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Del 6 febrero al 20 de mayo de 2007, el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid presentan una nueva exposición conjunta que, con el título El Espejo y la máscara. El retrato en el siglo de Picasso, aborda por primera vez el estudio de este género en el arte del siglo XX.
Considerado uno de los géneros “clásicos” por excelencia, el retrato ocupa sin embargo un lugar muy destacado en la obra de muchos de los artistas más importantes e influyentes tanto de las primeras vanguardias como de los diferentes movimientos de la modernidad. La exposición está organizada conjuntamente con el Kimbell Art Museum de Forth Worth (Texas), donde podrá visitarse del 17 de junio al 16 de septiembre de 2007.
Colecciones particulares, museos y fundaciones de todo el mundo han prestado los cuadros -y también algunas esculturas- que forman parte de este importante proyecto y que reúne 145 retratos de hasta 60 artistas diferentes, entre los que se encuentran todos los grandes nombres del arte moderno: Cézanne, Picasso, Van Gogh, Gauguin, Matisse, Freud, Warhol, Miró, Dalí, Giacometti, Modigliani, Kirchner, Munch, Nolde, Kokoschka, Balthus, De Chirico, Bacon, Grosz, Hockney, Malevich, Rousseau, ...
El principal objetivo de la muestra es estudiar y dar a conocer las transformaciones del género del retrato a lo largo de la mayor parte del siglo pasado, en un marco cronológico en torno a los años de actividad del gran retratista del siglo XX: Pablo Picasso. Tras haber permanecido prácticamente inalterado durante siglos, el retrato rompe por primera vez con el compromiso entre el modelo y su imagen para ofrecer nuevas formas alternativas en función de la mirada personal del artista, de la aplicación y experimentación de los nuevos lenguajes plásticos, y de la transformación del individuo moderno, de los cambios en la forma de entender, mirar y representar al ser humano. En el retrato contemporáneo es el signo personal del artista el que establece los nuevos códigos y, en consecuencia, el género se hace polivalente: puede acercarse a modelos tradicionales u oponerse a ellos, puede penetrar identidades o falsificarlas, puede crear estereotipos pero también desvelar la fragilidad y vulnerabilidad del personaje representado.
El retrato es, además, uno de los géneros mejor representados en las colecciones del Museo, incluyendo también buenos ejemplos en el arte del siglo XX; este género ha protagonizado igualmente algunos de los proyectos expositivos llevados a cabo en los últimos años (Rafael, Memling, Kokoschka,..) o importantes capítulos dentro de ellos (Brücke, Mimesis, Forma, Sargent/Sorolla,...), por lo que esta exposición viene no sólo a enriquecer la visión de la evolución del género en los fondos del Museo, sino que enlaza perfectamente con la línea expositiva y de investigación llevada a cabo hasta el momento.
El Espejo y la máscara. El retrato en el siglo de Picasso
El recorrido de la muestra se plantea como una suma de criterios cronológicos y temáticos; desde el cambio del siglo XIX al XX, con un primer capítulo dedicado a la revisión del género a partir de los modelos establecidos por Cézanne, Gauguin y Van Gogh, para continuar con un completo repaso de los nuevos planteamientos estéticos del retrato en la modernidad, y concluir alrededor de los años 1980, un momento de recapitulación a través de la versatilidad del lenguaje pictórico contemporáneo.
“Desde el periodo de juventud de Stalin y Picasso –escribe William Feaver en el catálogo de la exposición–, la época de la proliferación de la imagen ha visto cómo la fotografía ha confirmado cada vez más las ideas de fama y celebridad. Finalmente, el retrato icónico de estudio se ha convertido, hasta un grado sin precedentes, en el rostro humano de la marca global. Stalin en su día, Mao y Marilyn en los suyos, y también los artistas, desde Picasso a Warhol, se han convertido en la representación de la autoridad última, el glamour, el genio o cualquier otra cosa. Serigrafiados, también pintados, abaratados por el pirateo de camisetas o estampados y caricaturizados, cada uno en su pose inventada característica, han servido como ilustres modelos, en las alturas y a la vez tan familiares. Al mismo tiempo, la pintura de retrato por encargo ha permanecido, en su mayoría, como un lugar común. Las exigencias de los clientes –un parecido agradable, una apariencia digna– han impuesto el conformismo; el motivo que respalda el género es, como se lamenta lord Byron en Don Juan, ‘cuando el original se haya convertido en polvo, tener un nombre, un mal retrato o un busto todavía peor’. Esto, por supuesto, incita a reinventar. En la época de Picasso, la historia del retrato verdadero -el retrato que da vida- es la del reclamo. Los formatos del retrato -cabeza y hombros, de medio cuerpo o de cuerpo entero- han permanecido más o menos invariables e ineludibles, y se ha tendido a acentuar la individualidad del estilo o manera con absoluta ambición".
"La alternativa más notable a Picasso en el París posterior a la Segunda Guerra Mundial –añade Feaver– fue Giacometti que, en su estudio de la rue Hippolyte-Mandroin, trataba a sus escasos modelos como rarezas, que posaban como si estuvieran sujetos por los tirantes que utilizaban los primeros fotógrafos para asegurarse de que el modelo se estuviera quieto, rígido. Si Picasso trataba a sus modelos como flores que se hubieran arrancando para colocarlas en un florero, Giacometti creaba un espacio a su alrededor, dislocando la escala y comprimiendo sus rasgos. Sus cuadros representan, en efecto, situaciones escultóricas. El espectador se ve empujado a atravesar el bastidor, hasta una proximidad casi magnética. Esto también ocurre con los retratos en escultura pues, aunque en principio no parezcan más que armazones frugalmente endurecidos, consiguen mantenerse en pie, como almas conservadas, como un triunfo de tensiones, delicadamente animados”.
Recorrido de la exposición
Museo Thyssen-Bornemisza
Ante el espejo
Arranca la exposición con dos de los pioneros del retrato moderno -Gauguin y Van Gogh-, los primeros que hicieron una verdadera reflexión sobre el género, retratándose principalmente a sí mismos. El autorretrato permitía al artista experimentar -en la soledad de su estudio, frente al espejo o utilizando la fotografía-, nuevas técnicas y lenguajes artísticos. Se incluyen también algunos autorretratos de Picasso o Munch.
Gesto y expresión
La necesidad de representar la psicología del retratado motivó un cambio radical en la expresión visual del retrato, acentuando aún más la importancia del gesto, la postura y la actitud o el movimiento del personaje representado como forma de comunicar un mensaje o un sentimiento. Los máximos representantes de este nuevo lenguaje los encontramos en la Viena de principios del siglo XX: Kokoschka, Schiele o Klimt.
Colores modernos
Siguiendo la estela de Van Gogh, los jóvenes expresionistas como Kirchner y Jawlensky, o los pintores fauves, como Matisse, Vlaminck o Miró, empezaron a otorgar un nuevo valor a la fuerza del color como medio para dotar al retrato de un aura simbólica, que elevaba al individuo a la categoría de “tipo”.
Máscaras de lo primitivo
Los retratos de Madame Cézanne, en los que el ser humano era despojado de la mirada, del habla y de toda elocuencia expresiva para convertirse en un auténtico monumento de piedra, junto a la influencia del arte primitivo, sirvieron igualmente de modelo a Matisse y Derain, pero también a artistas como Modigliani o Picasso, quien realmente acabó sustituyendo los rasgos individuales de la cara por una máscara de facciones abstractas, abriendo así definitivamente el camino hacia la consolidación del retrato moderno.
El espejo roto
Durante su etapa cubista Picasso y, detrás de él, otros artistas de la estela del cubismo -Braque, Gris, Severini-, sometieron a sus personajes a la fragmentación formal, aunque manteniendo la disposición vertical y la colocación de la figura propias de la composición del retrato convencional. Es un ejemplo más de cómo los nuevos lenguajes artísticos de las vanguardias se van imponiendo al compromiso figurativo del retrato, y relegan a un segundo plano la identidad de los retratados, situándose ya a un paso de la abstracción.
Retrato de la sociedad
Tras la I Guerra Mundial, muchos artistas que habían participado en los grupos de vanguardia se proponen una vuelta a la figuración, que significó no sólo la recuperación de la imagen del retratado, sino también de ciertas convenciones del género que habían sido eliminadas. Así lo muestran los numerosos retratos realizados en el período de entreguerras, de nuevo muy particularmente, por Picasso; pero este retorno a un cierto clasicismo en el género lo vemos también en la obra de Matisse, Dalí o Lipchitz. En esos mismos años, otro grupo de artistas -Grosz, Beckmann, Dix, Schad, Balthus o Freud- trabajan el género recuperando la figuración y también el concepto de retrato de encargo, pero lo hacen con un nuevo enfoque: mostrar una imagen de la sociedad moderna a través de poses acordes con la inestabilidad de los tiempos.
Sueño y pesadilla
Los retratos simbólicos de Miró, Dalí, De Chirico o Frida Kahlo, son auténticas metáforas de los personajes; en ellos, las imágenes y las identidades de los sujetos reales se transforman, se disuelven y toman una nueva forma bajo la nueva doctrina de la imagen críptica del surrealismo. Este apartado incluye también algunos autorretratos de Käthe Kollwitz y Felix Nussbaum, en los que se refleja la pesadilla vivida ante la amenaza del nazismo.
Fundación Caja Madrid:
Identidades metafóricas
El recorrido por las salas de la Fundación Caja Madrid comienza con un capítulo protagonizado por un importante conjunto de retratos realizados por Picasso -también alguna escultura- en los años centrales del siglo XX; junto a ellos, obras de Dubuffet, Giacometti o Antonio Saura que muestran distintas formas de interpretar el retrato mediante la distorsión de las figuras. A través de una profunda metamorfosis del cuerpo y del rostro, Francis Bacon representó plásticamente la alienación del hombre contemporáneo, su vulnerabilidad. En este apartado, las deformaciones carnales a las que Bacon somete a sus personajes se ponen también en relación con los retratos de artistas como Auerbach o Kossoff.
Arcilla humana
Los retratos de Lucian Freud y Stanley Spencer muestran su interés por la representación de la soledad de la existencia humana a través de un mismo motivo: la desnudez del retratado. Para Freud la carne es el elemento que materializa y define el retrato: “Quiero que la pintura funcione como si fuera carne para que mis retratos sean realmente de una determinada persona y no parecidos a ella”. Se incluyen también en este capítulo algunos retratos de Avigdor Arikha y de Antonio López, dos artistas igualmente interesados en la representación objetiva del cuerpo humano.
Instantáneas: Hockney/Kitaj - Sombras: Warhol
En el último tercio del siglo XX asistimos a una reinterpretación del retrato como consecuencia de la recapitulación y replanteamiento del género que realizan algunos artistas desde la versatilidad de los lenguajes pictóricos contemporáneos: David Hockney, Ronald B. Kitaj o Andy Warhol, muestran en sus retratos algunos de los mejores ejemplos de esta evolución y diversidad, cerrando con su estilo inconfundible el recorrido de la exposición.
Ficha de la exposición
Título: El espejo y la máscara. El retrato en el siglo de Picasso
Fechas: Madrid – Museo Thyssen-Bornemisza y Fundación Caja Madrid: del 6 de febrero al 20 de mayo de 2007
Forth Worth (Texas) – Kimbell Art Museum: del 17 de junio al 16 de septiembre de 2007
Organizadores: Museo Thyssen-Bornemisza, Fundación Caja Madrid y Kimbell Art Museum
Número de obras: Total 180 obras (Madrid – 145; Forth Worth – 100)
Comisarios: Paloma Alarcó, conservadora de Pintura Moderna del Museo Thyssen-Bornemisza y Malcolm Warner, Senior Curator del Kimbell Art Museum
Audio guía: disponible en español, inglés y francés
Publicaciones: Catálogo (con ensayos de los dos comisarios y de Francisco Calvo Serraller, John Klein y William Feaver; editado en español e inglés) y guía didáctica
Página web: español e inglés
Ciclo de conferencias: El retrato en el siglo de Picasso. Del 7 de marzo al 9 de mayo de 2007.
Director: Francisco Calvo Serraller
Museo Thyssen-Bornemisza. Paseo del Prado 8, 28014 Madrid.
Horarios y tarifas: de martes a domingo de 10.00 a 19.00 horas. La taquilla cierra a las 18:30h.
Exposición temporal: 5 € (Reducida: 3,50 € para estudiantes y mayores de 65 años).
Exposición temporal + Colección permanente: 9 € (Reducida: 5 € para estudiantes y mayores de 65 años previa acreditación).
Venta anticipada de entradas a través de la web del Museo y en el 902 400 222
Más información: 91 369 01 51 y www.museothyssen.org
Fundación Caja Madrid. Plaza de San Martín, 1, 28013 Madrid
Horario: de martes a domingo de 10.00 a 20.00 horas
Entrada libre
Más información: 902 246 810 y www.fundacioncajamadrid.org
Copyright del texto y las imágenes © Museo Thyssen-Bornemisza y Fundación Caja Madrid. Cortesía del Departamento de Prensa del Museo Thyssen-Bornemisza. Reservados todos los derechos.
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