa por aquellas imágenes que pueden ser fuentes de ‘empoderamiento’ (empowerment) para las propias mujeres. (...) El primer compendio de mujeres ilustres por sus propios méritos fue el De claris mulieribus de Boccaccio, que seguía la huella del De viris illustribus de Petrarca. Inspirada por el texto de Boccaccio, pero decidida al mismo tiempo a corregir su punto de vista, Christine de Pizan, escribió en 1405 la primera defensa de las mujeres escrita por una mujer: Le Livre de la cité des dames. Si se permite el anacronismo, Christine de Pizan fue la primera feminista porque atribuyó la desventaja de la mujer, no a la naturaleza, sino a la costumbre. Su texto inauguró una larga Querelle des Femmes que ha durado siete siglos y todavía sigue abierta.”
De la mitología griega a las imágenes subversivas de artistas feministas contemporáneas, de grandes figuras del Cristianismo a anónimas lectoras de prensa… Heroínas presenta cerca de 120 obras, un completo catálogo de personajes femeninos de diversa índole y distintas épocas: Penélope e Ifigenia; Artemis y Atenea; bacantes ebrias y ménades furiosas; Atalanta, la mujer más rápida del mundo; cazadoras y atletas, arqueras y culturistas; Juana de Arco y otras vírgenes guerreras; amazonas y valquirias; las magas Circe y Medea; Santa Catalina de Alejandría, que convirtió a cincuenta filósofos paganos, y Santa Eulalia, crucificada como Jesús; Safo de Lesbos; María Magdalena leyendo y Santa Teresa levitando; Artemisia Gentileschi, Frida Kahlo y otras grandes pintoras.
La exposición es también una especie de “ciudad de las mujeres” centrada especialmente en el ciclo de la modernidad, desde el siglo XIX hasta la actualidad, aunque se incluyen algunos ejemplos desde el Renacimiento.
Siguiendo un orden, no cronológico, sino temático, explora los escenarios y las vocaciones de las heroínas: la iconografía de la soledad, el trabajo, la guerra, la magia, el delirio, el deporte, la religión, la lectura y la pintura.
En cada capítulo de la muestra se yuxtaponen obras de distintas épocas, lenguajes y medios artísticos para provocar una reflexión sobre lo que cambia y lo que permanece a través de esas diferencias.
Y en cada capítulo, una o varias voces de grandes mujeres artistas responden a las imágenes creadas por sus ilustres colegas varones: Caravaggio, Rubens, Rembrandt, Goya, Delacroix, Pissarro, Degas, Munch, Nolde, Malevich, Hopper; artistas vivas (Marina Abramovic, Kiki Smith, Mona Hatoum, Julia Fullerton‐Batten, Rineke Dijkstra,…) y artistas de todos los tiempos (Mary Cassat, Lee Kassner, Nancy Spero, Angelica Kauffmann, Berthe Morisot,…).
La soledad
La exposición empieza en las salas del Museo Thyssen‐ Bornemisza con una sección dedicada a la primera condición de la heroína: la soledad.
Este primer capítulo presenta a mujeres solas, comenzando por las imágenes modernas de heroínas antiguas como Penélope e Ifigenia.
En su espera y su nostalgia, actitudes aparentemente pasivas, hay un germen de autonomía e incluso de resistencia.
Las heroínas modernas de la soledad, por otra parte, ya no se identifican con Penélope, sino con Ulises; no esperan al héroe ausente, sino que se convierten en viajeras como él.
Campesinas, cariátides
Toda una tradición de la pintura del siglo XIX se centra en la épica de la campesina.
El capítulo segundo está dedicado a segadoras y espigadoras, aguadoras y lavanderas, mujeres robustas y monumentales que sostienen como cariátides la arquitectura de la familia y de la sociedad.
La retórica de estas imágenes tiene un valor ambiguo: por una parte celebran a la mujer trabajadora, pero exaltando al mismo tiempo su servidumbre como un destino natural y eterno.
Hijas de la Tierra y atadas a ella para siempre, las campesinas-cariátides son heroínas encadenadas.
Ménades y bacantes
La bacante aparece a veces en la pintura como un juguete erótico-ecorativo creado para el deleite del voyeur.
Pero detrás de este papel acecha la terrible violencia de las ménades mitológicas, dotadas de superpoderes: capaces de arrancar con sus manos un gran árbol o despedazar un toro (o un hombre).
La ménade furiosa, destructora de hombres y rebelde al orden patriarcal, que fascinó a algunos artistas del siglo XIX, es un típico ejemplo de imagen recuperada por las artistas contemporáneas como fuente de “empoderamiento”.
Cazadoras y atletas
Como Ártemis y sus ninfas, la mortal Atalanta rechaza el culto de Afrodita y destacaba en los ejercicios supuestamente masculinos: la caza, la lucha cuerpo a cuerpo, la carrera.
La figura de Atalanta encierra una amenaza potencial contra los roles de género que ha sido desactivada una u otra vez, desde el propio Ovidio hasta las interpretaciones pictóricas del mito.
En la pintura victoriana, no obstante, la iconografía de cazadoras y atletas antiguas será rescatada para imaginar la emancipación del cuerpo femenino y el derecho al deporte como precursor en la conquista de otros derechos sociales y políticos.
Vírgenes acorazadas y El retorno de las amazonas
La primera parte de la exposición culmina en la imagen de la mujer guerrera.
En primer lugar, las vírgenes guerreras, doncellas acorazadas según el prototipo de Juana de Arco.
La armadura permite a la mujer travestirse para ejercer una actividad típicamente masculina, pero al mismo tiempo es una metáfora eficaz de la virginidad.
Por otro lado, en el arte del final del siglo XIX, en artistas tan diversos como Edgar Degas y Franz von Stuck, las guerreras se despojan de la coraza, regresando a la imagen original de las antiguas amazonas y acercándose, al mismo tiempo, a las reivindicaciones feministas que hacen eclosión en esa época.













































































